Nozomu estaba emocionado, lo cual no era extraño en él, había preparado su bandolera con una linterna porque el bosque a esas horas era muy oscuro y además le había pedido a su padre que le prestase su antiguo telescopio. Aparte llevaba lo de siempre en su bolsa, cosas que no pueden faltar. Su amigo había estado raro todo el día así que intentaría alegrarle un poco enseñándole las estrellas que tanto le gustaban. Se colocó su bolso verde oliva y la funda del telescopio y se dispuso a bajar las escaleras. En la puerta de la casa ya estaba Nao esperándole sujeto al perrillo por una fina correa azul, Lenteja también iba. Mihoshi, por su parte, había discutido con su hermano porque a ella no le dejaba ir con ellos.
En cuanto el rubio estuvo listo salieron de la casa, para entrar en el bosque tenían que atravesar una puerta de madera que les conducía al rincón secreto de Nozomu. Nao seguía a Nozomu que se guiaba por su linterna en silencio. Seguía algo aturdido por todo, tenía la sensación de que alguien le perseguía, la había tenido toda la mañana y en ese bosque y para colmo a oscuras aquella impresión se multiplicaba.
-Mira Nao ya estamos apunto de llegar. -dijo Nozomu intentando mantener una conversación por el camino.
-Ajá… -contestó sin ninguna gana.
-¿Sigues pensando en la pesadilla? -preguntó el rubio en tono preocupado.
-No me la quito de la cabeza. Es extra…
-¡Aquí es! -interrumpió el menos dando una pequeña carrerilla hasta un pequeño precipicio sentándose en la hierba. Nao resignado, solo guardó silencio y se acomodó a su lado con un largo suspiro. -¿A que es bonito?
-Sí… -respondió en un susurro viendo el paisaje. Desde allí se podían ver las montañas iluminadas por la luna perfilándolas como si tuviesen un aura a su alrededor. Alguna lucecilla esporádica se iluminaba señalando que en ese lugar había una casa con alguien que no podía dormir en su interior. Y sobre ellos una incontable marea de estrellas.
-¿Cuántas crees que hay? -pensó Nozomu.
-Quiero recordar que alguna vez leí que haciendo un calculo medianamente aproximado se dedujo que habría unos trescientos mil trillones de ellas.
-¡¿Tantas?!
-Sí, aunque nadie lo sabe realmente. Es algo imposible de saber.
-Nao, ¿tú crees que existan los extraterrestres?
-Claro. -contestó con toda naturalidad. -Suponiendo que la mitad de esas estrellas tuviesen un sistema planetario y que de esos la mitad tuviese un planeta con las condiciones necesarias para la vida como la tierra… Tú calcula cuantos planetas son esos…
-Un montón. ¿Pero entonces por qué no sabemos nada de ellos?
-Si son inteligentes no se acercarán a nosotros. Los seres humanos solo querríamos invadirlos.
-Puede ser. Nao, eres muy listo.
-No tanto… Como no fui a clase con normalidad intentaba aprender a base de los libros de la biblioteca. No me gustaba que la gente te pensase que soy tonto solo porque estoy enfermo.
-¿La gente te llamaba tonto?
-Algunos niños de los colegios a los que iba antes de ser oficialmente “un peligro”. La gente suele confundir enfermedad mental con retraso mental.
-Pues los tontos son ellos. Porque ni tú, ni Amai, ni nadie del hospital es tonto.
-Pero no todo el mundo es como tú, Nozomu.
-¿A qué te refieres?
-A que hay una cosa que se llama prejuicios, tú no pareces saber de su existencia.
-¡Claro que lo sé! Recuerda que yo también los he sufrido.
-Lo sé. Tal vez por eso tú parezcas no tener. -le dijo poniéndole la mano en la cabeza para revolverle el pelo como si fuese su hermano pequeño. -O simplemente eres un insensato…
-Huy… No hagas eso que se me cae el pelo.
-Si comieses no te ocurriría eso.
-¡Eh! No empieces tú también.
-Pero si es la pura verdad.
-Puede que lo sea, ¡pero tú eres mi amigo deberías estar de mi lado!
-¿Y no lo estoy? -Nozomu no contestó verbalmente solo se limitó a girar la cabeza enérgicamente en una negación. -Lo que tu digas… Eres un cabezota y no vas a entrar en razón.
Se hizo el silencio, cuando se llegaba a esos temas siempre se hacía, A Nozomu no le gustaba que le acusaran de ser anoréxico, porque él estaba convencido de que no lo era. Nozomu no podía pensar de un modo tan maduro como Nao y admitir que estaba enfermo y que necesitaba ayuda, mucha ayuda. Pero algo en su interior lo sabía, sabía que esas cosas que le ocurrían no eran normales, que a ningún chico de su edad se le caía el pelo, ni pasaba frío en verano, ni tenía la piel tan seca, ni las uñas azuladas, ni muchas otras cosas. Pero eso no era nada comparado con que ningún otro chico de su edad estaba tan sumamente gordo como él. Prefería estar calvo, congelado, seco y azul antes que gordo como una foca, como él se veía, la foca Nozomu, ya se pondría una peluca si acaso. Además como tenía el pelo corto por su propio peso no caía mucho. Miro a Nao. Él era muy guapo, estaba muy delgado, tenía un pelo castaño muy bonito y no le hacía falta esforzarse para estar así. ¡Qué suerte tenía!
-Nao, tú sabes muchas cosas de mi pero a mi no me cuentas cosas de ti. -hablo cambiando de tema.
-¿Cosas como que?
-Cosas como quien es Noa… o Tsuke… -contestó tímidamente.
-¿Quieres saberlo?
-Sí.
-Si te lo cuento, me prometes que no se lo vas a decir a nadie.
-Lo prometo.
-Ni siquiera a las psicólogas.
-No lo haré.
-Y que comerás bien.
-¡Eso ya son dos peticiones!
-Pues no te lo cuento.
-Vale… Lo prometo.
-Bien. Pues Noa es una voz que vive en mi cabeza, solo yo puedo escucharlo.
-¿Una voz? ¿Cómo un amigo imaginario?
-Algo más complicado que eso… Yo no puedo controlar cuando aparece o no, es casi como una persona. Tiene una personalidad propia que no puedo controlar.
-¿De veras? Eso suena raro.
-Lo sé, apareció para que no me sintiese solo. Pero ahora cree que ya no le necesito y se ha vuelto muy rebelde. Por eso a veces hablo solo, si no le contesto se enfada mucho, no puedo rechistarle, se parece demasiado al otro Noa.
-¿Otro?
-Sí, en realidad ha habido tres Noas distintos. Uno es la voz. ¿Recuerdas la pesadilla de anoche?
-Claro.
-Pues el que aparecía era otro de ellos.
-Qué complicado…
-Bastante, imagínate el jaleo que tengo en mi cabeza.
-Pobrecillo…
-No necesito compasión.
-No es compasión, eres mi amigo, mi mejor amigo, me preocupo por ti, solo es eso.
-Lo dices por quedar bien. Sé que ahora piensas que soy un bicho muy raro.
-¡Eso no es verdad! No eres un bicho raro, yo quiero ayudarte porque debes de pasarlo muy mal. Pero no sé que hacer… Desde el día que por mi culpa te quedaste petrificado por la medicación he intentado ayudar pero no se que es lo que tengo que hacer que te sea útil. -habló nervioso con cara ofendida.
-No… Nozomu… -balbuceó Nao sorprendido por la respuesta de su amigo parpadeando varias veces poniendo una expresión bastante curiosa. -Muchas gracias.
-Ya… pero sigo sin poder hacer nada.
-Y no hace falta que lo hagas… haces más de lo que te imaginas. -musitó volviendo a menearle la cabeza.
-¡Que no hagas eso!
-Vale, vale, no lo hago más.
-¿Y de Tsuke no me vas a contar nada?
“No lo hagas Nao.” interrumpió Noa.
-Bueno, lo de Tsuke es todavía más difícil de entender. -contestó el castaño intentando esquivar la pregunta.
-Da igual, podré entenderlo.
“¡No! ¡Nao! ¡Sabes que lo tienes prohibido!”
-Lo sé… -contestó a su voz.
-Yo no soy tan tonto como a veces parece. ¡Anda háblame de él!
“¡Ni se te ocurra Nao!” insistió Noa. “¡Está aquí!”
-¡No puede ser! ¡¿Dónde?! -chilló nervioso girando la cabeza a todas las direcciones posibles intentando encontrarle.
Nao sentía como su cabeza comenzaba a dar vueltas y la visión se le nublaba. Se comenzaba a marear y no solo por los giros que daba con el cuello, los nervios se le subían a la cabeza. Ya respiraba con ansiedad por las palabras que había dicho Noa y un sudor frío corría por su espalda. ¿Era posible que Tsuke estuviese allí? ¡No era posible! Estaba en el pueblo de Nozomu, a muchos kilómetros del hospital, no podía haberle seguido hasta allí. De pronto en uno de estos bruscos movimientos la cabeza de Nao paró en seco como si hubiese chocado con algo invisible. ¡Estaba allí, enfrente suyo! Mirándole fijamente, con su sonrisa maniaca y sus ojos escarlata brillando en la oscuridad. Con su piel pálida como un espectro y su pelo negro enmarañado. ¡Estaba allí! Era imposible pero lo estaba.
Nozomu estaba algo asustado, Nao había empezado a balbucear cosas sin sentido semántico y a moverse casi a espasmos. Los ojos parecían querer salirse de sus orbitas y temblaba como si su cuerpo tuviese un terremoto dentro. El rubio miró a la misma dirección que su amigo, pero no vio lo que tanto aterrorizaba a Nao. ¡No había nada allí! Pero estaba claro que Nao podía ver algo.
-Nao… tranquilo. No hay nada, nada malo. -susurró intentando calmarlo mientras acercaba su delgada mano al rostro de Nao.
-¡No me toques! -chilló con todas sus fuerzas apartando su mano de un golpe con la suya.
-Nao, soy yo, soy Nozomu… -volvió a hablar intentando mantener la calma.
-¡Déjame! ¡Vete, Tsuke!
-¿Tsuke? Nao, no hay nadie… Calma.
Pero eso para Nao era imposible lo único que veía era a Tsuke con los ojos clavados en él. Solo escuchaba su voz susurrando demasiado cerca de su oído, incluso era capaz de oler el perfume barato que usaba en cantidades exageradas y que siempre le asfixiaba. Su cuerpo parecía querer moverse solo y él no pretendía impedírselo. Nao echó a correr como si su vida dependiese de ello, y para él era así. Nozomu le intentaba seguir, pero Nao era demasiado rápido para el delicado rubio. Cuando parecía alcanzarlo Nao aumentaba la velocidad hacía ningún lugar. Solo quería escapar, escapar del que él creía que era Tsuke, quería escapar del Dolor. Pero Nozomu le agarró de la muñeca y como Nao era notablemente más fuerte que él más que pararle lo que hizo es que ambos cayesen a la hierba. Nozomu se quedó sentado ahorcajadas sobre su aterrorizado amigo intentando que no se escapase de nuevo.
-Por favor… No me hagas daño… Tsuke, te lo suplico… -pidió tapándose la cara con los brazos como si no quisiese ver lo que el hombre que él veía iba a hacer.
-Nao, no te preocupes yo no soy Tsuke. -repitió intentando apartar uno de sus brazos para estirarlo, le costó poco, Nao no oponía resistencia.
-No… no me volveré a escapar, no hablaré de ti a nadie, pero por favor no me hagas nada…
-No te voy a hacer nada malo. -hablo Nozomu a la par que sacaba de su bandolera una cajita de plástico trasparente en la que se veía una jeringuilla y un frasquito de cristal.
-Tsuke, no te enfades… No volveré a ser un niño malo. -lloró poniendo una voz de niño pequeño y sumiso que sorprendió a Nozomu.
Nozomu no habló más solo escuchaba las desesperadas súplicas de Nao. Puso cada pieza de la jeringuilla en su sitio y la llenó del calmante que había en el botecillo. Mientras el castaño giraba su rostro para no ver a su supuesto agresor. Nozomu introdujo la aguja en la piel del brazo de Nao expulsando el líquido de la inyección en la sangre de Nao.
-Ya está… Ya ha pasado todo, Nao. -pronunció al fin Nozomu girando con sus maños la cara del castaño para retirar la tierra que se había quedado pegada a su mejilla por las lágrimas.
-No… Nozomu… Tengo mucho sueño… -musitó con dificultad el mayor volviendo a notar como la visión se le nublaba y como los parpados se cerraban automáticamente.
-Mizuki me enseñó a usar los calmantes. No te preocupes, no es nada malo.
-Lo sé… -dijo rodeando de improviso el cuello del menor con sus brazos en un torpe y extraño abrazo.
-¿Nao?
-Gra… gracias… Nozomu… -finalizó quedando completamente sumido en un profundo y artificial sueño causado por el calmante.
-De nada. Me alegra poder ser útil.
Nozomu era caprichoso, egocéntrico e infantil, pero quería con todas sus fuerzas escuchar esas palabras, quería que alguien le agradeciera algo y que lo hiciese de verdad. Quería ser útil para alguien, ser importante para alguien. Que dejasen de verle como a un niño tonto que no sabe hacer nada bien él solo. Por eso cuando Mizuki le encargó ayudar a Nao en caso de que tuviese una alucinación no dudó ni un momento. Y no solo era por él, Nozomu quería de todo corazón ayudar a su amigo, Nao debía de sufrir más de lo que nunca se imaginaría. Con esas alucinaciones, esas voces… Quería ayudarle aunque fuese mínimamente, que confiase en él. El mundo de Nao le asustaba, no iba a negarlo, le asustaba y mucho. Pero aun así quería ser parte de él.
Nozomu Nozomi es un chico alegre y despreocupado, tanto que no es conciente de lo enfermo que está. Su obsesión por resultar perfecto a los ojos de los demás le a llevado a ser ingresado en un hospital de salud mental. Y Nao Kanou esá harto de estar encerrado en su jaula solo con una voz que le persige y con su pasado esperandole donde quiera que valla. Con estos datos... ¿Crees que todavia es posible desear la esperanza?
lunes, 11 de julio de 2011
miércoles, 29 de junio de 2011
19. Entre pesadillas.
“Nao, Nao… ¿Me escuchas, Nao?” Resonó una vocecilla infantil en su cabeza. Por mucho que la escuchara nunca se acostumbraba, cada vez que aparecía en medio de sus sueños por la espalda del castaño subía un escalofrío. “¿Por qué te has ido? Me has dejado solo, aquí, en la oscuridad. ¿Es que acaso ya no me quieres? Yo te sigo queriendo, quiero que estés conmigo, conmigo para siempre.” En medio de las sombras se dibujó una figura que no sobre pasaba ni el metro treinta, ni los once años de edad. En el claroscuro que formaba la brillante aura que parecía rodear al niño se veían unos cabellos color café que caían pesadamente casi rozando sus finos hombros y que enmarcaban la carita redonda de la pequeña visión. “¿Ya te has olvidado de mi? ¿Ya no me quieres?” Cuestionó clavándole a Nao sus tremendos ojos negros, más negros la oscuridad que les rodeaba y brillantes las lágrimas que los cubrían.
-No… no es cierto. Yo no te he olvidado. -murmuró entre sueños el castaño.
“Yo te sigo queriendo, quiero que estemos juntos, como antes. Pero tú no deseas lo mismo. Te has olvidado de todo lo que pasamos.” Volvió a hablar lo que parecía una miniatura de si mismo. Nao podía notar como el tono de sus palabras iba cambiando poco a poco haciendose más frías sílaba a sílaba. “¡Me has sustituido! ¡Yo antes era tu estrella! ¡Tu única estrella!” Le gritó amargamente casi rozando la furia. El pequeño con cada palabra que pronunciaba parecía ir trasformándose, al igual que su voz, la piel iba cambiando como si se tratase de un camaleón, se tornaba amarillenta y enfermiza. Mientras que una lágrima que logró escaparse de los ojos del niño era de un intenso color rojo que tiñó su mejilla a su paso. “¡Nunca necesitamos a nadie! Yo te cuidaba de el Dolor y tú me cuidabas a mi. Pero te has olvidado. Ya no recuerdas de la infinidad de veces que dejé que me doliese a mi solo para que a ti no te pasase nada.”
-¡Yo no quería! ¡Perdóname!
“Nao, ¿estás mal?” sonó una tercera voz en el sueño que ocasionó que al castaño comenzase a dolerle la cabeza. “No te vas a librar del Dolor, te va a perseguir a donde quiera que vallas.” “¡Nao, Nao, tranquilo!” “Aunque quieras, aunque no puedas más, ni la vida, ni la Muerte va hacer que te liberes.” “¡Nao!” “Nao, estás maldito. Lo sabes, no puedes escapar de mi, ni de él. Dolor y Muerte siempre van del la mano.”
-¡Dejadme en paz!
“Mírate.” volvió ha hablar el niño con los ojos casi fuera de sus orbitas y una sonrisa maniaca dibujada en el que antes era su dulce rostro. “Te estás convirtiendo en mi. Eres como yo.” Le amenazó agarrándolo del pelo para agacharlo hasta que quedase a su altura. Nao no podía mirarlo a los ojos por lo que desvió su campo de visión al suelo asustándose más aun al comprobar que en sus rodillas caían gotitas del mismo color que las lágrimas del niño. Atónito se pasó la yema de los dedos por la mejilla retirando de su cara ese líquido escarlata que ahora también salía de sus ojos. “Vas a estar conmigo para siempre, para toda la eternidad. Quieras o no quieras.”
-No… ¡No puede ser! ¡No quiero morirme! ¡No aun, no así!
“Lo mismo dije yo y tú no tuviste ningún reparo en abandonarme. Pero yo no voy a dejarte ir, ni yo ni él te dejaremos que nos vuelvas a olvidar.” “Nao, despierta” “Nao Kanou. ¡Que nombre más ridículo!” “Nao” “Nao…” “¡Nao!”
Nao finalmente se despertó. Se incorporó tan rápido y agitado que ni siquiera se percató de que su frente había ido a golpear fuertemente con la nariz respingona de Nozomu hasta que este se quejó.
-Jopeta Nao… que daño, eres un bruto.
El aludido no le contestó solo desvió un poco la mirada hacía él que estaba sentado de rodillas junto a su futón. Todavía respiraba como si acabase de salir de un ahogamiento seguro, sus cabellos se le pegaban a la cara por el sudor y las lágrimas, esta vez incoloras, que la pesadilla le había causado. Casi con ansiedad comprobó que las gotas de agua eran totalmente normales respirando aliviado al verlas transparentes.
-¿Has tenido una pesadilla? -preguntó el rubio aunque la respuesta era algo obvia.
-Sí. -contestó casi imperceptiblemente.
-Ha tenido que ser muy mala para que estés así. Gritabas y te movías mucho.
-Tú, eras la voz. -volvió a decir en ese susurro como si no quisiera que le escuchase.
-¿Qué voz?
-La que me decía que me calmase, eras tú, era tu voz.
-Pues claro, he estado media hora intentando despertarte. Normal que me escuchases.
-He soñado con él… otra vez. Pero no era como siempre.
-¿Quién es él?
-¿Por qué? Hacía años que no se aparecía así en mis pesadillas, antes solo era una voz, pero hoy ha aparecido.
-¿Pero de que hablas?
-No, no entiendo nada de lo que me está pasando.
-¡Nao!
-¡¿Qué?!
-¡Hazme caso! Que te estoy hablando…
-Ya, lo siento estoy un poco aturdido. Creo que voy a darme una ducha ver si me despejo un poco.
-Vale, te espero abajo.
Antes de acabar la frase Nozomu, empezaba a caminar escalón a escalón con le energía propia en él. Cuando llegó a la planta baja se encontró con su madre que llevaba unas sábanas blancas húmedas que quería ir a tender.
-¿No se ha despertado todavía tu hermana? -le preguntó mirando por las escaleras a la planta superior.
-No, seguro que ayer no se durmió hasta las mil.
-Valla… Tenía que pedirle que me hiciese unos recados en el pueblo de al lado.
-Puedo ir yo.
-¿Tú Nozomu? Pero es en el pueblo de al lado.
-Da igual, mamá, yo voy.
-Pero al menos espera a que baje Nao.
-¡Mamá! Que ya tengo diecisiete años, no soy un crío.
-Pero…
-¡Ni peros ni peras! Tampoco está tan lejos, no me van a secuestrar ni a violar, se cuidarme.
-Bueno, como quieras. ¿Sabes por donde es?
-¡Que sí mamá!
-Vale… Tienes que ir a llevarle este paquete al primo de la abuela, ya sabes… -le explicó mientras le daba al joven una caja envuelta en un pañuelo azul.
-Yo iré. Díselo a Nao cuando acabe de ducharse.
Antes de que su madre pudiese o no pronunciar palabra el joven había salido por la puerta. Nozomu caminaba a paso ligero, al ritmo de la música que escuchaba a través de su reproductor, pero no por mucho tiempo ya que enseguida se sentía cansado. Pero tenía que hacerlo muy bien. Se había propuesto hacerlo bien, sin entretenerse, sin perderse y sin caer a ningún río. A él siempre le trataban como si fuese un niño pequeño que no sabe atarse los cordones solo. Todo el mundo se comportaba con él del mismo modo y cosas como que se cayese a un río no ayudaban mucho a demostrar que ya era casi un adulto, que dentro de un año podría casarse, que en tres ya podría beber, conducir o votar. Pero claro como era el pequeño, como siempre sería el pequeño, nadie se percataba de que él también crecía y podía tener responsabilidades, de hecho durante esos días le había sido encomendada una de las misiones más importantes de su vida, mucho más que llevar un paquete al pueblo de al lado.
Nao todavía seguía algo aturdido por la pesadilla que acababa de tener. Hacía años, seis años que no soñaba con él, si tenía que salir en su subconsciente solo escuchaba su vocecilla, como la que tuvo el día que discutió con Nozomu por las grullas rotas, solo que en esa ocasión no había sido tan horrible. En esta el niño idéntico a él había dejado de ser normal, para convertirse en lo que más podía llegar a aterrorizar al castaño. Él era la Muerte. Si la Muerte había aparecido en su sueño no podía ser una buena señal.
-Noa… -habló no para si mismos no para la voz que habitaba en su cabeza, estando sentado encima del futón que le habían prestado para que durmiese.
“Valla… ¿Ya te dignas a dirigirme la palabra?” resonó irónico en su cerebro. “Creía que ya te habías olvidado de mi. Como resulta que ahora tienes tantos amigos…”
-Deja de decir tonterías como si estuvieses celoso. Es muy molesto.
“¡Ah! ¡Claro! ¡El crío ese se pone celoso de su hermana y es simpático, pero me pongo celoso yo y soy molesto!”
-Hoy no estamos muy contentos.
“No, soy un mal humorado como tú. Al fin de al cabo soy parte de ti, es normal que nos parezcamos.”
-Nosotros no nos parecemos en nada.
“Más de lo que a ti te gustaría.”
-Esa no es la cuestión.
“Estás asustado por la pesadilla de esta noche.”
-Un poco… Hacía mucho que no soñaba… contigo.
“Yo no soy él, ni él es tu hermano. Los tres somos diferentes. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?”
-Lo sé. Pero me gustaría pensar que si lo eres. No la Muerte. Bueno tú ya me entiendes.
Fuera del cuarto de los chicos estaba Mihoshi. No es que ella fuese una cotilla como su hermano menor pero no podía haber evitado escuchar a Nao. Al principio le había parecidote hablaba con su hermano pero como no oía la voz chillona de Nozomu no podía estar ahí. Su segunda opción era que estuviese utilizando un teléfono móvil. Pero también era improbable. ¿Hablaba solo? ¿Nao estaba hablando él solo? Pero no era un modo normal de hablar solo, como cuando piensas en voz alta, si no que parecía totalmente una conversación, como si alguien le contestase. Alguien que solo él podía escuchar y que además tenía nombre. Noa. Tal vez Nozomu sabía de que iba el tema, le daba vergüenza preguntarle directamente a él. Puede que en el fondo fuese una cotilla como su hermano.
Ya había pasado hora y media desde que Nozomu dejó su casa. Ya se disponía a regresar puesto que acababa de realizar exitosamente su recado. Era poca cosa pero se sentía orgulloso de haberlo hecho bien. A ver si la gente dejaba poco a poco de tratarle como a un niño tonto que necesita ayuda para todo. No solo en esas minucias, si no para todas las demás, incluida la alimentación. Él no era un niño, pero su familia no lo entendía del todo. Sí él quería dejar de comer porque así se sentía mejor, pues no podían impedírselo, ya era lo suficientemente maduro como para saber lo que quería hacer. Además que conocía mejor que nadie su propio cuerpo. No estaba enfermo, si no ya se habría dado cuenta, el primero, porque para alo era su cuerpo. Pensando en todo esto acabó llegando a su casa, bueno a la de su abuela. Después de decirle a su madre repetidas veces que no se había perdido, se sentó a la mesa junto a su hermana.
-¿Dónde está Nao? -preguntó a su hermana que parecía leer una de esas revistas que tanto le gustan a las chicas de su edad.
-En vuestro cuarto, no ha salido de ahí en toda la mañana. Hoy está muy raro.
-Es que ha tenido una pesadilla muy fuerte. Cuando le pasa algo se pone así. Tú no le conoces tan bien como yo. -explicó el menor de los hermanos haciendo cierto énfasis en la última frase.
-Ya… Nozomu, ¿tú saber quien es Noa?
-¿Noa? Aveces le he escuchado decir ese nombre, pero a Nao no le gusta hablar de las cosas que le suceden. Por lo que no le he preguntado.
-¿No le has preguntado? Eso si que es raro. Con lo curioso que eres.
-Sí. Pero es que cada vez que le pregunto por ese tipo de cosas pone una cara muy seria y no contesta. Por eso dejé de preguntar.
-Valla, tan amigos que sois y no tenéis confianza el uno en el otro.
Mihoshi tenía razón, él era el amigo de Nao, o eso pensaba. Si estaba en lo cierto, si Nao le consideraba igualmente su mejor amigo, debería de decirle esas cosas. Para eso están los amigos. Nozomu nunca se reiría de él. Nozomu ya le había contado lo que le ocurrió en el instituto, que menos que Nao también le hablara de él mismo antes de entrar en el hospital. Llevaba meses intentando descubrir cosas como si de un detective se tratase, nunca lograba nada. No solo por saciar su curiosidad, si no por que Nao necesitaba quitarse ese peso de encima, estaba convencido de ello. Volvería a probar, a insistirle más. Quería conocer más a Nao Kanou.
-No… no es cierto. Yo no te he olvidado. -murmuró entre sueños el castaño.
“Yo te sigo queriendo, quiero que estemos juntos, como antes. Pero tú no deseas lo mismo. Te has olvidado de todo lo que pasamos.” Volvió a hablar lo que parecía una miniatura de si mismo. Nao podía notar como el tono de sus palabras iba cambiando poco a poco haciendose más frías sílaba a sílaba. “¡Me has sustituido! ¡Yo antes era tu estrella! ¡Tu única estrella!” Le gritó amargamente casi rozando la furia. El pequeño con cada palabra que pronunciaba parecía ir trasformándose, al igual que su voz, la piel iba cambiando como si se tratase de un camaleón, se tornaba amarillenta y enfermiza. Mientras que una lágrima que logró escaparse de los ojos del niño era de un intenso color rojo que tiñó su mejilla a su paso. “¡Nunca necesitamos a nadie! Yo te cuidaba de el Dolor y tú me cuidabas a mi. Pero te has olvidado. Ya no recuerdas de la infinidad de veces que dejé que me doliese a mi solo para que a ti no te pasase nada.”
-¡Yo no quería! ¡Perdóname!
“Nao, ¿estás mal?” sonó una tercera voz en el sueño que ocasionó que al castaño comenzase a dolerle la cabeza. “No te vas a librar del Dolor, te va a perseguir a donde quiera que vallas.” “¡Nao, Nao, tranquilo!” “Aunque quieras, aunque no puedas más, ni la vida, ni la Muerte va hacer que te liberes.” “¡Nao!” “Nao, estás maldito. Lo sabes, no puedes escapar de mi, ni de él. Dolor y Muerte siempre van del la mano.”
-¡Dejadme en paz!
“Mírate.” volvió ha hablar el niño con los ojos casi fuera de sus orbitas y una sonrisa maniaca dibujada en el que antes era su dulce rostro. “Te estás convirtiendo en mi. Eres como yo.” Le amenazó agarrándolo del pelo para agacharlo hasta que quedase a su altura. Nao no podía mirarlo a los ojos por lo que desvió su campo de visión al suelo asustándose más aun al comprobar que en sus rodillas caían gotitas del mismo color que las lágrimas del niño. Atónito se pasó la yema de los dedos por la mejilla retirando de su cara ese líquido escarlata que ahora también salía de sus ojos. “Vas a estar conmigo para siempre, para toda la eternidad. Quieras o no quieras.”
-No… ¡No puede ser! ¡No quiero morirme! ¡No aun, no así!
“Lo mismo dije yo y tú no tuviste ningún reparo en abandonarme. Pero yo no voy a dejarte ir, ni yo ni él te dejaremos que nos vuelvas a olvidar.” “Nao, despierta” “Nao Kanou. ¡Que nombre más ridículo!” “Nao” “Nao…” “¡Nao!”
Nao finalmente se despertó. Se incorporó tan rápido y agitado que ni siquiera se percató de que su frente había ido a golpear fuertemente con la nariz respingona de Nozomu hasta que este se quejó.
-Jopeta Nao… que daño, eres un bruto.
El aludido no le contestó solo desvió un poco la mirada hacía él que estaba sentado de rodillas junto a su futón. Todavía respiraba como si acabase de salir de un ahogamiento seguro, sus cabellos se le pegaban a la cara por el sudor y las lágrimas, esta vez incoloras, que la pesadilla le había causado. Casi con ansiedad comprobó que las gotas de agua eran totalmente normales respirando aliviado al verlas transparentes.
-¿Has tenido una pesadilla? -preguntó el rubio aunque la respuesta era algo obvia.
-Sí. -contestó casi imperceptiblemente.
-Ha tenido que ser muy mala para que estés así. Gritabas y te movías mucho.
-Tú, eras la voz. -volvió a decir en ese susurro como si no quisiera que le escuchase.
-¿Qué voz?
-La que me decía que me calmase, eras tú, era tu voz.
-Pues claro, he estado media hora intentando despertarte. Normal que me escuchases.
-He soñado con él… otra vez. Pero no era como siempre.
-¿Quién es él?
-¿Por qué? Hacía años que no se aparecía así en mis pesadillas, antes solo era una voz, pero hoy ha aparecido.
-¿Pero de que hablas?
-No, no entiendo nada de lo que me está pasando.
-¡Nao!
-¡¿Qué?!
-¡Hazme caso! Que te estoy hablando…
-Ya, lo siento estoy un poco aturdido. Creo que voy a darme una ducha ver si me despejo un poco.
-Vale, te espero abajo.
Antes de acabar la frase Nozomu, empezaba a caminar escalón a escalón con le energía propia en él. Cuando llegó a la planta baja se encontró con su madre que llevaba unas sábanas blancas húmedas que quería ir a tender.
-¿No se ha despertado todavía tu hermana? -le preguntó mirando por las escaleras a la planta superior.
-No, seguro que ayer no se durmió hasta las mil.
-Valla… Tenía que pedirle que me hiciese unos recados en el pueblo de al lado.
-Puedo ir yo.
-¿Tú Nozomu? Pero es en el pueblo de al lado.
-Da igual, mamá, yo voy.
-Pero al menos espera a que baje Nao.
-¡Mamá! Que ya tengo diecisiete años, no soy un crío.
-Pero…
-¡Ni peros ni peras! Tampoco está tan lejos, no me van a secuestrar ni a violar, se cuidarme.
-Bueno, como quieras. ¿Sabes por donde es?
-¡Que sí mamá!
-Vale… Tienes que ir a llevarle este paquete al primo de la abuela, ya sabes… -le explicó mientras le daba al joven una caja envuelta en un pañuelo azul.
-Yo iré. Díselo a Nao cuando acabe de ducharse.
Antes de que su madre pudiese o no pronunciar palabra el joven había salido por la puerta. Nozomu caminaba a paso ligero, al ritmo de la música que escuchaba a través de su reproductor, pero no por mucho tiempo ya que enseguida se sentía cansado. Pero tenía que hacerlo muy bien. Se había propuesto hacerlo bien, sin entretenerse, sin perderse y sin caer a ningún río. A él siempre le trataban como si fuese un niño pequeño que no sabe atarse los cordones solo. Todo el mundo se comportaba con él del mismo modo y cosas como que se cayese a un río no ayudaban mucho a demostrar que ya era casi un adulto, que dentro de un año podría casarse, que en tres ya podría beber, conducir o votar. Pero claro como era el pequeño, como siempre sería el pequeño, nadie se percataba de que él también crecía y podía tener responsabilidades, de hecho durante esos días le había sido encomendada una de las misiones más importantes de su vida, mucho más que llevar un paquete al pueblo de al lado.
Nao todavía seguía algo aturdido por la pesadilla que acababa de tener. Hacía años, seis años que no soñaba con él, si tenía que salir en su subconsciente solo escuchaba su vocecilla, como la que tuvo el día que discutió con Nozomu por las grullas rotas, solo que en esa ocasión no había sido tan horrible. En esta el niño idéntico a él había dejado de ser normal, para convertirse en lo que más podía llegar a aterrorizar al castaño. Él era la Muerte. Si la Muerte había aparecido en su sueño no podía ser una buena señal.
-Noa… -habló no para si mismos no para la voz que habitaba en su cabeza, estando sentado encima del futón que le habían prestado para que durmiese.
“Valla… ¿Ya te dignas a dirigirme la palabra?” resonó irónico en su cerebro. “Creía que ya te habías olvidado de mi. Como resulta que ahora tienes tantos amigos…”
-Deja de decir tonterías como si estuvieses celoso. Es muy molesto.
“¡Ah! ¡Claro! ¡El crío ese se pone celoso de su hermana y es simpático, pero me pongo celoso yo y soy molesto!”
-Hoy no estamos muy contentos.
“No, soy un mal humorado como tú. Al fin de al cabo soy parte de ti, es normal que nos parezcamos.”
-Nosotros no nos parecemos en nada.
“Más de lo que a ti te gustaría.”
-Esa no es la cuestión.
“Estás asustado por la pesadilla de esta noche.”
-Un poco… Hacía mucho que no soñaba… contigo.
“Yo no soy él, ni él es tu hermano. Los tres somos diferentes. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?”
-Lo sé. Pero me gustaría pensar que si lo eres. No la Muerte. Bueno tú ya me entiendes.
Fuera del cuarto de los chicos estaba Mihoshi. No es que ella fuese una cotilla como su hermano menor pero no podía haber evitado escuchar a Nao. Al principio le había parecidote hablaba con su hermano pero como no oía la voz chillona de Nozomu no podía estar ahí. Su segunda opción era que estuviese utilizando un teléfono móvil. Pero también era improbable. ¿Hablaba solo? ¿Nao estaba hablando él solo? Pero no era un modo normal de hablar solo, como cuando piensas en voz alta, si no que parecía totalmente una conversación, como si alguien le contestase. Alguien que solo él podía escuchar y que además tenía nombre. Noa. Tal vez Nozomu sabía de que iba el tema, le daba vergüenza preguntarle directamente a él. Puede que en el fondo fuese una cotilla como su hermano.
Ya había pasado hora y media desde que Nozomu dejó su casa. Ya se disponía a regresar puesto que acababa de realizar exitosamente su recado. Era poca cosa pero se sentía orgulloso de haberlo hecho bien. A ver si la gente dejaba poco a poco de tratarle como a un niño tonto que necesita ayuda para todo. No solo en esas minucias, si no para todas las demás, incluida la alimentación. Él no era un niño, pero su familia no lo entendía del todo. Sí él quería dejar de comer porque así se sentía mejor, pues no podían impedírselo, ya era lo suficientemente maduro como para saber lo que quería hacer. Además que conocía mejor que nadie su propio cuerpo. No estaba enfermo, si no ya se habría dado cuenta, el primero, porque para alo era su cuerpo. Pensando en todo esto acabó llegando a su casa, bueno a la de su abuela. Después de decirle a su madre repetidas veces que no se había perdido, se sentó a la mesa junto a su hermana.
-¿Dónde está Nao? -preguntó a su hermana que parecía leer una de esas revistas que tanto le gustan a las chicas de su edad.
-En vuestro cuarto, no ha salido de ahí en toda la mañana. Hoy está muy raro.
-Es que ha tenido una pesadilla muy fuerte. Cuando le pasa algo se pone así. Tú no le conoces tan bien como yo. -explicó el menor de los hermanos haciendo cierto énfasis en la última frase.
-Ya… Nozomu, ¿tú saber quien es Noa?
-¿Noa? Aveces le he escuchado decir ese nombre, pero a Nao no le gusta hablar de las cosas que le suceden. Por lo que no le he preguntado.
-¿No le has preguntado? Eso si que es raro. Con lo curioso que eres.
-Sí. Pero es que cada vez que le pregunto por ese tipo de cosas pone una cara muy seria y no contesta. Por eso dejé de preguntar.
-Valla, tan amigos que sois y no tenéis confianza el uno en el otro.
Mihoshi tenía razón, él era el amigo de Nao, o eso pensaba. Si estaba en lo cierto, si Nao le consideraba igualmente su mejor amigo, debería de decirle esas cosas. Para eso están los amigos. Nozomu nunca se reiría de él. Nozomu ya le había contado lo que le ocurrió en el instituto, que menos que Nao también le hablara de él mismo antes de entrar en el hospital. Llevaba meses intentando descubrir cosas como si de un detective se tratase, nunca lograba nada. No solo por saciar su curiosidad, si no por que Nao necesitaba quitarse ese peso de encima, estaba convencido de ello. Volvería a probar, a insistirle más. Quería conocer más a Nao Kanou.
viernes, 27 de mayo de 2011
18. Sobre el tejado.
En el valle ya estaba atardeciendo y la luz anaranjada teñía todo de un característico color cobrizo, indicando así el final del día y el comienzo de la noche. Todavía calados hasta los huesos, los tres jóvenes entraron en la casa. Parecía como si no quisiesen darle importancia al hecho de que se hubiesen caído a un río y todos menos el perro, que en aquellos momentos aparentaba el más inteligente, estuvieran mojados. Como era de esperar más que con un “hola” en la casa les recibieron con un “¡¿Qué habéis hecho?!” y rematando con un “¡Estos niños!”. La madre y el padre de Nozomu, tal vez por costumbre, ni se fijaron en el nuevo color de pelo de su hijo menor. No así, lo hizo la abuela. Como muy bien se había temido el chico, ella mostró un latente disgusto.
-¡¿Nozomu?! ¿Qué le ha pasado a tu precioso pelo negro? -cuestionó la anciana mirándole de cerca como si la repentina decoloración del cabello de su nieto se debiera a su cansada vista.
Lenteja ladró como si también pretendiera regañar a su dueño.
-Pues verás abuelita… -intentó empezar -Cuando nos hemos caído al río…
-Dirás que tú te has caído. -puntualizó la chica.
-Vale… cuando me he caído…
-Y nosotros amablemente nos hemos tirado a salvarte. -continuó ella.
-¡Que pesada! Y ellos se han tirado a salvarme.
-Porque eres un torpe. Y tu hermana es tu heroína.
-¡Bueno basta ya! Sí soy un torpe y me he caído al río.
-Eso no tiene nada que ver.
-Buen, abuela, es que hace unos seis meses… me decoloré el pelo.
-¡¿Pero porqué?!
-Porque me gustaba más el pelo rubio.
-¡Pero si el pelo negro es mucho mejor! ¡Todos los japoneses tienen que tener el pelo oscuro! ¡Bastante tenemos en la familia con tres rubias! ¡Todo por culpa de tu bisabuelo! ¡Si él desdichado no hubiese sido norteamericano nada de esto nos pasaría!
-Tampoco es para tanto… -intentó calmar Nao que estaba totalmente impactado por el drama que la anciana le daba al tema.
.-¿No pudo mi pobre madre, que ahora esté en el paraíso, emparejarse con un nipón que lo tuvo que hacer con un extranjero? ¡Y en plena guerra!
-Lo… lo siento abuelita…
-¡Sentirlo no te va a devolver tu precioso pelo negro! ¡Eres un niño muy insensato! ¡No había ningún motivo para que te estropearás así la cabeza!
-Bueno madre, deje ya al niño.
-Pero no se da cuenta de que así la gente le mirará raro y hablarán de él a sus espaldas, si no cosas peores.
-Descuide madre, los tiempos han cambiado.
-Los tiempos sí, pero la gente no, ellos siguen siendo tan gañanes como siempre. Nada, tú veras lo que haces con este niño. Ahora estas criaturas tienen que darse un baño antes de que se constipen.
-Las damas primero. Si alguien enferma que sea uno de esos dos. -habló Mihoshi a la par que se dirigía a la bañera.
-¡Que morro tienes!
-Venga niños, vosotros cambiaros de ropa. La cena estará lista pronto.
Como había mandado la anciana los dos chicos se dirigieron a la habitación de la planta de arriba. Nao siempre parecía esconderse cuando se cambiaba. Nozomu creía que era por su culpa, que era él el que incomodaba a Nao. Lo cual no le extrañaba, era normal que no quisiese que le viese. Pero no podía evitar que le diese un poco de pena que no confiase en él, aunque lo respetaba.
-Yo, ya voy bajando. -dijo ya con el pijama de botones blanco puesto. Se giró un poco hacia su amigo que estaba sentado en el suelo. Nozomu se sobre saltó al ver una marca que cubría el hombro de Nao casi por completo, esto hizo que se girase rápidamente como si no hubiese visto nada.
-Vale, ahora voy yo. -contestó el castaño.
Nozomu hizo lo que había dicho bajando a la primera planta. Su familia ya estaba toda a la mesa. La anciana todavía parecía un poco enfadada con su nieto pero intentaba disimularlo hablando con su hermana o la madre del joven. Ni dos segundos después ya se escuchaban los pasos de Nao dejándose caer escalón tras escalón. Los dos se sentaron junto al resto de habitantes de la casa. Como todos los días costó bastante que Nozomu probase bocado voluntariamente. Por lo que se quedó en la cocina bastante más rato que los demás que se aburrieron de esperar. Nao había aprovechado para tomar un baño mientras él acababa. Más tarde fue Nozomu ha hacer lo mismo. Se relajaba mucho tomando largos baños, notaba como últimamente te agotaba muy rápido y los huesos le dolían con frecuencia. También se hidrataba la piel porque se le había empezado a secar. Nozomu, en su ignorancia, pensó que sería por el calor. ¡Qué de cosas le ocurrían!
Cuando sus delgados dedos ya estaban totalmente arrugados por el agua su baño dio por finalizado. De nuevo con su pijamita abotonado de arriba a bajo y el pelo envuelto en una toalla entró en el cuarto que compartía con Nao. Pero Nao no estaba en él. El menor buscó a su amigo con su nerviosa mirada verde. Se asustó un poco hasta que notó como una ráfaga de viento golpeaba delicadamente su aun húmeda mejilla. La ventana estaba abierta. Se asomó discretamente mirando hacía el tejado. Hay estaba Nao, sentado mirando las estrellas con cierto aire melancólico. Su pelo suelto, casi seco, se movía con el mismo aire que le había avisado de que la ventana estaba abierta de par en par. Con extremo cuidado d no caerse, estaba seguro de que sus huesos no aguantarían un golpe desde esa altura, y algo torpemente Nozomu consiguió subirse al tejado sin que Nao pareciese darse cuenta.
-¿Qué haces aquí? -preguntó sorprendiendo así al castaño que desvió la mirada hacia el dueño de la voz.
-Nada… Miraba el paisaje. -respondió volviendo a girar la cara al frente.
-Es bonito a que sí.
-Las estrellas se ven muy bien desde aquí.
-Sí se ven muchas, como se nota que aquí hay menos contaminación.
-Las personas y las estrellas son inversamente proporcionales. -
-No te entiendo… -Nozomu lo miró con la cara llena de dudas, no comprendía del todo bien a lo que se refería su amigo.
-Quiero decir, que en los sitios donde hay muchas personas no se ven las estrellas y viceversa. -explicó
-Ah… vale.
-Pero en el fondo tampoco es tan distinto. Puede ser una metáfora de la vida de una persona. Cuanto mayor es la capa de tristeza que se acumula en el cielo de una persona menos estrellas se ven. Primero se esconden las que menos lucen, y luego las demás hasta que todo se queda negro. Tal vez se pueda quitar esa coraza y se vea alguna, una estrella que brille más que las demás que te haga comprender que no estás solo en la inmensidad del universo, que las otras siguen ahí, aunque no se vean. Pero cuando el cielo es totalmente opaco es muy difícil encontrar esa única estrella brillando.
-Ahora si que me he perdido.
-Mi cielo ha llegado a estar más negro que el carbón. -continuó como si no hubiese escuchado a Nozomu. -Pero a veces me parece ver una lucecilla que parpadea. ¿Será esa estrella o una de mis tantas alucinaciones? Eso es lo que me gustaría saber… Quiero encontrar la estrella que brilla, la que brilla para que no me sienta solo, la que brilla por mi. Mirar hacia arriba y verla, que me ayude a guiarme en la oscuridad hasta llegar a las demás que se esconden en algún lugar. Y quiero brillar para ella…
-Tú no te has tomado tu medicación.
-Lo siento, se que digo cosas muy raras.
-No pasa nada… ¿Y las estrellas que brillan son el resto de personas?
-Sí. Todas las personas con las que estás conectado, hay miles incluso más que las estrellas pero no lo sabemos porque algunas brillan my poco y es fácil que se apaguen.
-Esas cosas que dices suenan muy bonitas, Nao.
-Sí soy muy cursi cuando quiero.
-¡No! No eres cursi, pero en el fondo tienes un lado tierno.
-¿Estás insinuando que soy un insensible?
-Esto… solo a veces. -rió el rubio.
-Lo sé. Y también sé que se me ocurren cosas muy extrañas. Bueno, dejemos mis tonterías en paz…
-No son tonterías, creo que eres todo un filósofo y un poeta.
-Lo que tú digas. -concluyó. -Tu abuela se llevó un buen disgusto con lo de tu pelo.
-Ni que lo digas, es una exagerada… A ella no le gusta el pelo rubio porque, como ya sabes, mi bisabuelo era norteamericano y ella nació rubia. En esa época a nadie le gustaba en Japón ese color de pelo, sobretodo después de la guerra, por lo que ella lo pasó muy mal en su juventud porque todo el mundo la insultaba y se burlaba de ella.
-No me extraña que no le guste entonces.
-Ya sé que la gente es muy cruel, pero eso no quiere decir que yo no pueda teñirme si me gusta más ser rubio.
-Supongo. Pero a ti te sienta bien el negro, ¿por qué cambiarlo?
-Porque me gusta ser especial, todo el mundo es moreno. Mi hermana Mihoshi siempre llama la atención por ser rubia. Pues yo también quiero, pero la dichosa genética quiso que yo saliera a mi padre. Y no a mi bisabuelo.
-¿Tú siempre tienes celos de tu hermana?
-¡No! ¡Yo no tengo celos de ella! ¡Solo es que me da rabia que sea mejor en todo que yo!
-Eso, hasta donde sé, son celos.
-¡Qué no!
-Vale, lo que tú digas. No te voy a discutir.
-Tú no lo entiendes porque no tienes hermanos.
-No, no tengo hermanos… -contestó tomando un tono bastante lejano.
-Lo… Lo siento, no quería decir eso…
-Déjalo, si tienes razón… -musitó agachando la cabeza, este movimiento hizo que Nozomu pudiese volver a ver su cicatriz. Al final no había sido una imaginación. Incluso se empinó un poco para verla mejor. - ¿Se puede saber que haces?
-Nao, ¿puedo ser cotillo?
-¿Es que no lo eres ya?
-Bueno, me he fijado en que tienes una marca muy fea en el hombro. -explicó tímidamente.
-Sí, es una quemadura. -afirmó Nao como si quisiese restarle importancia pese a que su voz le delataba.
-¿Cómo te la hiciste?
-Un accidente con agua hirviendo.
-Uy… tuvo que dolerte mucho.
-Horrores… Por eso siempre llevo camisas con el cuello más bien alto, no me gusta que se vea. ¿Te molesta mucho?
-No… -contestó moviendo la cabeza enérgicamente en una negación.
-Menos mal, hay gente que no puede ni verla. Yo soy como una colección de cicatrices y no estoy orgulloso.
Nozomu, como curioso que era, estuvo a punto de preguntarle por cuales eran las demás, pero viendo la cara de Nao, prefirió quedarse con la curiosidad y callar. Si lo que vas a decir no es mejor que el silencio, mejor no hablar. El cabello de Nozomu ya estaba completamente seco por lo que tenía que haber pasado bastante tiempo. Bostezó, ya tenía bastante sueño, su hora de dormir había quedado ya atrás. Los ojos le pesaban como si quisiesen cerrársele solos. Se levantó de donde estaba sentado para marcharse con el mismo cuidado con el que había llegado. Nao en cambio no se movió ni un centímetro.
-¿No vienes a dormir, Nao? -preguntó ya en tierra firme.
-No, quiero estar un poco más aquí. Más tarde voy.
-Vale… Buenas noches.
-Buenas noches. -Nozomu se escondió en el interior de la habitación.
-¡Ah! Nao. -dijo asomando de nuevo. -Como te gustan mucho las estrellas, mañana te voy a llevar a mi rincón secreto que se ven muy bien. ¿OK?
-Como quieras.
-¡Genial! Verás como te gusta mucho. Nos llevaremos a Lenteja y todo, pero a Mihoshi no.
-Celoso. -susurró lo suficientemente bajo para que él no le escuchase.
-¿Has dicho algo?
-No nada, que hasta mañana.
-Hasta mañana Nao, si tienes otra vez una pesadilla dímelo.
-Te lo diré, aunque no se para qué.
-Tú hazlo. -mandó sonriente mientras se ocultaba definitivamente tras la ventana.
Definitivamente Nozomu era el chico más raro que Nao había conocido en su vida, eso pensaba el castaño. Y Nao era el más raro que Nozomu había conocido en su vida, eso pensaba el rubio. Seguramente el resto del mundo (o el cielo según Nao) pensaba lo mismo de ellos dos. Eran raros, y lo sabían. Pero ser raro es otro modo de brillar al fin de cuentas…
-¡¿Nozomu?! ¿Qué le ha pasado a tu precioso pelo negro? -cuestionó la anciana mirándole de cerca como si la repentina decoloración del cabello de su nieto se debiera a su cansada vista.
Lenteja ladró como si también pretendiera regañar a su dueño.
-Pues verás abuelita… -intentó empezar -Cuando nos hemos caído al río…
-Dirás que tú te has caído. -puntualizó la chica.
-Vale… cuando me he caído…
-Y nosotros amablemente nos hemos tirado a salvarte. -continuó ella.
-¡Que pesada! Y ellos se han tirado a salvarme.
-Porque eres un torpe. Y tu hermana es tu heroína.
-¡Bueno basta ya! Sí soy un torpe y me he caído al río.
-Eso no tiene nada que ver.
-Buen, abuela, es que hace unos seis meses… me decoloré el pelo.
-¡¿Pero porqué?!
-Porque me gustaba más el pelo rubio.
-¡Pero si el pelo negro es mucho mejor! ¡Todos los japoneses tienen que tener el pelo oscuro! ¡Bastante tenemos en la familia con tres rubias! ¡Todo por culpa de tu bisabuelo! ¡Si él desdichado no hubiese sido norteamericano nada de esto nos pasaría!
-Tampoco es para tanto… -intentó calmar Nao que estaba totalmente impactado por el drama que la anciana le daba al tema.
.-¿No pudo mi pobre madre, que ahora esté en el paraíso, emparejarse con un nipón que lo tuvo que hacer con un extranjero? ¡Y en plena guerra!
-Lo… lo siento abuelita…
-¡Sentirlo no te va a devolver tu precioso pelo negro! ¡Eres un niño muy insensato! ¡No había ningún motivo para que te estropearás así la cabeza!
-Bueno madre, deje ya al niño.
-Pero no se da cuenta de que así la gente le mirará raro y hablarán de él a sus espaldas, si no cosas peores.
-Descuide madre, los tiempos han cambiado.
-Los tiempos sí, pero la gente no, ellos siguen siendo tan gañanes como siempre. Nada, tú veras lo que haces con este niño. Ahora estas criaturas tienen que darse un baño antes de que se constipen.
-Las damas primero. Si alguien enferma que sea uno de esos dos. -habló Mihoshi a la par que se dirigía a la bañera.
-¡Que morro tienes!
-Venga niños, vosotros cambiaros de ropa. La cena estará lista pronto.
Como había mandado la anciana los dos chicos se dirigieron a la habitación de la planta de arriba. Nao siempre parecía esconderse cuando se cambiaba. Nozomu creía que era por su culpa, que era él el que incomodaba a Nao. Lo cual no le extrañaba, era normal que no quisiese que le viese. Pero no podía evitar que le diese un poco de pena que no confiase en él, aunque lo respetaba.
-Yo, ya voy bajando. -dijo ya con el pijama de botones blanco puesto. Se giró un poco hacia su amigo que estaba sentado en el suelo. Nozomu se sobre saltó al ver una marca que cubría el hombro de Nao casi por completo, esto hizo que se girase rápidamente como si no hubiese visto nada.
-Vale, ahora voy yo. -contestó el castaño.
Nozomu hizo lo que había dicho bajando a la primera planta. Su familia ya estaba toda a la mesa. La anciana todavía parecía un poco enfadada con su nieto pero intentaba disimularlo hablando con su hermana o la madre del joven. Ni dos segundos después ya se escuchaban los pasos de Nao dejándose caer escalón tras escalón. Los dos se sentaron junto al resto de habitantes de la casa. Como todos los días costó bastante que Nozomu probase bocado voluntariamente. Por lo que se quedó en la cocina bastante más rato que los demás que se aburrieron de esperar. Nao había aprovechado para tomar un baño mientras él acababa. Más tarde fue Nozomu ha hacer lo mismo. Se relajaba mucho tomando largos baños, notaba como últimamente te agotaba muy rápido y los huesos le dolían con frecuencia. También se hidrataba la piel porque se le había empezado a secar. Nozomu, en su ignorancia, pensó que sería por el calor. ¡Qué de cosas le ocurrían!
Cuando sus delgados dedos ya estaban totalmente arrugados por el agua su baño dio por finalizado. De nuevo con su pijamita abotonado de arriba a bajo y el pelo envuelto en una toalla entró en el cuarto que compartía con Nao. Pero Nao no estaba en él. El menor buscó a su amigo con su nerviosa mirada verde. Se asustó un poco hasta que notó como una ráfaga de viento golpeaba delicadamente su aun húmeda mejilla. La ventana estaba abierta. Se asomó discretamente mirando hacía el tejado. Hay estaba Nao, sentado mirando las estrellas con cierto aire melancólico. Su pelo suelto, casi seco, se movía con el mismo aire que le había avisado de que la ventana estaba abierta de par en par. Con extremo cuidado d no caerse, estaba seguro de que sus huesos no aguantarían un golpe desde esa altura, y algo torpemente Nozomu consiguió subirse al tejado sin que Nao pareciese darse cuenta.
-¿Qué haces aquí? -preguntó sorprendiendo así al castaño que desvió la mirada hacia el dueño de la voz.
-Nada… Miraba el paisaje. -respondió volviendo a girar la cara al frente.
-Es bonito a que sí.
-Las estrellas se ven muy bien desde aquí.
-Sí se ven muchas, como se nota que aquí hay menos contaminación.
-Las personas y las estrellas son inversamente proporcionales. -
-No te entiendo… -Nozomu lo miró con la cara llena de dudas, no comprendía del todo bien a lo que se refería su amigo.
-Quiero decir, que en los sitios donde hay muchas personas no se ven las estrellas y viceversa. -explicó
-Ah… vale.
-Pero en el fondo tampoco es tan distinto. Puede ser una metáfora de la vida de una persona. Cuanto mayor es la capa de tristeza que se acumula en el cielo de una persona menos estrellas se ven. Primero se esconden las que menos lucen, y luego las demás hasta que todo se queda negro. Tal vez se pueda quitar esa coraza y se vea alguna, una estrella que brille más que las demás que te haga comprender que no estás solo en la inmensidad del universo, que las otras siguen ahí, aunque no se vean. Pero cuando el cielo es totalmente opaco es muy difícil encontrar esa única estrella brillando.
-Ahora si que me he perdido.
-Mi cielo ha llegado a estar más negro que el carbón. -continuó como si no hubiese escuchado a Nozomu. -Pero a veces me parece ver una lucecilla que parpadea. ¿Será esa estrella o una de mis tantas alucinaciones? Eso es lo que me gustaría saber… Quiero encontrar la estrella que brilla, la que brilla para que no me sienta solo, la que brilla por mi. Mirar hacia arriba y verla, que me ayude a guiarme en la oscuridad hasta llegar a las demás que se esconden en algún lugar. Y quiero brillar para ella…
-Tú no te has tomado tu medicación.
-Lo siento, se que digo cosas muy raras.
-No pasa nada… ¿Y las estrellas que brillan son el resto de personas?
-Sí. Todas las personas con las que estás conectado, hay miles incluso más que las estrellas pero no lo sabemos porque algunas brillan my poco y es fácil que se apaguen.
-Esas cosas que dices suenan muy bonitas, Nao.
-Sí soy muy cursi cuando quiero.
-¡No! No eres cursi, pero en el fondo tienes un lado tierno.
-¿Estás insinuando que soy un insensible?
-Esto… solo a veces. -rió el rubio.
-Lo sé. Y también sé que se me ocurren cosas muy extrañas. Bueno, dejemos mis tonterías en paz…
-No son tonterías, creo que eres todo un filósofo y un poeta.
-Lo que tú digas. -concluyó. -Tu abuela se llevó un buen disgusto con lo de tu pelo.
-Ni que lo digas, es una exagerada… A ella no le gusta el pelo rubio porque, como ya sabes, mi bisabuelo era norteamericano y ella nació rubia. En esa época a nadie le gustaba en Japón ese color de pelo, sobretodo después de la guerra, por lo que ella lo pasó muy mal en su juventud porque todo el mundo la insultaba y se burlaba de ella.
-No me extraña que no le guste entonces.
-Ya sé que la gente es muy cruel, pero eso no quiere decir que yo no pueda teñirme si me gusta más ser rubio.
-Supongo. Pero a ti te sienta bien el negro, ¿por qué cambiarlo?
-Porque me gusta ser especial, todo el mundo es moreno. Mi hermana Mihoshi siempre llama la atención por ser rubia. Pues yo también quiero, pero la dichosa genética quiso que yo saliera a mi padre. Y no a mi bisabuelo.
-¿Tú siempre tienes celos de tu hermana?
-¡No! ¡Yo no tengo celos de ella! ¡Solo es que me da rabia que sea mejor en todo que yo!
-Eso, hasta donde sé, son celos.
-¡Qué no!
-Vale, lo que tú digas. No te voy a discutir.
-Tú no lo entiendes porque no tienes hermanos.
-No, no tengo hermanos… -contestó tomando un tono bastante lejano.
-Lo… Lo siento, no quería decir eso…
-Déjalo, si tienes razón… -musitó agachando la cabeza, este movimiento hizo que Nozomu pudiese volver a ver su cicatriz. Al final no había sido una imaginación. Incluso se empinó un poco para verla mejor. - ¿Se puede saber que haces?
-Nao, ¿puedo ser cotillo?
-¿Es que no lo eres ya?
-Bueno, me he fijado en que tienes una marca muy fea en el hombro. -explicó tímidamente.
-Sí, es una quemadura. -afirmó Nao como si quisiese restarle importancia pese a que su voz le delataba.
-¿Cómo te la hiciste?
-Un accidente con agua hirviendo.
-Uy… tuvo que dolerte mucho.
-Horrores… Por eso siempre llevo camisas con el cuello más bien alto, no me gusta que se vea. ¿Te molesta mucho?
-No… -contestó moviendo la cabeza enérgicamente en una negación.
-Menos mal, hay gente que no puede ni verla. Yo soy como una colección de cicatrices y no estoy orgulloso.
Nozomu, como curioso que era, estuvo a punto de preguntarle por cuales eran las demás, pero viendo la cara de Nao, prefirió quedarse con la curiosidad y callar. Si lo que vas a decir no es mejor que el silencio, mejor no hablar. El cabello de Nozomu ya estaba completamente seco por lo que tenía que haber pasado bastante tiempo. Bostezó, ya tenía bastante sueño, su hora de dormir había quedado ya atrás. Los ojos le pesaban como si quisiesen cerrársele solos. Se levantó de donde estaba sentado para marcharse con el mismo cuidado con el que había llegado. Nao en cambio no se movió ni un centímetro.
-¿No vienes a dormir, Nao? -preguntó ya en tierra firme.
-No, quiero estar un poco más aquí. Más tarde voy.
-Vale… Buenas noches.
-Buenas noches. -Nozomu se escondió en el interior de la habitación.
-¡Ah! Nao. -dijo asomando de nuevo. -Como te gustan mucho las estrellas, mañana te voy a llevar a mi rincón secreto que se ven muy bien. ¿OK?
-Como quieras.
-¡Genial! Verás como te gusta mucho. Nos llevaremos a Lenteja y todo, pero a Mihoshi no.
-Celoso. -susurró lo suficientemente bajo para que él no le escuchase.
-¿Has dicho algo?
-No nada, que hasta mañana.
-Hasta mañana Nao, si tienes otra vez una pesadilla dímelo.
-Te lo diré, aunque no se para qué.
-Tú hazlo. -mandó sonriente mientras se ocultaba definitivamente tras la ventana.
Definitivamente Nozomu era el chico más raro que Nao había conocido en su vida, eso pensaba el castaño. Y Nao era el más raro que Nozomu había conocido en su vida, eso pensaba el rubio. Seguramente el resto del mundo (o el cielo según Nao) pensaba lo mismo de ellos dos. Eran raros, y lo sabían. Pero ser raro es otro modo de brillar al fin de cuentas…
viernes, 6 de mayo de 2011
17. Nostalgia, celos y otros sentimientos.
Nao apareció por la puerta de la cocina con la cara aún adormilada el pelo enredado en una maraña y los ojos cerrados por algunas legañas. Al parecer Nozomu había decidido dejarle dormir en paz por lo menos durante ese día. Él no había dormido muy bien, parecía que había llorado y por eso tenía los ojos más cerrados he hinchados que de costumbre. Seguramente había sido por la falta de costumbre de dormir allí. En el fondo le daba un poco de miedo estar tan lejos del hospital.
En la sala solo estaba la madre que no había terminado de desayunar. Esta se quedó mirándole con una sonrisa bastante cálida, que tal vez por eso a Nao le dio una extraña sensación también producida por la falta de costumbre.
-Nozomu y Mihoshi se han ido a ver a unos gatitos que ha tenido una vieja amiga de la albuela. No creo que tarden mucho. Voy a calentarte el desayuno.-informó la mujer.
-Gracias. Siento haber dormido tanto, debo de parecer un maleducado.
-Tranquilo, ya me ha dicho Nozomu que sueles dormir muy mal. Al parecer hoy tuviste una pesadilla y por eso no te despertó. -aclaró acercándole el plato con un poco de arroz y sopa de miso.
-Suelo tenerlas.
-Pobrecillo.
-Señora Nozomi…
-Uy, no me llames así que me siento muy mayor. Mejor Fumiko.
-Vale, Fumiko. Les ha molestado mucho que viniese ¿cierto?
-No hijo. ¿Cómo nos iba a molestar?
-Bueno es porque meter en su casa a un enfermo como yo… Por lo menos un poco de miedo…
-La verdad es que al principio si asusta un poco. Pero eres muy tranquilo y educado. Mis hijos son unos chillones que no paran de discutir, deberían de aprender de ti. Sin embargo, todo el mundo tiene sus prejuicios…
-Sí, todos los tienen. Nozomu es el único que no ha parecido tenerlos conmigo… es un poco insensato.
-Más de lo que te imaginas. De pequeño se fiaba de todo el mundo, una de sustos que nos daba, siempre se estaba perdiendo.
-Eso si que es peligroso para un niño. Uno no se puede fiar de lo que hay por el mundo.
-Ni que lo digas, además es un cotillo, una vez se quedó atascado en unas rejas de una casa abandonada por perseguir a un gato. Le encontramos dos horas más tarde con la cabeza dentro del jardín y el cuerpo fuera. No paraba de llorar el pobre.
-No sé porqué no me extraña viniendo de él.
-Era un niño muy travieso. -sonrió la madre al recordar aquellos días en los que sus hijos no eran más que un par de niños. -Siempre ha pecado de inocente… Y ahora que ha crecido la verdad es que no sé si ha mejorado o no. No me puedo creer todavía lo que le está pasando.
-Debe de ser muy duro que a un hijo le ocurra algo así.
-Mucho. Y a veces me siento culpable de haberle involucrado en este mundo tan superficial. Siempre nos habíamos preocupado por Mihoshi, la hablábamos del tema, la vigilábamos e incluso la llevábamos a un psicólogo de vez en cuando para que se asegurase de que no caía en la anorexia. Nunca pude imaginar que el que caería era Nozomu. Recuerdo que empezó con minucias, como poner papel absorbente para las comidas fritas, saliendo a caminar todos los días. Ni si siguiera me preocupé. -Nao pudo ver como por la mejilla de la mujer rodaba una lagrima cristalina que arrastraba algún resto de maquillaje que quedase en ella. Fumiko se sintió algo incomoda por el silencio del pensativo chico. -Lo siento, debe aburrirte mucho lo que yo te cuente.
-No que va. Estaba pensando en que Nozomu tiene mucha suerte de tener una madre tan buena y amable que se preocupa así con él.
-¡Anda niño no seas pelota! -bromeó la rubia.
-Lo digo en serio. Yo no me acuerdo de mi madre, ya no la recuerdo. A veces me parece poder imaginar como era estar con ella, pero no puedo acordarme de verdad.
-Eso también debe de ser muy duro.
-No tanto, como no la recuerdo no puedo echarla de menos. Aunque me es inevitable sentir una extraña nostalgia. Bueno, ahora soy yo el que la aburre…
-Al contrario, ya se porqué le gustas tanto a mi hijo. Con lo curioso que es seguro que le resultan interesante. O sea no quiero decir que me alegre por esas cosas tan tristes que me dices pero… -las palabras de la madre se vieron interrumpidas por una da las risitas descontroladas de Nao.
-¡Ji, ji! Perdón, pero es que ahora ya sé a quien a salido su hijo. Los dos habláis muy parecido y me ha hecho gracia.
-No pasa nada… Si te hace gracia, ríe. Es mejor que verte totalmente serio como hasta ahora. ¿Y no recuerdas nada a tu madre?
-Ni a mi padre tampoco. Recuerdo sensaciones, pero no personas. Sé que he tenido, que los he llegado a conocer, que cuando tenía miedo llamaba a mi madre y que a mi padre le gustaba volar cometas conmigo, pero no puedo recordarles a ellos. Hace mucho que no los he visto y he olvidado sus caras y sus voces.
-No quiero parecer una cotilla como mi hijo… Pero ¿se puede saber que les pasó?
-No es un tema del que me gusta mucho hablar. Desaparecieron, un día al volver a casa, ellos no estaban y no volvieron más. Fue una sensación de abandono muy grande, y a partir de ahí nada mejoró. Todo fue en picado… ¿No sé si puedo explicarlo bien?
-Tranquilo, te entiendo.
-Es que a veces me cuesta mucho decir lo que estoy pensando. En mi cabeza todo suena bien pero a medida que lo digo me da la impresión de que las palabras se desordenan.
-Claro será parte de… -paró para intentar no meter la pata.
-Esquizofrenia, puede decirlo. No va a ofenderme.
-Ya veo. Eres muy conciente de tu enfermedad, más que Nozomu, mucho más.
Y al mencionarlo, la voz de Nozomu sonó estruendosamente en un agudo chillido. Luego se escuchó las palabras de la hermana metiéndose con el moreno. La madre de la pareja se asomó por la ventana para ver que era lo que ocurría. Fuera estaban ellos dos junto al padre, la abuela y el cachorrillo que era sujetado por la joven con la correa. Nozomu tenía un pequeño gatito que intentaba zafarse de los brazos del chico. Este lo había traído porque quería que Nao y su madre viesen al lindo gato recién nacido. Luego vio como entraba en la casa para poder hacer su propósito, unos segundos después ya estaba en el salón.
-Mirad, este es el pequeño Bizcocho. -habló incluso antes de saludar.
-Ya estamos aquí, buenos días Nao. -dijo la chica en un tono menos nervioso -Como os habréis imaginado, le han dejado ponerle nombre al minino de la señora Yahiko.
-Me ha dejado tenerle aquí un ratito, esta tarde tenemos que volver a llevárselo. ¿Vendrás a devolverlo Nao? Así te enseñamos el río que es muy bonito.
-De acuerdo iré. No creo que me dejes otra opción.
-¡Ja! Claro que no. Que bien me conoces.
Nozomu se pasó todo el medio día jugueteando con el pequeño gatuno. A la hora de comer Fumiko tuvo una pequeña discusión con su madre a cerca de porqué no podía obligar a Nozomu a comer demasiado, aunque la anciana no parecía entender a lo que se refería con lo de que su nieto estaba enfermo y por eso no podía comer mucho. En su época al enfermo se le daba de comer para que se pusiera fuerte pronto. Pero finalmente el chico se salio con la suya. Tal como les mandaron, unos minutos después de la comida Nozomu metió al minino en una cestita para llevarlo mejor, y los tres jóvenes y el perro se dispusieron a devolverlo. En el pueblo las casas estaban bastante alejadas las unas de las otras por los jardines. El paseo se les hizo corto entre las explicaciones que el menor le daba a su amigo y sus discusiones familiares con su hermana. Dejaron al gatito en casa de su dueña, y como era el plan enseñarían el río a Nao.
No era un arroyo similar al artificial que recorría el hospital, como había imaginado el castaño. Era bastante caudaloso y el agua corría a una velocidad moderada pero lo suficiente fuerte como para que se viese la corriente. El río estaba rodeado por una gran abundancia de hierbas que tapizaban de verde el suelo que pisaban y salpicados por algunos árboles como sauces llorones. Además el líquido que corría era claro, tanto que podía verse el fondo y algún pez que pasaba por allí.
-Valla… es más bonito de lo que había imaginado. -murmuró Nao como si pretendiese que sus compañeros no le escuchasen.
-¡Claro que sí! -inquirió Nozomu dando muestra de que había oído las palabras del mayor. -Pero aquí no nos podemos bañar porque la corriente es demasiado fuerte y es peligroso. Más abajo sí.
-Eso te han dicho a ti para que no te metas, seguro que tú llenarías el agua de roña. -se rió Mihoshi.
-¡Claro que no! ¡Yo soy muy limpito!
-Pero el agua es muy cristalina, yo pensaba que ya no había ríos así. -cortó Nao la conversación.
-Eso es porque el agua sale directamente de la nieve que se derrite montaña arriba. Como es un pueblo más bien al norte del país la nieve tarda mucho en descongelarse. Por eso siempre hay un agua muy limpia en esta parte del río. -aclaró la chica señalando el pico de la montaña donde aún se veía cubierto con una capa blanca.
-Eres toda una entendida en estas cosas.
-Es de tantas veces que he venido aquí. Cuando iba a hacer el examen de acceso a la universidad incluso me dejaron aquí a mi sola para que estudiara.
-No es por ser cotillo. ¿Pero que estudias?
-Estudio teleco, ingeniería de telecomunicaciones. Ya sabes fibra óptica, modems, todo eso.
-Yo no entiendo mucho de esas cosas, pero se ve interesante.
-Lo es, a mi por lo menos me gusta.
Nozomu escuchaba enfurruñado la conversación de su amigo con Mihoshi. ¡Porque Nao era su amigo, no el de ella! Parecía que la chica quisiese captar toda su atención, era una egocéntrica, o eso pensaba Nozomu en su cabecita morena. Nao no le estaba haciendo a él ningún caso, ni Nao ni nadie, hasta Lenteja parecía recibir más atención que él. Pensaba mientras miraba al perrillo, al cual llevaba atado su hermana, enfadado como si él tuviese la culpa.
Se alejó de ellos unos metros intentando que no le viesen enfadado. Daba lo mismo, de todos modos no iban a percatarse. Caminó bastante cerca del borde de la orilla, mirando las aguas corriendo.
-¡Nozomu! -oyó llamar a su hermana. -¡¿Qué haces?! Venga que nos marchamos sin ti.
-Va… -contestó con desgana.
Pero al ir a girarse el tobillo se le torció. Tan mal lo colocó que perdió el equilibrio. Un segundo después estaba cayendo al agua que tanto miraba, mientras él solo pudo abrir desorbitadamente sus redondos ojos verdes y soltar un agudo grito. Esta última reacción y el sonido del chapuzón fueron los que hicieron que Nao y Mihoshi se percatasen de que Nozomu se había caído al río. La primera acción de ambos fue correr a sacar del agua al chico. Como Nozomu había advertido la corriente dificultó bastante la acción. Pero por suerte entre los dos pudieron sacarle a tiempo del agua. Eso sí los tres acabaron calados hasta los huesos.
-¡¿Estás tonto?! ¡Mira estamos empapados! -chilló Mihoshi.
-¡Ni que hubiese sido culpa mía! Me tropecé. -explicó el chico todavía enfadado.
-No… Nozomu… -intentó hablar Nao entre la discusión.
-¿Qué pasa?
-Tu pelo… Tu pelo es rubio otra vez.
-Es verdad, mírate.
-Eso no puede ser. -dijo agarrando uno de los mechones al que se le escurrió el tinte. -¡Ay! ¡Que voy a hacer! ¡Si me ve la abuela se va a enfadar!
-¿Te acabas de caer a un río y lo único que te preocupa es que se te ha ido el tinte?
-Pero que nos hemos caído lo podemos explicar, pero cómo le digo yo ahora a la abuela que soy rubio.
-Bueno el que te has caído eres tú, nosotros te hemos ayudado. -puntualizó Nao.
-Vale, diré que el torpe he sido yo, pero me preocupa más lo que me diga del pelo.
-Eso ya es problema tuyo, majo. -siguió la hermana.
-Jopeta… -acabó de hablar el de nuevo rubio Nozomu, mientras los tres se incorporaban para llegar, como fuese a la casa.
En la sala solo estaba la madre que no había terminado de desayunar. Esta se quedó mirándole con una sonrisa bastante cálida, que tal vez por eso a Nao le dio una extraña sensación también producida por la falta de costumbre.
-Nozomu y Mihoshi se han ido a ver a unos gatitos que ha tenido una vieja amiga de la albuela. No creo que tarden mucho. Voy a calentarte el desayuno.-informó la mujer.
-Gracias. Siento haber dormido tanto, debo de parecer un maleducado.
-Tranquilo, ya me ha dicho Nozomu que sueles dormir muy mal. Al parecer hoy tuviste una pesadilla y por eso no te despertó. -aclaró acercándole el plato con un poco de arroz y sopa de miso.
-Suelo tenerlas.
-Pobrecillo.
-Señora Nozomi…
-Uy, no me llames así que me siento muy mayor. Mejor Fumiko.
-Vale, Fumiko. Les ha molestado mucho que viniese ¿cierto?
-No hijo. ¿Cómo nos iba a molestar?
-Bueno es porque meter en su casa a un enfermo como yo… Por lo menos un poco de miedo…
-La verdad es que al principio si asusta un poco. Pero eres muy tranquilo y educado. Mis hijos son unos chillones que no paran de discutir, deberían de aprender de ti. Sin embargo, todo el mundo tiene sus prejuicios…
-Sí, todos los tienen. Nozomu es el único que no ha parecido tenerlos conmigo… es un poco insensato.
-Más de lo que te imaginas. De pequeño se fiaba de todo el mundo, una de sustos que nos daba, siempre se estaba perdiendo.
-Eso si que es peligroso para un niño. Uno no se puede fiar de lo que hay por el mundo.
-Ni que lo digas, además es un cotillo, una vez se quedó atascado en unas rejas de una casa abandonada por perseguir a un gato. Le encontramos dos horas más tarde con la cabeza dentro del jardín y el cuerpo fuera. No paraba de llorar el pobre.
-No sé porqué no me extraña viniendo de él.
-Era un niño muy travieso. -sonrió la madre al recordar aquellos días en los que sus hijos no eran más que un par de niños. -Siempre ha pecado de inocente… Y ahora que ha crecido la verdad es que no sé si ha mejorado o no. No me puedo creer todavía lo que le está pasando.
-Debe de ser muy duro que a un hijo le ocurra algo así.
-Mucho. Y a veces me siento culpable de haberle involucrado en este mundo tan superficial. Siempre nos habíamos preocupado por Mihoshi, la hablábamos del tema, la vigilábamos e incluso la llevábamos a un psicólogo de vez en cuando para que se asegurase de que no caía en la anorexia. Nunca pude imaginar que el que caería era Nozomu. Recuerdo que empezó con minucias, como poner papel absorbente para las comidas fritas, saliendo a caminar todos los días. Ni si siguiera me preocupé. -Nao pudo ver como por la mejilla de la mujer rodaba una lagrima cristalina que arrastraba algún resto de maquillaje que quedase en ella. Fumiko se sintió algo incomoda por el silencio del pensativo chico. -Lo siento, debe aburrirte mucho lo que yo te cuente.
-No que va. Estaba pensando en que Nozomu tiene mucha suerte de tener una madre tan buena y amable que se preocupa así con él.
-¡Anda niño no seas pelota! -bromeó la rubia.
-Lo digo en serio. Yo no me acuerdo de mi madre, ya no la recuerdo. A veces me parece poder imaginar como era estar con ella, pero no puedo acordarme de verdad.
-Eso también debe de ser muy duro.
-No tanto, como no la recuerdo no puedo echarla de menos. Aunque me es inevitable sentir una extraña nostalgia. Bueno, ahora soy yo el que la aburre…
-Al contrario, ya se porqué le gustas tanto a mi hijo. Con lo curioso que es seguro que le resultan interesante. O sea no quiero decir que me alegre por esas cosas tan tristes que me dices pero… -las palabras de la madre se vieron interrumpidas por una da las risitas descontroladas de Nao.
-¡Ji, ji! Perdón, pero es que ahora ya sé a quien a salido su hijo. Los dos habláis muy parecido y me ha hecho gracia.
-No pasa nada… Si te hace gracia, ríe. Es mejor que verte totalmente serio como hasta ahora. ¿Y no recuerdas nada a tu madre?
-Ni a mi padre tampoco. Recuerdo sensaciones, pero no personas. Sé que he tenido, que los he llegado a conocer, que cuando tenía miedo llamaba a mi madre y que a mi padre le gustaba volar cometas conmigo, pero no puedo recordarles a ellos. Hace mucho que no los he visto y he olvidado sus caras y sus voces.
-No quiero parecer una cotilla como mi hijo… Pero ¿se puede saber que les pasó?
-No es un tema del que me gusta mucho hablar. Desaparecieron, un día al volver a casa, ellos no estaban y no volvieron más. Fue una sensación de abandono muy grande, y a partir de ahí nada mejoró. Todo fue en picado… ¿No sé si puedo explicarlo bien?
-Tranquilo, te entiendo.
-Es que a veces me cuesta mucho decir lo que estoy pensando. En mi cabeza todo suena bien pero a medida que lo digo me da la impresión de que las palabras se desordenan.
-Claro será parte de… -paró para intentar no meter la pata.
-Esquizofrenia, puede decirlo. No va a ofenderme.
-Ya veo. Eres muy conciente de tu enfermedad, más que Nozomu, mucho más.
Y al mencionarlo, la voz de Nozomu sonó estruendosamente en un agudo chillido. Luego se escuchó las palabras de la hermana metiéndose con el moreno. La madre de la pareja se asomó por la ventana para ver que era lo que ocurría. Fuera estaban ellos dos junto al padre, la abuela y el cachorrillo que era sujetado por la joven con la correa. Nozomu tenía un pequeño gatito que intentaba zafarse de los brazos del chico. Este lo había traído porque quería que Nao y su madre viesen al lindo gato recién nacido. Luego vio como entraba en la casa para poder hacer su propósito, unos segundos después ya estaba en el salón.
-Mirad, este es el pequeño Bizcocho. -habló incluso antes de saludar.
-Ya estamos aquí, buenos días Nao. -dijo la chica en un tono menos nervioso -Como os habréis imaginado, le han dejado ponerle nombre al minino de la señora Yahiko.
-Me ha dejado tenerle aquí un ratito, esta tarde tenemos que volver a llevárselo. ¿Vendrás a devolverlo Nao? Así te enseñamos el río que es muy bonito.
-De acuerdo iré. No creo que me dejes otra opción.
-¡Ja! Claro que no. Que bien me conoces.
Nozomu se pasó todo el medio día jugueteando con el pequeño gatuno. A la hora de comer Fumiko tuvo una pequeña discusión con su madre a cerca de porqué no podía obligar a Nozomu a comer demasiado, aunque la anciana no parecía entender a lo que se refería con lo de que su nieto estaba enfermo y por eso no podía comer mucho. En su época al enfermo se le daba de comer para que se pusiera fuerte pronto. Pero finalmente el chico se salio con la suya. Tal como les mandaron, unos minutos después de la comida Nozomu metió al minino en una cestita para llevarlo mejor, y los tres jóvenes y el perro se dispusieron a devolverlo. En el pueblo las casas estaban bastante alejadas las unas de las otras por los jardines. El paseo se les hizo corto entre las explicaciones que el menor le daba a su amigo y sus discusiones familiares con su hermana. Dejaron al gatito en casa de su dueña, y como era el plan enseñarían el río a Nao.
No era un arroyo similar al artificial que recorría el hospital, como había imaginado el castaño. Era bastante caudaloso y el agua corría a una velocidad moderada pero lo suficiente fuerte como para que se viese la corriente. El río estaba rodeado por una gran abundancia de hierbas que tapizaban de verde el suelo que pisaban y salpicados por algunos árboles como sauces llorones. Además el líquido que corría era claro, tanto que podía verse el fondo y algún pez que pasaba por allí.
-Valla… es más bonito de lo que había imaginado. -murmuró Nao como si pretendiese que sus compañeros no le escuchasen.
-¡Claro que sí! -inquirió Nozomu dando muestra de que había oído las palabras del mayor. -Pero aquí no nos podemos bañar porque la corriente es demasiado fuerte y es peligroso. Más abajo sí.
-Eso te han dicho a ti para que no te metas, seguro que tú llenarías el agua de roña. -se rió Mihoshi.
-¡Claro que no! ¡Yo soy muy limpito!
-Pero el agua es muy cristalina, yo pensaba que ya no había ríos así. -cortó Nao la conversación.
-Eso es porque el agua sale directamente de la nieve que se derrite montaña arriba. Como es un pueblo más bien al norte del país la nieve tarda mucho en descongelarse. Por eso siempre hay un agua muy limpia en esta parte del río. -aclaró la chica señalando el pico de la montaña donde aún se veía cubierto con una capa blanca.
-Eres toda una entendida en estas cosas.
-Es de tantas veces que he venido aquí. Cuando iba a hacer el examen de acceso a la universidad incluso me dejaron aquí a mi sola para que estudiara.
-No es por ser cotillo. ¿Pero que estudias?
-Estudio teleco, ingeniería de telecomunicaciones. Ya sabes fibra óptica, modems, todo eso.
-Yo no entiendo mucho de esas cosas, pero se ve interesante.
-Lo es, a mi por lo menos me gusta.
Nozomu escuchaba enfurruñado la conversación de su amigo con Mihoshi. ¡Porque Nao era su amigo, no el de ella! Parecía que la chica quisiese captar toda su atención, era una egocéntrica, o eso pensaba Nozomu en su cabecita morena. Nao no le estaba haciendo a él ningún caso, ni Nao ni nadie, hasta Lenteja parecía recibir más atención que él. Pensaba mientras miraba al perrillo, al cual llevaba atado su hermana, enfadado como si él tuviese la culpa.
Se alejó de ellos unos metros intentando que no le viesen enfadado. Daba lo mismo, de todos modos no iban a percatarse. Caminó bastante cerca del borde de la orilla, mirando las aguas corriendo.
-¡Nozomu! -oyó llamar a su hermana. -¡¿Qué haces?! Venga que nos marchamos sin ti.
-Va… -contestó con desgana.
Pero al ir a girarse el tobillo se le torció. Tan mal lo colocó que perdió el equilibrio. Un segundo después estaba cayendo al agua que tanto miraba, mientras él solo pudo abrir desorbitadamente sus redondos ojos verdes y soltar un agudo grito. Esta última reacción y el sonido del chapuzón fueron los que hicieron que Nao y Mihoshi se percatasen de que Nozomu se había caído al río. La primera acción de ambos fue correr a sacar del agua al chico. Como Nozomu había advertido la corriente dificultó bastante la acción. Pero por suerte entre los dos pudieron sacarle a tiempo del agua. Eso sí los tres acabaron calados hasta los huesos.
-¡¿Estás tonto?! ¡Mira estamos empapados! -chilló Mihoshi.
-¡Ni que hubiese sido culpa mía! Me tropecé. -explicó el chico todavía enfadado.
-No… Nozomu… -intentó hablar Nao entre la discusión.
-¿Qué pasa?
-Tu pelo… Tu pelo es rubio otra vez.
-Es verdad, mírate.
-Eso no puede ser. -dijo agarrando uno de los mechones al que se le escurrió el tinte. -¡Ay! ¡Que voy a hacer! ¡Si me ve la abuela se va a enfadar!
-¿Te acabas de caer a un río y lo único que te preocupa es que se te ha ido el tinte?
-Pero que nos hemos caído lo podemos explicar, pero cómo le digo yo ahora a la abuela que soy rubio.
-Bueno el que te has caído eres tú, nosotros te hemos ayudado. -puntualizó Nao.
-Vale, diré que el torpe he sido yo, pero me preocupa más lo que me diga del pelo.
-Eso ya es problema tuyo, majo. -siguió la hermana.
-Jopeta… -acabó de hablar el de nuevo rubio Nozomu, mientras los tres se incorporaban para llegar, como fuese a la casa.
martes, 5 de abril de 2011
16. El primer paso.
Habían pasado cuatro mañanas desde el festival, y aquella sería en la que Nozomu “secuestraría” al castaño para llevárselo consigo a su pueblo. El día era soleado, como casi todos en aquellas fechas. Nao se había levantado para guardar la ropa que iba a llevar en su bolsa de viaje. Sentía una extraña mezcla entre impaciencia y algo de miedo, ambos causados por todo el tiempo que hacía que no salía de allí sin contar las pocas veces que Keigo salía con él y Amai cuando eran pequeños a dar un paseo por la ciudad de Negima. Pero ya ni recordaba cuando fue la última vez que se había ido de vacaciones. Volvió a revisar si no se le había olvidado meter el frasco de calmantes y antidepresivos en el bolsillo de la bolsa, no quería tener ningún crisis mientras permaneciese con la familia Nozomi. Escuchó un par de golpes en la puerta que llamaron su atención. El chico intentó abrir la puerta pero fuese quien fuese el que estaba al otro lado de ella no le dejaba.
-Nao, -sonó la voz de Nozomu fuera del cuarto -júrame que no te reirás de mi cuando me veas.
-Yo no juro que eso está muy feo. ¿Pero que te pasa, por qué me voy a reír? ¿Te ha salido un grano como tu cabeza de grande o algo así? -dijo con su voz impasible.
-No lo sabrás si no me lo juras.
-Te voy a ver de todos modos.
-Odio cuando tienes razón. -concluyó abriendo la puerta lentamente como pretendiendo alagar el tiempo de espera. Finalmente apareció delante Nao con un cambio bastante llamativo sus cabellos rubios esa mañana eran de un intenso color negro como si se hubiesen convertido en carbón de la noche a la mañana.
-¿Qué te ha pasado en la cabeza? ¿Hace cuanto no te lavas el pelo?
-Ja, ja, y ¡Ja! ¡Pero que graciosísimo que eres! Me he teñido.
-Ya, ya lo supongo. La cuestión es ¿por qué?
-Es que yo no soy rubio, me decoloré el pelo porque me daba envidia de mi madre y mi hermana que si lo son pero si mi abuela se enterase de lo que hice me daría un castigo horrible. A ella siempre le gustó mi pelo negro… “Es el pelo que todo japonés tiene que tener.” Eso es lo que siempre me dice. -explicó entrando en el cuarto y sentándose en la cama.
-Así que eres moreno. Nunca dejarás de sorprenderme.
-Pero tranquilo, es de estos tintes que se van con un par de lavados de pelo, luego volveré a mi pelo rubio. Me los trajo mi hermana el otro día.
-Bueno, el moreno no te sienta tan mal.
-Ya si no es porque me siente mal o no… déjalo no se como explicarme. -concluyó -Cambiando de tema. ¿Ya has preparado todo?
-Creo que si. ¿Seguro que no estoy molestando?
-Que pesado, que no, no vas a molestarnos. ¿Qué tal si ahora vamos bajando? Mis padres deben estar apuntito de llegar.
Y pasando del dicho al hecho Nao se cargó con su bolsa de deporte y bajaron las escaleras para que el ya no rubio recogiese su maleta tan llena que parecía que se iba ha mudar a un país lejano. Igualmente pasaron por la consulta de sus doctoras y despedirse de ellas. Las reacciones de ambas fueron opuestas como si cada una estuviese en un hemisferio diferente. Tsubaki se despidió de ellos como si realmente tuviera ganas de deshacerse de su paciente. Y en el polo opuesto Mizuki no paró de repetirle al castaño lo bien que le iba a ir y que fuera precavido y que se portase de forma educada y mil cosas más. Parecía que la psicóloga estaba presenciando la despedida de su hijo, cuando unos días antes ya lo había hecho con Amai.
Unos minutos más tarde ya caminaban junto a la verja esperando llegar a la salida seguidos por la segunda de las doctoras para que les dejasen pasar sin problemas. La puerta se abrió con un sonido metálico que aunque era algo molesto a Nao más que parecerle un chirrido le parecía música. Iba a salir de allí, iba a traspasar la verja casi ni se lo creía, el exterior estaba a menos de un paso. Ya estaba apunto de hacerlo, solo un paso. Nozomu ya había salido y se encontraba un par de metros adelante esperando a que lo diese. Puede que eso fuese algo que él no entendiese, por eso no se atrevió a decirlo en voz alta, puede que nadie le llegase a entender nunca. Estaba nervioso y respiraba con dificultad, si no daba ese paso puede que no volviese a tener otra oportunidad para hacerlo.
Solo un paso, uno intermedio justo entre el psiquiátrico y el exterior y por ultimo, el primer paso.
Ya estaba fuera, la verja se había quedado a su espalda. Otro, ya estaba a poco menos de un metro. Otro más, un metro y veinte centímetros. Otro, otro y luego otro más hasta alcanzar a su amigo. Por fin conseguía respirar bien, hasta el aire parecía diferente, ya no era sensación imaginaria que tenía como si con el aire del hospital se asfixiara.
“Vuelve.” Ordenó la voz en el cerebro de Nao sin impedir que siguiese caminando. “Vuelvete. ¿Qué vas ha hacer tú aquí fuera? Este no es tu sitio. Solo te van a pasar desgracias, vuelve a donde estás seguro.”
Pero Nao parecía demasiado contento como para hacer caso de lo que su mente le advertía incansablemente. No debería de hablar por la medicación pero de todos modos a Nao no parecía molestarle demasiado.
El resto de la familia Nozomi no tardó en llegar al sitio en el que habían acordado reunirse. Tras guardar el equipaje de los dos nuevos viajeros y un par de bromas de Mihoshi por el pelo de su hermano se pusieron en marcha. Por suerte como Nozomu era bastante poca cosa sentándose en medio de la rubia y el castaño ninguno de los tres estaba apretado.
-¿Vais bien los tres ahí detrás? -preguntó el padre desde el asiento del conductor.
-Sí. ¿Y Lenteja va bien delante?-afirmó Nozomu.
-Sí hijo el perro va bien.
-Habla por ti retaco. A ti podríamos haberte metido en el maletero, como eres tan chiquitajo si te agazapas seguro cabes.
-¡Mamá!
-Mihoshi no te metas con tu hermano.
-Eso yo no soy chiquitajo, es que aun no me he acabado de desarrollar.
-Ni lo vas a hacer.
-¡Mamá!
-Mihoshi…
-Niño mimado… -susurró ella -Nao, ¿cómo has podido aguantarlo todo este tiempo sin tener necesidad? Porque si yo no fuese su hermana no lo soportaría.
-¿Cómo podéis llegar a llevaros tan mal? -cuestionó el patriarca.
-Bueno, la verdad es que nos conocimos por pura casualidad, y él se auto nombró mi amigo.
-¿Y a que no te molesta?
-Tal vez un poco cuando te pones pesado.
-O sea siempre.
-Más vale que la ignore. No la hagas caso Nao, me tiene celos.
-Ya.
-Se te ve muy tenso Nao, relájate, siéntete como en tú familia. -animó la chica.
-Me encuentro un poco raro. Hace mucho que no estaba… así…
-¿De veras? Tienes pinta de que eres una persona muy interesante.
-Sí y muy misterioso. -puntualizó Nozomu intentando entremeterse en la conversación de su hermana y su amigo -Al principio Nao me parecía un poco borde pero es simpático, no como otras.
En el tono y expresión del chico se podía notar cierto retintín de celos pero Nao no preció percatarse de ello.
Las horas parecían ir más lentas de lo normal dentro del coche pese a que Nozomu y su hermana no paraban de dar conversación a quinto ocupante. Poco a poco el paisaje iba cambiando y haciéndose progresivamente más rural. Dejando en la lejanía los altos y grises edificios característicos de la ciudad. De vez en cuando Nozomu exclamaba ilusionado que había visto una oveja o una vaca. Tras ello Lenteja ladraba como si los grititos de su dueño le molestasen y quisiese que se callase.
Pero el viaje llegó a su fin cuando vieron en el horizonte un pequeño pueblo tradicional en Japón que parecía sacado de alguna película antigua. Las casa no eran muy altas pero tenían la mayoría dos plantas y además estaban alzadas. En cada calle había antiguas escaleras de madera en las que los insectos habían construido sus propias casa. Aparcaron cerca de una casa donde una ancianita de baja estatura, que entre sus canas aún se podían distinguir algunos cabellos que indicaban que antes era rubia, les esperaba en la puerta de una casa casi idéntica a las demás. Nozomu salió corriendo a abrazarla con una cara de total felicidad.
-¡Abuela! -exclamó el chico.
-¡Ay! Mi niño, mira que guapo está. ¡Y que mayor! Pero estás muy delgado ¿no me estarás comiendo mal? -saludó la mujer enganchándole de los mofletes.
-No, la verdad es que no. -aclaró la joven.
-Mira mi guapa Mihoshi, ya está hecha una mujer de verdad. Y mi Fumiko, si no se la notan nada los años.
-Bueno, madre tampoco estoy tan mayor.
-¿Y Nagato? El señor de la casa. -acabó de dar la bienvenida a la familia.
-Mira, abuela, este es Nao, un amigo mío. -puntualizó Nozomu agarrando al castaño por la muñeca para obligarle a acercarse.
-Ya, Fumiko me dijo que vendría. Ven niño que te vea bien. -Nao hizo caso a la anciana. -¡Uy! ¡Que chico más alto y más guapo! ¡Mihoshi deberías echártelo como novio!
-Abuela que cosas dices. -se rió ella.
-¿Por qué? ¿A que mi nieta es muy guapa? -preguntó a Nao.
-Sí… claro… es guapa. -afirmó Nao sin saber que contestar a la señora.
-Sí pero es mi amigo. Ella casi ni le conoce. -aclaró Nozomu.
-Bueno, da lo mismo pasad pasad. Ya he preparado vuestras habitaciones, La de los chicos y la de Mihoshi son las de arriba.
La casa de la señora Nozomi, madre de Fumiko Nozomi, era totalmente tradicional plagada de grandes puertas correderas de madera. En el jardín había un pequeño estanque donde nadaban unas carpas algo pasadas de peso a las que Lenteja ladraba como si estuviesen comportándose mal. La planta de arriba era más baja que la otra, y hacía la forma triangular del tejado. Nao miró todo lo que había en el cuarto con los ojos muy abiertos. Se podían ver viejos juguetes encima de las estanterías, la verdad que resultaba un ambiente familiar pero a la vez era melancólica.
-¿Estos juguetes son tuyos? -preguntó el castaño mirando un peluche.
-Algunos, pero la mayoría son de mi madre, de cuando era pequeña y vivía aquí.
-No me imaginaba que tu madre fuese de campo, se la ve tan… no sé… cosmopolita…
-Ya, la verdad es que no le gusta mucho el pueblo.
-¿Y tu apellido es el materno?
-Sí, cuando mis padres se casaron decidieron que el nombre de mi madre fuese el de la familia porque Yamada, el de mi padre, es de lo más común y no es tan bonito.
-Ya veo…
-La familia de mi padre no estaba muy conforme, pero ellos siempre han sido unos rebeldes sin causa. ¡Ah! Y eso de que mi nombre es tonto se lo dices a mi madre que es la que me lo puso.
-No si se nota que ella es a la que se le ocurren, porque el de tu hermana significa “Estrella de la esperanza” y el tuyo “Desear la esperanza”. Le gusta poner nombres parlantes.
-Pero son bonitos, así a mi me gustan más.
-Lo que tu digas.
-Pero cambiando de tema. ¿Te gusta mi pueblito?
-Sí… se ve tranquilo.
-Te lo enseñaría detenidamente pero tendrás que esperar ya ha mañana porque mi abuela es de las que se van a dormir enseguida y ya está oscureciendo. Pero mañana iremos al río de paseo. ¿Vale?
-Me parece bien.
Como había dicho Nozomu cuando bajaron tras guardar la ropa en el armario y acomodarse la abuela del chico ya estaba preparando la cena. El chico, ahora moreno, no miró con especial interés el estofado que la señora preparaba, pero no se atrevió a decir nada. Cuando la mesa estuvo puesta todos se sentaron alrededor de ella, Nozomu apresurado, se colocó al lado de Nao para evitar que su hermana lo hiciese. La más anciana de la familia insistía a su nieto que comiese algo de carne que era muy buena a su edad, pero Nozomu hacía caso omiso y solo llevaba a su plato algunas verduras. Y en cuanto su familia se despistaba daba parte al perrillo o lo echaba de nuevo a la hoya. Mientras que el castaño parecía algo avergonzado de la situación, estar rodeado de esa gente que le sonreía y le hablaba como si le conociesen de siempre. Pero en el fondo se alegraba mucho de que le hubiesen dejado salir de su jaula por lo menos aquellos días de verano.
-Nao, -sonó la voz de Nozomu fuera del cuarto -júrame que no te reirás de mi cuando me veas.
-Yo no juro que eso está muy feo. ¿Pero que te pasa, por qué me voy a reír? ¿Te ha salido un grano como tu cabeza de grande o algo así? -dijo con su voz impasible.
-No lo sabrás si no me lo juras.
-Te voy a ver de todos modos.
-Odio cuando tienes razón. -concluyó abriendo la puerta lentamente como pretendiendo alagar el tiempo de espera. Finalmente apareció delante Nao con un cambio bastante llamativo sus cabellos rubios esa mañana eran de un intenso color negro como si se hubiesen convertido en carbón de la noche a la mañana.
-¿Qué te ha pasado en la cabeza? ¿Hace cuanto no te lavas el pelo?
-Ja, ja, y ¡Ja! ¡Pero que graciosísimo que eres! Me he teñido.
-Ya, ya lo supongo. La cuestión es ¿por qué?
-Es que yo no soy rubio, me decoloré el pelo porque me daba envidia de mi madre y mi hermana que si lo son pero si mi abuela se enterase de lo que hice me daría un castigo horrible. A ella siempre le gustó mi pelo negro… “Es el pelo que todo japonés tiene que tener.” Eso es lo que siempre me dice. -explicó entrando en el cuarto y sentándose en la cama.
-Así que eres moreno. Nunca dejarás de sorprenderme.
-Pero tranquilo, es de estos tintes que se van con un par de lavados de pelo, luego volveré a mi pelo rubio. Me los trajo mi hermana el otro día.
-Bueno, el moreno no te sienta tan mal.
-Ya si no es porque me siente mal o no… déjalo no se como explicarme. -concluyó -Cambiando de tema. ¿Ya has preparado todo?
-Creo que si. ¿Seguro que no estoy molestando?
-Que pesado, que no, no vas a molestarnos. ¿Qué tal si ahora vamos bajando? Mis padres deben estar apuntito de llegar.
Y pasando del dicho al hecho Nao se cargó con su bolsa de deporte y bajaron las escaleras para que el ya no rubio recogiese su maleta tan llena que parecía que se iba ha mudar a un país lejano. Igualmente pasaron por la consulta de sus doctoras y despedirse de ellas. Las reacciones de ambas fueron opuestas como si cada una estuviese en un hemisferio diferente. Tsubaki se despidió de ellos como si realmente tuviera ganas de deshacerse de su paciente. Y en el polo opuesto Mizuki no paró de repetirle al castaño lo bien que le iba a ir y que fuera precavido y que se portase de forma educada y mil cosas más. Parecía que la psicóloga estaba presenciando la despedida de su hijo, cuando unos días antes ya lo había hecho con Amai.
Unos minutos más tarde ya caminaban junto a la verja esperando llegar a la salida seguidos por la segunda de las doctoras para que les dejasen pasar sin problemas. La puerta se abrió con un sonido metálico que aunque era algo molesto a Nao más que parecerle un chirrido le parecía música. Iba a salir de allí, iba a traspasar la verja casi ni se lo creía, el exterior estaba a menos de un paso. Ya estaba apunto de hacerlo, solo un paso. Nozomu ya había salido y se encontraba un par de metros adelante esperando a que lo diese. Puede que eso fuese algo que él no entendiese, por eso no se atrevió a decirlo en voz alta, puede que nadie le llegase a entender nunca. Estaba nervioso y respiraba con dificultad, si no daba ese paso puede que no volviese a tener otra oportunidad para hacerlo.
Solo un paso, uno intermedio justo entre el psiquiátrico y el exterior y por ultimo, el primer paso.
Ya estaba fuera, la verja se había quedado a su espalda. Otro, ya estaba a poco menos de un metro. Otro más, un metro y veinte centímetros. Otro, otro y luego otro más hasta alcanzar a su amigo. Por fin conseguía respirar bien, hasta el aire parecía diferente, ya no era sensación imaginaria que tenía como si con el aire del hospital se asfixiara.
“Vuelve.” Ordenó la voz en el cerebro de Nao sin impedir que siguiese caminando. “Vuelvete. ¿Qué vas ha hacer tú aquí fuera? Este no es tu sitio. Solo te van a pasar desgracias, vuelve a donde estás seguro.”
Pero Nao parecía demasiado contento como para hacer caso de lo que su mente le advertía incansablemente. No debería de hablar por la medicación pero de todos modos a Nao no parecía molestarle demasiado.
El resto de la familia Nozomi no tardó en llegar al sitio en el que habían acordado reunirse. Tras guardar el equipaje de los dos nuevos viajeros y un par de bromas de Mihoshi por el pelo de su hermano se pusieron en marcha. Por suerte como Nozomu era bastante poca cosa sentándose en medio de la rubia y el castaño ninguno de los tres estaba apretado.
-¿Vais bien los tres ahí detrás? -preguntó el padre desde el asiento del conductor.
-Sí. ¿Y Lenteja va bien delante?-afirmó Nozomu.
-Sí hijo el perro va bien.
-Habla por ti retaco. A ti podríamos haberte metido en el maletero, como eres tan chiquitajo si te agazapas seguro cabes.
-¡Mamá!
-Mihoshi no te metas con tu hermano.
-Eso yo no soy chiquitajo, es que aun no me he acabado de desarrollar.
-Ni lo vas a hacer.
-¡Mamá!
-Mihoshi…
-Niño mimado… -susurró ella -Nao, ¿cómo has podido aguantarlo todo este tiempo sin tener necesidad? Porque si yo no fuese su hermana no lo soportaría.
-¿Cómo podéis llegar a llevaros tan mal? -cuestionó el patriarca.
-Bueno, la verdad es que nos conocimos por pura casualidad, y él se auto nombró mi amigo.
-¿Y a que no te molesta?
-Tal vez un poco cuando te pones pesado.
-O sea siempre.
-Más vale que la ignore. No la hagas caso Nao, me tiene celos.
-Ya.
-Se te ve muy tenso Nao, relájate, siéntete como en tú familia. -animó la chica.
-Me encuentro un poco raro. Hace mucho que no estaba… así…
-¿De veras? Tienes pinta de que eres una persona muy interesante.
-Sí y muy misterioso. -puntualizó Nozomu intentando entremeterse en la conversación de su hermana y su amigo -Al principio Nao me parecía un poco borde pero es simpático, no como otras.
En el tono y expresión del chico se podía notar cierto retintín de celos pero Nao no preció percatarse de ello.
Las horas parecían ir más lentas de lo normal dentro del coche pese a que Nozomu y su hermana no paraban de dar conversación a quinto ocupante. Poco a poco el paisaje iba cambiando y haciéndose progresivamente más rural. Dejando en la lejanía los altos y grises edificios característicos de la ciudad. De vez en cuando Nozomu exclamaba ilusionado que había visto una oveja o una vaca. Tras ello Lenteja ladraba como si los grititos de su dueño le molestasen y quisiese que se callase.
Pero el viaje llegó a su fin cuando vieron en el horizonte un pequeño pueblo tradicional en Japón que parecía sacado de alguna película antigua. Las casa no eran muy altas pero tenían la mayoría dos plantas y además estaban alzadas. En cada calle había antiguas escaleras de madera en las que los insectos habían construido sus propias casa. Aparcaron cerca de una casa donde una ancianita de baja estatura, que entre sus canas aún se podían distinguir algunos cabellos que indicaban que antes era rubia, les esperaba en la puerta de una casa casi idéntica a las demás. Nozomu salió corriendo a abrazarla con una cara de total felicidad.
-¡Abuela! -exclamó el chico.
-¡Ay! Mi niño, mira que guapo está. ¡Y que mayor! Pero estás muy delgado ¿no me estarás comiendo mal? -saludó la mujer enganchándole de los mofletes.
-No, la verdad es que no. -aclaró la joven.
-Mira mi guapa Mihoshi, ya está hecha una mujer de verdad. Y mi Fumiko, si no se la notan nada los años.
-Bueno, madre tampoco estoy tan mayor.
-¿Y Nagato? El señor de la casa. -acabó de dar la bienvenida a la familia.
-Mira, abuela, este es Nao, un amigo mío. -puntualizó Nozomu agarrando al castaño por la muñeca para obligarle a acercarse.
-Ya, Fumiko me dijo que vendría. Ven niño que te vea bien. -Nao hizo caso a la anciana. -¡Uy! ¡Que chico más alto y más guapo! ¡Mihoshi deberías echártelo como novio!
-Abuela que cosas dices. -se rió ella.
-¿Por qué? ¿A que mi nieta es muy guapa? -preguntó a Nao.
-Sí… claro… es guapa. -afirmó Nao sin saber que contestar a la señora.
-Sí pero es mi amigo. Ella casi ni le conoce. -aclaró Nozomu.
-Bueno, da lo mismo pasad pasad. Ya he preparado vuestras habitaciones, La de los chicos y la de Mihoshi son las de arriba.
La casa de la señora Nozomi, madre de Fumiko Nozomi, era totalmente tradicional plagada de grandes puertas correderas de madera. En el jardín había un pequeño estanque donde nadaban unas carpas algo pasadas de peso a las que Lenteja ladraba como si estuviesen comportándose mal. La planta de arriba era más baja que la otra, y hacía la forma triangular del tejado. Nao miró todo lo que había en el cuarto con los ojos muy abiertos. Se podían ver viejos juguetes encima de las estanterías, la verdad que resultaba un ambiente familiar pero a la vez era melancólica.
-¿Estos juguetes son tuyos? -preguntó el castaño mirando un peluche.
-Algunos, pero la mayoría son de mi madre, de cuando era pequeña y vivía aquí.
-No me imaginaba que tu madre fuese de campo, se la ve tan… no sé… cosmopolita…
-Ya, la verdad es que no le gusta mucho el pueblo.
-¿Y tu apellido es el materno?
-Sí, cuando mis padres se casaron decidieron que el nombre de mi madre fuese el de la familia porque Yamada, el de mi padre, es de lo más común y no es tan bonito.
-Ya veo…
-La familia de mi padre no estaba muy conforme, pero ellos siempre han sido unos rebeldes sin causa. ¡Ah! Y eso de que mi nombre es tonto se lo dices a mi madre que es la que me lo puso.
-No si se nota que ella es a la que se le ocurren, porque el de tu hermana significa “Estrella de la esperanza” y el tuyo “Desear la esperanza”. Le gusta poner nombres parlantes.
-Pero son bonitos, así a mi me gustan más.
-Lo que tu digas.
-Pero cambiando de tema. ¿Te gusta mi pueblito?
-Sí… se ve tranquilo.
-Te lo enseñaría detenidamente pero tendrás que esperar ya ha mañana porque mi abuela es de las que se van a dormir enseguida y ya está oscureciendo. Pero mañana iremos al río de paseo. ¿Vale?
-Me parece bien.
Como había dicho Nozomu cuando bajaron tras guardar la ropa en el armario y acomodarse la abuela del chico ya estaba preparando la cena. El chico, ahora moreno, no miró con especial interés el estofado que la señora preparaba, pero no se atrevió a decir nada. Cuando la mesa estuvo puesta todos se sentaron alrededor de ella, Nozomu apresurado, se colocó al lado de Nao para evitar que su hermana lo hiciese. La más anciana de la familia insistía a su nieto que comiese algo de carne que era muy buena a su edad, pero Nozomu hacía caso omiso y solo llevaba a su plato algunas verduras. Y en cuanto su familia se despistaba daba parte al perrillo o lo echaba de nuevo a la hoya. Mientras que el castaño parecía algo avergonzado de la situación, estar rodeado de esa gente que le sonreía y le hablaba como si le conociesen de siempre. Pero en el fondo se alegraba mucho de que le hubiesen dejado salir de su jaula por lo menos aquellos días de verano.
sábado, 19 de marzo de 2011
15. Nozomu's village.
La noche del Tanabata había dado comienzo oficialmente. Todas las chicas, tanto residentes como las que solo estaban de paso, tanto enfermeras como doctoras, ya se vestían con sus kimonos. La gente hacía cola alrededor de las ramitas verdes de bamboo para colgar las papeletas en ellas. Nao miraba atentamente como sus amigos intentaban hacer lo propio aunque él no se sintiese muy interesado en ello. Aun así Nozomu y Amai le habían acabado por convencer de que él también escribiese su deseo en uno de los papeles. La verdad es que los dos chicos intentando engancharlos en las hojas y dando grititos ilusionados le recordaba a un par de niños pequeños y le hacían sonreír ligeramente. Al final el castaño cedió a las peticiones de sus amigos y colocó el también su papeleta.
-¿Qué has pedido Nao? -preguntó Nozomu con cara curiosa fijando sus ojos verdes en el mayor.
-No te lo voy a decir. -contestó el aludido sin ni siquiera cambiar la expresión.
-¿Por qué no? Yo he pedido que mientras estoy aquí no cierren mi forito.
-Pues muy bien, te parecerá bonito.
-¿Y tú? Si yo te digo lo que quiero tienes que hacerlo tú también.
-Si tú me lo cuentas es problema tuyo, yo no tengo porque hablar de ello. Además este tipo de cosas siempre me han parecido algo triviales…
-¿Triviales? A veces no hay quien te entienda. Bueno, da lo mismo… Oye, ¿te gustaría venir conmigo de vacaciones?
-Supongo… Pero yo no voy a irme a ningún sitio.
-No, me refiero a que si te gustaría a ir a mi pueblo conmigo y mi familia.
-¿Lo dices en serio?
-Claro que si. Así ya no estarás aquí solo todo el verano. Además te lo pasarás muy bien enserio.
-Ya me lo puedo imaginar pero no quiero causar molestias en tu casa.
-Tú no eres ninguna molestia, descuida por eso.
-¿A tus padres no les importa?
-No, ya he hablado con ellos y me han dicho que se lo comentarán a Mizuki para ver que les dice ella, pero ya verás como si que te dejan.
-Pero…
-Ni peros ni peras. Tú te vienes conmigo “to the Nozomu’s Village” así que ve preparando la maleta.
Nozomu sabía perfectamente que Nao iría con ellos. Ya había convencido a sus padres y en esos momentos debían estar hablando con la psicóloga. Seguro que ella opinaba como el rubio, seguro que pensaba que nao tenía que salir. Y así era, cuando los patriarcas de la familia Nozomi le hablaron a la mujer de la idea de su hijo ella contestó con una amplia sonrisa que no tendrían de que preocuparse, que Nao era un chico muy tranquilo, solo tendrían que asegurarse de que se tomaba los calmantes y no debería pasar nada fuera de lo común. La morena de gafas estaba muy contenta de escuchar esa noticia, para su paciente sería realmente beneficioso estar en un ambiente familiar que encerrado en aquel sitio desde luego no iba a encontrar.
Un poco más convencidos de que podían fiarse del amigo de su hijo tras hablar con la especialista fueron a reunirse con ellos en el jardín. A lo mejor si a Nozomu le acompañaba alguien en quien confiara podría abrirse algo más a sus padres. En el fondo no era del todo una mala idea y todavía tenían cuatro días para preparar las cosas y hacer un huequito al chico en la casa de la madre de Fumiko. Se acercaron a los cuatro jóvenes que estaban comentando lo mal que se veían las estrellas desde la ciudad y que no se podían ver ninguna de las dos por las que se celebraba aquella fiesta, Vega y Altair.
-¿Ya habéis colgado vuestros deseos? -preguntó la mujer rubia desde detrás de ellos.
-Sí. -contestó el hijo. -¿Has hablado ya con Mizuki-san?
-Tranquilo hijo ya lo hemos hecho. -continuó el padre.
-¿Y a que os ha dicho que puede venir con nosotros?
-Sí… nos lo ha dicho…
-¿Entonces puede venir?
-Supongo que si…
-¡¿Has oído eso Nao?! -exclamó para llamar la atención del propio castaño que seguía sumido en la conversación con las dos chicas.
-¿El que? -interrogó el chico a modo de respuesta.
-Nao, vas a venir de vacaciones con nosotros. Ya verás, te va a encantar, allí si que se ven las estrellas, y hay animalitos, y un río…
-¿De veras me dejan ir? -volvió a cuestionar en cierto modo ignorando las alegres palabras del rubio.
-Si cariño, hazte a la idea de que no te vas a librar de nuestro hijo tan fácilmente. -respondió la madre con una sonrisa cálida.
-Pero es que no quiero estropearles los planes.
-Tranquilo tú solo haz la maletas.
-Pues… la verdad es que ahora no se que decir… gracias… muchas gracias… hacía mucho que no iba a ningún sitio en el verano.
-De nada hijo… -habló de nuevo la mujer.
-¡Que suerte! -exclamó Amai desde atrás escuchando la conversación de los Nozomi y su amigo -Os tenéis que echar muchas fotos para que yo pueda verlas cuando regrese del viaje con Kei-chan. ¡Ah! Si os tengo que presentar a Kei-chan. ¡Voy a llamarlo! -Y uniendo el dicho con el hecho dio una carrerilla para llamar a su tutor casi cayendo por lo difícil de caminar con esas sandalias de madera.
-Esa chica es muy nerviosa. -observó el padre del chico rubio.
-Sí, pero es muy simpática. Casi siempre está alegre, pero si se entristece, se molesta o se enfada no se la puede sacar de su cuarto. -informó el hijo de este.
-Ya veo. Nozomu ha conocido gente muy curiosa, me alegro de que te hallas echo amigos aquí, estábamos bastante asustados pensando que podías estar tú solo hasta que salieses de aquí. -habló la mujer posando la mano en el hombro del chico.
-Pues ya ves que no.
-Lo que me sorprende es que no hallas entablado esa relación con los pacientes como tú.
-Bueno eso es porque yo soy el único chico en la segunda planta y claro… Pero también he conocido más gente.
-El problema, -interrumpió Nao -es que los residentes de las plantas superiores somos considerados como peligrosos o violentos, por eso ninguno de los otros se acercan a nosotros, solo Nozomu se ha atrevido.
-Si es que soy más majo… -comentó el aludido como hincando su ego.
-¿Vosotros siempre os calificáis por las plantas en las que estáis?
-Más o menos. En este hospital no hay enfermos demasiado problemáticos porque a ellos se los llevan a otro que hay en una ciudad no demasiado lejos. Y dentro de este están en el pabellón A los ancianos y los niños, mientras que en este otro estamos nosotros. Pero además en el edificio dependiendo de la enfermedad estás en una planta u otra. Por ese motivo los del piso número uno y dos rara vez se relacionan con los de la tercera y cuarta.
-¿Pero eso no es como una separación algo clasista? O eso me parece… -puntualizó Mihoshi dando su punto de vista.
-Es solo un modo de estar organizados pero es inevitable que haya separaciones. No se si me explico muy bien.
-Entiendo… -afirmó el padre acompañando la palabra con un gesto con la cabeza.
-¡Hola de nuevo! -saludó a Amai agarrada de la mano de su padre adoptivo -¡Mira Kei-chan estos son los padres de Nono!
-Encantado mi nombre es Keigo Akatsuki, el tutor de esta cabeza nerviosa.
-Ya, nos ha dicho varias veces que tenía que presentárnoslo. Mucho gusto.
-¡Que suerte tiene Amai! ¿No? Keigo es muy guapo, cuando me hablaste de el me imaginé a un hombre de la edad de mis padres pero ya veo que no… -comentó la joven rubia acercándose a la paciente.
-¡A que sí! ¡Pero Kei-chan es mío, solo mío, mi tesoro. -bromeó la aludida enganchándose del brazo del hombre y restregándose como si de una gatita se tratara.
-¡Hala! ¡Ya comienzan los fuegos artificiales! -exclamó, dándose un pequeño susto con la explosión, Nozomu señalando las chispas de colores que caían del cielo como estrellitas fugaces.
-Que bonitos… -afirmó Amai sin soltarse de su tutor.
-Y ruidosos. ¿Verdad? -observó Nao viendo como el menor se tapaba los oídos con cada cohete.
-Es que no me gusta nada ese ruido.
-Miedoso… -musitó la hermana para que el joven no la escuchase.
Los fuegos llegaron a su fin y con ellos el pequeño festival que habían improvisado en el hospital. Los familiares de los residentes marcharon progresivamente casi en el mismo orden en el que habían venido. Entre ellos los padres y hermana de Nozomu que no se fueron sin antes recordarles que en cuatro días se marcharían y que se fuesen preparando para el viaje. Ahora simplemente te encontraban en esa situación extraña que se crea después de una fiesta. Cuando se empiezan a recoger los adornos y a guardarlos esperando la llegada del año siguiente. Lo único que pasaría la noche entera sin acabar en la basura sería el árbol de bamboo que aguardaría a la mañana.
Nozomu miró con ojos algo melancólicos como Sachiko y Hanabi guardaban todos los coloridos adornos en una caja de cartón con la ayuda de un hombre de la misma edad que ellas de pelo cenizo. La noche ya estaba entrada en horas, por lo menos más de lo que él estaba acostumbrado. Nao, Amai y el mismo permanecían sentados en un escalón mientras la gente te iba marchando a sus cuartos a descansar. El castaño parecía deseoso de hacer lo mismo que ellos porque ya los ojos se le cerraban solos como si dos pesos tirasen de ellos. Y curiosamente Amai parecía haber perdido toda su energía con la despedida de su familiar. Tras comentar alguna anécdota los dos mayores se marcharon a sus correspondientes habitaciones, por otro lado Nozomu no quería irse aún. No hacía tanto calor como todos decían. La brisa veraniega que soplaba y hacía que se le moviera el pelo haciéndole cosquillas en la sien era muy agradable. Y tampoco tenía tanto sueño. Pero si mucha curiosidad. Verdaderamente quería saber cual había sido el deseo que sus amigos habían escrito. Se acercó a l rama de bamboo para leer las papeletas. Si él había dicho su petición tenía derecho a saber el de ellos. Tubo que auparse sobre las puntas de sus pies para poder llegar sin problemas a descolgarlos. El primero que logró fue el de Amai, supo sin problemas que era el suyo puesto que el papel lo había decorado con el dibujo de un oso.
“Quiero pasarlo siempre muy bien!”
Leía el rubio cosa que hizo que sonriese ligeramente. Ese deseo era totalmente propio de la chica. Ahora se dispuso a hacer lo mismo con el de Nao. Buscó un segundo con la mirada donde lo podía haber colgado. Enseguida lo vio, la letra de Nao era inconfundible.
“Que desaparezca el Dolor.”
Era lo que ponía en la papeleta del castaño. Era un deseo de lo más extraño, que tampoco le extrañaba por parte de su amigo. “El Dolor…” Lo había escrito con mayúscula, conociendo mínimamente a Nao eso tenía que tener una simbología que el no llegaba a entender. Podía ser una personificación. Se paró a pensar un segundo detenidamente en ello, y en un solo fogonazo de inspiración recordó el primer día que estuvo allí. Cuando por casualidad encontró la vieja carpeta de Nao en el suelo. Justo antes de hacerlo escuchó la voz de Nao exclamar algo: “Déjame, Tsuke.” Sí eso fue lo que dijo en ese momento. “Tsuke” podía ser un acortamiento de “tsukeru” que en japonés significa “dolor”. Era imposible que todo ello fueran casualidades, una vale pero tantas era demasiado raro. Y lo que le dijo Amai acerca de que Nao siempre relacionaba a sus conocidos con sentimientos reforzaba su teoría. Ese tal Tsuke debía de ser alguien que se metía con el castaño, debía de ser realmente desagradable y malintencionado cuando Nao le llamaba como al dolor y deseaba que desapareciese. ¿Pero por qué Nao nunca le hablaba de esas cosas importantes? Si no lo hacía cómo le iba a poder ayudar. Sabía muy bien que él se negaría a contarle eso, podía ser por desconfianza o por orgullo, pero Nozomu Nozomi lograría que ese tipo dejase a su amigo. ¡Ja! O si no, no se llamaba Nozomu Nozomi. Y en el mejor momento puesto que iban a estar alejados de allí durante una temporada.
-¿Qué has pedido Nao? -preguntó Nozomu con cara curiosa fijando sus ojos verdes en el mayor.
-No te lo voy a decir. -contestó el aludido sin ni siquiera cambiar la expresión.
-¿Por qué no? Yo he pedido que mientras estoy aquí no cierren mi forito.
-Pues muy bien, te parecerá bonito.
-¿Y tú? Si yo te digo lo que quiero tienes que hacerlo tú también.
-Si tú me lo cuentas es problema tuyo, yo no tengo porque hablar de ello. Además este tipo de cosas siempre me han parecido algo triviales…
-¿Triviales? A veces no hay quien te entienda. Bueno, da lo mismo… Oye, ¿te gustaría venir conmigo de vacaciones?
-Supongo… Pero yo no voy a irme a ningún sitio.
-No, me refiero a que si te gustaría a ir a mi pueblo conmigo y mi familia.
-¿Lo dices en serio?
-Claro que si. Así ya no estarás aquí solo todo el verano. Además te lo pasarás muy bien enserio.
-Ya me lo puedo imaginar pero no quiero causar molestias en tu casa.
-Tú no eres ninguna molestia, descuida por eso.
-¿A tus padres no les importa?
-No, ya he hablado con ellos y me han dicho que se lo comentarán a Mizuki para ver que les dice ella, pero ya verás como si que te dejan.
-Pero…
-Ni peros ni peras. Tú te vienes conmigo “to the Nozomu’s Village” así que ve preparando la maleta.
Nozomu sabía perfectamente que Nao iría con ellos. Ya había convencido a sus padres y en esos momentos debían estar hablando con la psicóloga. Seguro que ella opinaba como el rubio, seguro que pensaba que nao tenía que salir. Y así era, cuando los patriarcas de la familia Nozomi le hablaron a la mujer de la idea de su hijo ella contestó con una amplia sonrisa que no tendrían de que preocuparse, que Nao era un chico muy tranquilo, solo tendrían que asegurarse de que se tomaba los calmantes y no debería pasar nada fuera de lo común. La morena de gafas estaba muy contenta de escuchar esa noticia, para su paciente sería realmente beneficioso estar en un ambiente familiar que encerrado en aquel sitio desde luego no iba a encontrar.
Un poco más convencidos de que podían fiarse del amigo de su hijo tras hablar con la especialista fueron a reunirse con ellos en el jardín. A lo mejor si a Nozomu le acompañaba alguien en quien confiara podría abrirse algo más a sus padres. En el fondo no era del todo una mala idea y todavía tenían cuatro días para preparar las cosas y hacer un huequito al chico en la casa de la madre de Fumiko. Se acercaron a los cuatro jóvenes que estaban comentando lo mal que se veían las estrellas desde la ciudad y que no se podían ver ninguna de las dos por las que se celebraba aquella fiesta, Vega y Altair.
-¿Ya habéis colgado vuestros deseos? -preguntó la mujer rubia desde detrás de ellos.
-Sí. -contestó el hijo. -¿Has hablado ya con Mizuki-san?
-Tranquilo hijo ya lo hemos hecho. -continuó el padre.
-¿Y a que os ha dicho que puede venir con nosotros?
-Sí… nos lo ha dicho…
-¿Entonces puede venir?
-Supongo que si…
-¡¿Has oído eso Nao?! -exclamó para llamar la atención del propio castaño que seguía sumido en la conversación con las dos chicas.
-¿El que? -interrogó el chico a modo de respuesta.
-Nao, vas a venir de vacaciones con nosotros. Ya verás, te va a encantar, allí si que se ven las estrellas, y hay animalitos, y un río…
-¿De veras me dejan ir? -volvió a cuestionar en cierto modo ignorando las alegres palabras del rubio.
-Si cariño, hazte a la idea de que no te vas a librar de nuestro hijo tan fácilmente. -respondió la madre con una sonrisa cálida.
-Pero es que no quiero estropearles los planes.
-Tranquilo tú solo haz la maletas.
-Pues… la verdad es que ahora no se que decir… gracias… muchas gracias… hacía mucho que no iba a ningún sitio en el verano.
-De nada hijo… -habló de nuevo la mujer.
-¡Que suerte! -exclamó Amai desde atrás escuchando la conversación de los Nozomi y su amigo -Os tenéis que echar muchas fotos para que yo pueda verlas cuando regrese del viaje con Kei-chan. ¡Ah! Si os tengo que presentar a Kei-chan. ¡Voy a llamarlo! -Y uniendo el dicho con el hecho dio una carrerilla para llamar a su tutor casi cayendo por lo difícil de caminar con esas sandalias de madera.
-Esa chica es muy nerviosa. -observó el padre del chico rubio.
-Sí, pero es muy simpática. Casi siempre está alegre, pero si se entristece, se molesta o se enfada no se la puede sacar de su cuarto. -informó el hijo de este.
-Ya veo. Nozomu ha conocido gente muy curiosa, me alegro de que te hallas echo amigos aquí, estábamos bastante asustados pensando que podías estar tú solo hasta que salieses de aquí. -habló la mujer posando la mano en el hombro del chico.
-Pues ya ves que no.
-Lo que me sorprende es que no hallas entablado esa relación con los pacientes como tú.
-Bueno eso es porque yo soy el único chico en la segunda planta y claro… Pero también he conocido más gente.
-El problema, -interrumpió Nao -es que los residentes de las plantas superiores somos considerados como peligrosos o violentos, por eso ninguno de los otros se acercan a nosotros, solo Nozomu se ha atrevido.
-Si es que soy más majo… -comentó el aludido como hincando su ego.
-¿Vosotros siempre os calificáis por las plantas en las que estáis?
-Más o menos. En este hospital no hay enfermos demasiado problemáticos porque a ellos se los llevan a otro que hay en una ciudad no demasiado lejos. Y dentro de este están en el pabellón A los ancianos y los niños, mientras que en este otro estamos nosotros. Pero además en el edificio dependiendo de la enfermedad estás en una planta u otra. Por ese motivo los del piso número uno y dos rara vez se relacionan con los de la tercera y cuarta.
-¿Pero eso no es como una separación algo clasista? O eso me parece… -puntualizó Mihoshi dando su punto de vista.
-Es solo un modo de estar organizados pero es inevitable que haya separaciones. No se si me explico muy bien.
-Entiendo… -afirmó el padre acompañando la palabra con un gesto con la cabeza.
-¡Hola de nuevo! -saludó a Amai agarrada de la mano de su padre adoptivo -¡Mira Kei-chan estos son los padres de Nono!
-Encantado mi nombre es Keigo Akatsuki, el tutor de esta cabeza nerviosa.
-Ya, nos ha dicho varias veces que tenía que presentárnoslo. Mucho gusto.
-¡Que suerte tiene Amai! ¿No? Keigo es muy guapo, cuando me hablaste de el me imaginé a un hombre de la edad de mis padres pero ya veo que no… -comentó la joven rubia acercándose a la paciente.
-¡A que sí! ¡Pero Kei-chan es mío, solo mío, mi tesoro. -bromeó la aludida enganchándose del brazo del hombre y restregándose como si de una gatita se tratara.
-¡Hala! ¡Ya comienzan los fuegos artificiales! -exclamó, dándose un pequeño susto con la explosión, Nozomu señalando las chispas de colores que caían del cielo como estrellitas fugaces.
-Que bonitos… -afirmó Amai sin soltarse de su tutor.
-Y ruidosos. ¿Verdad? -observó Nao viendo como el menor se tapaba los oídos con cada cohete.
-Es que no me gusta nada ese ruido.
-Miedoso… -musitó la hermana para que el joven no la escuchase.
Los fuegos llegaron a su fin y con ellos el pequeño festival que habían improvisado en el hospital. Los familiares de los residentes marcharon progresivamente casi en el mismo orden en el que habían venido. Entre ellos los padres y hermana de Nozomu que no se fueron sin antes recordarles que en cuatro días se marcharían y que se fuesen preparando para el viaje. Ahora simplemente te encontraban en esa situación extraña que se crea después de una fiesta. Cuando se empiezan a recoger los adornos y a guardarlos esperando la llegada del año siguiente. Lo único que pasaría la noche entera sin acabar en la basura sería el árbol de bamboo que aguardaría a la mañana.
Nozomu miró con ojos algo melancólicos como Sachiko y Hanabi guardaban todos los coloridos adornos en una caja de cartón con la ayuda de un hombre de la misma edad que ellas de pelo cenizo. La noche ya estaba entrada en horas, por lo menos más de lo que él estaba acostumbrado. Nao, Amai y el mismo permanecían sentados en un escalón mientras la gente te iba marchando a sus cuartos a descansar. El castaño parecía deseoso de hacer lo mismo que ellos porque ya los ojos se le cerraban solos como si dos pesos tirasen de ellos. Y curiosamente Amai parecía haber perdido toda su energía con la despedida de su familiar. Tras comentar alguna anécdota los dos mayores se marcharon a sus correspondientes habitaciones, por otro lado Nozomu no quería irse aún. No hacía tanto calor como todos decían. La brisa veraniega que soplaba y hacía que se le moviera el pelo haciéndole cosquillas en la sien era muy agradable. Y tampoco tenía tanto sueño. Pero si mucha curiosidad. Verdaderamente quería saber cual había sido el deseo que sus amigos habían escrito. Se acercó a l rama de bamboo para leer las papeletas. Si él había dicho su petición tenía derecho a saber el de ellos. Tubo que auparse sobre las puntas de sus pies para poder llegar sin problemas a descolgarlos. El primero que logró fue el de Amai, supo sin problemas que era el suyo puesto que el papel lo había decorado con el dibujo de un oso.
“Quiero pasarlo siempre muy bien!”
Leía el rubio cosa que hizo que sonriese ligeramente. Ese deseo era totalmente propio de la chica. Ahora se dispuso a hacer lo mismo con el de Nao. Buscó un segundo con la mirada donde lo podía haber colgado. Enseguida lo vio, la letra de Nao era inconfundible.
“Que desaparezca el Dolor.”
Era lo que ponía en la papeleta del castaño. Era un deseo de lo más extraño, que tampoco le extrañaba por parte de su amigo. “El Dolor…” Lo había escrito con mayúscula, conociendo mínimamente a Nao eso tenía que tener una simbología que el no llegaba a entender. Podía ser una personificación. Se paró a pensar un segundo detenidamente en ello, y en un solo fogonazo de inspiración recordó el primer día que estuvo allí. Cuando por casualidad encontró la vieja carpeta de Nao en el suelo. Justo antes de hacerlo escuchó la voz de Nao exclamar algo: “Déjame, Tsuke.” Sí eso fue lo que dijo en ese momento. “Tsuke” podía ser un acortamiento de “tsukeru” que en japonés significa “dolor”. Era imposible que todo ello fueran casualidades, una vale pero tantas era demasiado raro. Y lo que le dijo Amai acerca de que Nao siempre relacionaba a sus conocidos con sentimientos reforzaba su teoría. Ese tal Tsuke debía de ser alguien que se metía con el castaño, debía de ser realmente desagradable y malintencionado cuando Nao le llamaba como al dolor y deseaba que desapareciese. ¿Pero por qué Nao nunca le hablaba de esas cosas importantes? Si no lo hacía cómo le iba a poder ayudar. Sabía muy bien que él se negaría a contarle eso, podía ser por desconfianza o por orgullo, pero Nozomu Nozomi lograría que ese tipo dejase a su amigo. ¡Ja! O si no, no se llamaba Nozomu Nozomi. Y en el mejor momento puesto que iban a estar alejados de allí durante una temporada.
domingo, 20 de febrero de 2011
14. Caprichos y egoismo.
El sol de los primeros días de julio ya pegaba fuertemente, sobretodo a las horas en las que la estrella se encontraba en lo más alto. Tanto era el calor de aquel día que las chicas habían decidido darse un baño en la fuente que recorría todo el hospital como si fuese un riachuelo. Nao y Nozomu no las acompañaban, cada uno por sus motivos. Nozomu realmente no estaba pasando ese calor sofocante del que Amai no paraba de quejarse y a Nao no le apetecía que nadie viese las cicatrices que tenía. Por eso ellos dos se conformaban con meter un poco los pies en el agua. La morena, en cambio, se divertía empapando a las compañeras de planta de Nozomu. Porque aparte de Nao y ella la mayoría pertenecían a aquella sección.
-¿De veras no tienes calor? -le preguntaba por tercera vez en la mañana el castaño a su amigo pasando calor de solo verlo con manga larga.
-No, bueno un poco si. -contestaba el chico alegre.
-¡Vamos chicos! ¡No seáis aburridos! -exclamó la chica salpicándoles para ver si así se animaban.
-¡Mira ahora ya estamos empapados! Ya no tenemos que meternos. -siguió el mayor de los chicos.
-Menudo rollazo… -musitó con un fingido enfado. Y un segundo después volvió a sonreír con cara de que la bombilla se le había encendido. -¡Chicos!
-¿Qué?
-¡Hoy es día siete del siete!
-¡Sí, es cierto! -continuó Nozomu con cara igual de ilusionada. -¡Hoy es el tanabata!
-¿Ya ha pasado una año? -dijo Nao como si no le gustase la idea de que fuese esa fecha.
-Sí, hoy tenemos que pedir los deseos y todo eso.
-Seguro que Sachiko-chan ya ha traído el bambú como todos los años. Además es casi como el día de Nozomu.
-¿Por?
-Porque se piden deseos y “nozomu” significa “desear”. -explicó el mismo rubio.
-Y “nozomi” “deseo” ¿no? -preguntó ella.
-Sí, pero yo lo escribo con el kanji de “esperanza”, así cuando se lee completo quiere decir “desear la esperanza”. Cosas de mi madre.
-Y por eso yo cuando me lo dijo pensé que era un nombre estúpido.
-¡Que malo! -riñó la chica.
-Valla que si lo hizo. Y eso que “nao kanou” significa “todavía posible”.
-Y por eso dije que el mío también lo era. Pero que conste que yo no lo escribo con esos kanjis sino con el silabario hiragana.
-¡Pues yo lo escribo como la palabra “dulce” y mi apellido como “amanecer”!
-Genial, lo voy a apuntar en la lista de cosas que si olvido moriré. -repuso Nao sin ánimo y con tono huraño.
-¡Ja ja! Pues que sepas que tus ironías no me van a fastidiar la noche. Listillo.
-Ya, ya se que hoy es un día estupendo y todas esas cosas.
-Claro porque viene Kei-chan.
-Sí también me dijeron que podía invitar a mi familia para ver los fuegos artificiales. -continuó Nozomu.
-Que suerte tenéis… -musitó en tono amargo de un modo con el que pretendía que no le escuchasen.
Los celos volvían a estar latentes en el interior de Nao. Odiaba aquellos días, no solo el siete, si no todos los que le seguían. La gente se marchaba de vacaciones con sus familias, se reencontraba con sus amigos, podían olvidarse aunque fuese durante unos días de que eran unos enfermos encerrados en un hospital. Amai se marchaba con Keigo todos los años, y siempre a algún sitio interesante del que volvía con mil historias para contarle. En ocasiones decía que las escribiría todas en un libro. Pero él nunca hacía nada digno de plasmarse en un relato… si ni siquiera salía de allí. Ojalá todos ellos se quedasen allí encerrados como él. Era egoísta, mucho y lo admitía pero no podía evitarlo.
Poco a poco fueron llegando los distintos familiares de los residentes del lugar. Uno de los primeros fue el tutor de la morena. Ella corrió ilusionada a abrazarlo efusivamente como si hiciese años que no le veía. Él lo primero que hizo en el rencuentro fue enseñarle el nuevo kimono que le había comprado para esas fechas en las que la gente recorría los festivales con ellos puestos. Era de color amarillo y con una infinidad de florecillas rosas decorándolo. Amai se le enganchó del cuello con una sonrisa de oreja a oreja dándole las gracias y dio una carrera al cuarto para probárselo aunque todavía quedasen horas para los fuegos artificiales, ella seguro que ya no se lo quitaría en todo el resto de la tarde. Un rato, bastante largo, después llegó la familia Nozomi saliendo de su coche plateado. La madre del chico, Fumiko Nozomi, no pudo ocultar la alegría que sentía la ver de nuevo a su hijo, aunque no hiciese mucho tiempo desde la última visita que le hicieron. Por otro lado el padre y Mihoshi se alegraban pero algo más suaves que la matriarca. Como Nozomu se había imaginado tanto ella como su hermana llevaban unos kimonos diseñados por la misma madre.
-¡Mirad! -exclamó el rubio cuando logró escabullirse de los brazos de su madre. -Os tengo que presentar a Nao y a Amai, los que os hablé la última vez. ¡Chicos venid! -dijo refiriéndose a sus dos compañeros.
-¿Esta es tu familia, Nozomu? -preguntó alegremente Amai acercándose a ellos.
-Sí, son ellos, estos son mis padres y mi hermana Mihoshi. Y ellos dos son Nao y Amai. -explicó el menos a ambos lados de la conversación.
-¡Encantada! Yo soy Amai Akatsuki, soy la nueva amiga de Nozomu. -se presentó la chica con una enérgica reverencia.
-El placer es nuestro. -habló el padre por los tres.
-Entonces tu eres Nao Kanou. -adivinó la madre.
-Sí, soy yo. Mucho gusto.
-Valla… -murmuró la hermana. -Nozomu, preséntale mejor tu amigo a tu hermana.
-Mihoshi, estás babeando. -se burló Nozomu con cara traviesa, por otro lado Nao no parecía ni percatarse del piropo que la chica le había lanzado.
-Eso pasa porque no estoy acostumbrada a ver chicos tan guapos. Como te tengo a ti de hermano. -respondió Mihoshi con tono jocoso.
-Venga no peléis que hace mucho que no os veis y deberíais de estar abrazándoos de la emoción. -repuso la madre de los dos rubios.
-Tener un hermano tiene que ser muy divertido… Ojalá yo tuviese uno. -rió Amai viendo como los Nozomi peleaban.
-No si son como ella, te lo aseguro.
-Bueno vale ya del tema. -cortó el padre.
-Eso, además ahora que dentro de unos días nos vamos a ir de vacaciones al pueblo tendréis que aguantaros a diario.
-Eso es lo único malo de ir al pueblo de la abuela… -musitó Nozomu.
-Bueno vamos a decorar el bambú y así mientras le presento a Kei-chan a tus padres. Ahora él está hablando con Mizuki-chan. -concluyó Amai sonriente comenzando a caminar seguida por todos los demás.
A el castaño le dio rabia escuchar eso de que su amigo también se marchaba y le dejaba solo. Intentó esconder ese escozor que le quemaba por dentro pero Nozomu se percató de aquella expresión en el rostro de su amigo y no pudo sentir pena de tan solo imaginarse aquellos días para Nao. No quería que el castaño se quedase allí sin nadie, estaba seguro de que eso no podía ser bueno para él. ¿Y si empeoraba mientras él y Amai no estaban en el hospital? De pronto al rubillo se le encendió la bombilla. Solo tenía que convencer a sus padres de que dejasen a Nao ir con ellos. Sus padres eran muy simpáticos y Nao muy educado y serio, seguro que estarían de acuerdo.
-Mamá, papá.-empezó Nozomu quedándose un poco detrás junto a ella y su marido mientras que Mihoshi hablaba con Amai animadas acompañadas por Nao. -¿Puedo pediros una cosa?
-Por supuesto hijo.
-Es sobre las vacaciones. Yo… Bueno había pensado en que nos vamos a ir y mi amigo Nao se va a quedar solo durante todo este tiempo.
-¿Si? ¿Él no se va a ningún sitio?
-Esa es la cuestión… Es que Nao no tiene a nadie… esta muy solo.
-¿No?
-No, él no me ha querido contar mucho solo sé que sus padres le abandonaron cuando era pequeño o algo así. Y ahora se va a tener que quedar aquí sin nadie porque Amai también se va con su padre.
-¿Nos estás pidiendo que le llevemos con nosotros?
-Sí… es que no quiero que se encuentre tan solo…
-Pero Nozomu… -la madre no sabía como objetar a lo que su hijo les pedía sin parecer demasiado ofensiva. -Tú amigo, Nao… ¿Por qué está aquí?
-Tiene esquizofrenia. -respondió el hijo de la pareja con una naturalidad que a los padrea asombró de cómo hablaba el chico de el tema.
-¿Un esquizofrénico? -preguntó la mujer un poco asustada por pensar que su hijo se estaba juntando con alguien con aquella enfermedad, puede que esa fuese la primera reacción normal que tenía una persona que no entendía de esos temas.
-Pero Nao es muy tranquilo, de veras… Los esquizofrénicos no son para nada como los de las series de crímenes… -continuó él intentando calmarla aunque no parecía conseguirlo.
-Ya aun así… Nozomu, compréndelo, es difícil meter en casa a un enfermo mental así. Además no lo conocemos casi, si hubiesemos hablado un poco más con él…
-Pero de verdad… Que Nao no va a hacer nada, el solo tiene que tomarse unas pastillas de vez en cuando y todo va bien. Y podéis hablar con él cuanto queráis, ya veréis que me daréis la razón. Puede que al principio parezca algo seco o borde pero luego… -pidió Nozomu si ocurrírsele como convencerles.
-Mira, lo sentimos pero no podemos hacerlo.
-¡Pues entonces yo no voy! -amenazó frunciendo el ceño e hinchando lo mofletes.
-¿Cómo que no vas? Hace más de un año que no ves a tu abuela, te echará de menos.
-¡Pero no voy a dejar al pobre Nao aquí encerrado y solo! ¡Asíque si él no viene pues yo tampoco! -masculló con tono de niño caprichoso y algo mimado. Los padres se miraron el uno al otro como deseándose paciencia mutuamente sabiendo que al final su hijo lograría lo que quería.
-Bueno… -empezó el padre -Pero primero queremos hablar con su doctora…
-¡Genial! ¡Gracias papis! Mizuki-san es muy simpática seguro que ella opina que si Nao sale de aquí se encontrará mejor. -comentó él echando a correr para atrapar a sus amigo y hermana. -Voy con ellos que ya tengo pensado el deseo que voy a pedir.
El chico se alegraba ya que sabía a ciencia cierta que sus padres accederían rápidamente a llevar consigo a su amigo. Al fin de al cabo el rubio siempre conseguía de ellos todo lo que se proponía. Sí, Nozomu era un niño consentido. Siempre lo había sido, estaba acostumbrado a que sus padres le hiciesen caso incluso por encima de su hermana mayor. Puede que eso para él fuera una de las mayores ventajas que encontraba de su vida pero realmente ninguno de los involucrados en los caprichos de Nozomu se diese cuenta de el daño que le hacían. Él siempre había sido muy sensible, cuando era pequeño se echaba a llorar cada vez que algo no le salía tal y como quería. Necesitaba que todo estuviese perfecto. Por eso, porque cada vez que las lágrimas se le saltaban sus padres corrían a ayudarle, a consolarle, a decirle que él lo había hecho bien, que era el mejor. Y cada cosa que quería se la conseguían sin dudar solo para que se alegrase un poco de su disgusto. Eso a la larga afectó al chico haciendo que se mal acostumbrase a aquello. Él era perfecto, tenía que ser perfecto. Tal vez, puede que en parte por eso Nozomu se encontrase en ese estado.
-¿De veras no tienes calor? -le preguntaba por tercera vez en la mañana el castaño a su amigo pasando calor de solo verlo con manga larga.
-No, bueno un poco si. -contestaba el chico alegre.
-¡Vamos chicos! ¡No seáis aburridos! -exclamó la chica salpicándoles para ver si así se animaban.
-¡Mira ahora ya estamos empapados! Ya no tenemos que meternos. -siguió el mayor de los chicos.
-Menudo rollazo… -musitó con un fingido enfado. Y un segundo después volvió a sonreír con cara de que la bombilla se le había encendido. -¡Chicos!
-¿Qué?
-¡Hoy es día siete del siete!
-¡Sí, es cierto! -continuó Nozomu con cara igual de ilusionada. -¡Hoy es el tanabata!
-¿Ya ha pasado una año? -dijo Nao como si no le gustase la idea de que fuese esa fecha.
-Sí, hoy tenemos que pedir los deseos y todo eso.
-Seguro que Sachiko-chan ya ha traído el bambú como todos los años. Además es casi como el día de Nozomu.
-¿Por?
-Porque se piden deseos y “nozomu” significa “desear”. -explicó el mismo rubio.
-Y “nozomi” “deseo” ¿no? -preguntó ella.
-Sí, pero yo lo escribo con el kanji de “esperanza”, así cuando se lee completo quiere decir “desear la esperanza”. Cosas de mi madre.
-Y por eso yo cuando me lo dijo pensé que era un nombre estúpido.
-¡Que malo! -riñó la chica.
-Valla que si lo hizo. Y eso que “nao kanou” significa “todavía posible”.
-Y por eso dije que el mío también lo era. Pero que conste que yo no lo escribo con esos kanjis sino con el silabario hiragana.
-¡Pues yo lo escribo como la palabra “dulce” y mi apellido como “amanecer”!
-Genial, lo voy a apuntar en la lista de cosas que si olvido moriré. -repuso Nao sin ánimo y con tono huraño.
-¡Ja ja! Pues que sepas que tus ironías no me van a fastidiar la noche. Listillo.
-Ya, ya se que hoy es un día estupendo y todas esas cosas.
-Claro porque viene Kei-chan.
-Sí también me dijeron que podía invitar a mi familia para ver los fuegos artificiales. -continuó Nozomu.
-Que suerte tenéis… -musitó en tono amargo de un modo con el que pretendía que no le escuchasen.
Los celos volvían a estar latentes en el interior de Nao. Odiaba aquellos días, no solo el siete, si no todos los que le seguían. La gente se marchaba de vacaciones con sus familias, se reencontraba con sus amigos, podían olvidarse aunque fuese durante unos días de que eran unos enfermos encerrados en un hospital. Amai se marchaba con Keigo todos los años, y siempre a algún sitio interesante del que volvía con mil historias para contarle. En ocasiones decía que las escribiría todas en un libro. Pero él nunca hacía nada digno de plasmarse en un relato… si ni siquiera salía de allí. Ojalá todos ellos se quedasen allí encerrados como él. Era egoísta, mucho y lo admitía pero no podía evitarlo.
Poco a poco fueron llegando los distintos familiares de los residentes del lugar. Uno de los primeros fue el tutor de la morena. Ella corrió ilusionada a abrazarlo efusivamente como si hiciese años que no le veía. Él lo primero que hizo en el rencuentro fue enseñarle el nuevo kimono que le había comprado para esas fechas en las que la gente recorría los festivales con ellos puestos. Era de color amarillo y con una infinidad de florecillas rosas decorándolo. Amai se le enganchó del cuello con una sonrisa de oreja a oreja dándole las gracias y dio una carrera al cuarto para probárselo aunque todavía quedasen horas para los fuegos artificiales, ella seguro que ya no se lo quitaría en todo el resto de la tarde. Un rato, bastante largo, después llegó la familia Nozomi saliendo de su coche plateado. La madre del chico, Fumiko Nozomi, no pudo ocultar la alegría que sentía la ver de nuevo a su hijo, aunque no hiciese mucho tiempo desde la última visita que le hicieron. Por otro lado el padre y Mihoshi se alegraban pero algo más suaves que la matriarca. Como Nozomu se había imaginado tanto ella como su hermana llevaban unos kimonos diseñados por la misma madre.
-¡Mirad! -exclamó el rubio cuando logró escabullirse de los brazos de su madre. -Os tengo que presentar a Nao y a Amai, los que os hablé la última vez. ¡Chicos venid! -dijo refiriéndose a sus dos compañeros.
-¿Esta es tu familia, Nozomu? -preguntó alegremente Amai acercándose a ellos.
-Sí, son ellos, estos son mis padres y mi hermana Mihoshi. Y ellos dos son Nao y Amai. -explicó el menos a ambos lados de la conversación.
-¡Encantada! Yo soy Amai Akatsuki, soy la nueva amiga de Nozomu. -se presentó la chica con una enérgica reverencia.
-El placer es nuestro. -habló el padre por los tres.
-Entonces tu eres Nao Kanou. -adivinó la madre.
-Sí, soy yo. Mucho gusto.
-Valla… -murmuró la hermana. -Nozomu, preséntale mejor tu amigo a tu hermana.
-Mihoshi, estás babeando. -se burló Nozomu con cara traviesa, por otro lado Nao no parecía ni percatarse del piropo que la chica le había lanzado.
-Eso pasa porque no estoy acostumbrada a ver chicos tan guapos. Como te tengo a ti de hermano. -respondió Mihoshi con tono jocoso.
-Venga no peléis que hace mucho que no os veis y deberíais de estar abrazándoos de la emoción. -repuso la madre de los dos rubios.
-Tener un hermano tiene que ser muy divertido… Ojalá yo tuviese uno. -rió Amai viendo como los Nozomi peleaban.
-No si son como ella, te lo aseguro.
-Bueno vale ya del tema. -cortó el padre.
-Eso, además ahora que dentro de unos días nos vamos a ir de vacaciones al pueblo tendréis que aguantaros a diario.
-Eso es lo único malo de ir al pueblo de la abuela… -musitó Nozomu.
-Bueno vamos a decorar el bambú y así mientras le presento a Kei-chan a tus padres. Ahora él está hablando con Mizuki-chan. -concluyó Amai sonriente comenzando a caminar seguida por todos los demás.
A el castaño le dio rabia escuchar eso de que su amigo también se marchaba y le dejaba solo. Intentó esconder ese escozor que le quemaba por dentro pero Nozomu se percató de aquella expresión en el rostro de su amigo y no pudo sentir pena de tan solo imaginarse aquellos días para Nao. No quería que el castaño se quedase allí sin nadie, estaba seguro de que eso no podía ser bueno para él. ¿Y si empeoraba mientras él y Amai no estaban en el hospital? De pronto al rubillo se le encendió la bombilla. Solo tenía que convencer a sus padres de que dejasen a Nao ir con ellos. Sus padres eran muy simpáticos y Nao muy educado y serio, seguro que estarían de acuerdo.
-Mamá, papá.-empezó Nozomu quedándose un poco detrás junto a ella y su marido mientras que Mihoshi hablaba con Amai animadas acompañadas por Nao. -¿Puedo pediros una cosa?
-Por supuesto hijo.
-Es sobre las vacaciones. Yo… Bueno había pensado en que nos vamos a ir y mi amigo Nao se va a quedar solo durante todo este tiempo.
-¿Si? ¿Él no se va a ningún sitio?
-Esa es la cuestión… Es que Nao no tiene a nadie… esta muy solo.
-¿No?
-No, él no me ha querido contar mucho solo sé que sus padres le abandonaron cuando era pequeño o algo así. Y ahora se va a tener que quedar aquí sin nadie porque Amai también se va con su padre.
-¿Nos estás pidiendo que le llevemos con nosotros?
-Sí… es que no quiero que se encuentre tan solo…
-Pero Nozomu… -la madre no sabía como objetar a lo que su hijo les pedía sin parecer demasiado ofensiva. -Tú amigo, Nao… ¿Por qué está aquí?
-Tiene esquizofrenia. -respondió el hijo de la pareja con una naturalidad que a los padrea asombró de cómo hablaba el chico de el tema.
-¿Un esquizofrénico? -preguntó la mujer un poco asustada por pensar que su hijo se estaba juntando con alguien con aquella enfermedad, puede que esa fuese la primera reacción normal que tenía una persona que no entendía de esos temas.
-Pero Nao es muy tranquilo, de veras… Los esquizofrénicos no son para nada como los de las series de crímenes… -continuó él intentando calmarla aunque no parecía conseguirlo.
-Ya aun así… Nozomu, compréndelo, es difícil meter en casa a un enfermo mental así. Además no lo conocemos casi, si hubiesemos hablado un poco más con él…
-Pero de verdad… Que Nao no va a hacer nada, el solo tiene que tomarse unas pastillas de vez en cuando y todo va bien. Y podéis hablar con él cuanto queráis, ya veréis que me daréis la razón. Puede que al principio parezca algo seco o borde pero luego… -pidió Nozomu si ocurrírsele como convencerles.
-Mira, lo sentimos pero no podemos hacerlo.
-¡Pues entonces yo no voy! -amenazó frunciendo el ceño e hinchando lo mofletes.
-¿Cómo que no vas? Hace más de un año que no ves a tu abuela, te echará de menos.
-¡Pero no voy a dejar al pobre Nao aquí encerrado y solo! ¡Asíque si él no viene pues yo tampoco! -masculló con tono de niño caprichoso y algo mimado. Los padres se miraron el uno al otro como deseándose paciencia mutuamente sabiendo que al final su hijo lograría lo que quería.
-Bueno… -empezó el padre -Pero primero queremos hablar con su doctora…
-¡Genial! ¡Gracias papis! Mizuki-san es muy simpática seguro que ella opina que si Nao sale de aquí se encontrará mejor. -comentó él echando a correr para atrapar a sus amigo y hermana. -Voy con ellos que ya tengo pensado el deseo que voy a pedir.
El chico se alegraba ya que sabía a ciencia cierta que sus padres accederían rápidamente a llevar consigo a su amigo. Al fin de al cabo el rubio siempre conseguía de ellos todo lo que se proponía. Sí, Nozomu era un niño consentido. Siempre lo había sido, estaba acostumbrado a que sus padres le hiciesen caso incluso por encima de su hermana mayor. Puede que eso para él fuera una de las mayores ventajas que encontraba de su vida pero realmente ninguno de los involucrados en los caprichos de Nozomu se diese cuenta de el daño que le hacían. Él siempre había sido muy sensible, cuando era pequeño se echaba a llorar cada vez que algo no le salía tal y como quería. Necesitaba que todo estuviese perfecto. Por eso, porque cada vez que las lágrimas se le saltaban sus padres corrían a ayudarle, a consolarle, a decirle que él lo había hecho bien, que era el mejor. Y cada cosa que quería se la conseguían sin dudar solo para que se alegrase un poco de su disgusto. Eso a la larga afectó al chico haciendo que se mal acostumbrase a aquello. Él era perfecto, tenía que ser perfecto. Tal vez, puede que en parte por eso Nozomu se encontrase en ese estado.
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