viernes, 6 de mayo de 2011

17. Nostalgia, celos y otros sentimientos.

Nao apareció por la puerta de la cocina con la cara aún adormilada el pelo enredado en una maraña y los ojos cerrados por algunas legañas. Al parecer Nozomu había decidido dejarle dormir en paz por lo menos durante ese día. Él no había dormido muy bien, parecía que había llorado y por eso tenía los ojos más cerrados he hinchados que de costumbre. Seguramente había sido por la falta de costumbre de dormir allí. En el fondo le daba un poco de miedo estar tan lejos del hospital.

En la sala solo estaba la madre que no había terminado de desayunar. Esta se quedó mirándole con una sonrisa bastante cálida, que tal vez por eso a Nao le dio una extraña sensación también producida por la falta de costumbre.

-Nozomu y Mihoshi se han ido a ver a unos gatitos que ha tenido una vieja amiga de la albuela. No creo que tarden mucho. Voy a calentarte el desayuno.-informó la mujer.
-Gracias. Siento haber dormido tanto, debo de parecer un maleducado.
-Tranquilo, ya me ha dicho Nozomu que sueles dormir muy mal. Al parecer hoy tuviste una pesadilla y por eso no te despertó. -aclaró acercándole el plato con un poco de arroz y sopa de miso.
-Suelo tenerlas.
-Pobrecillo.
-Señora Nozomi…
-Uy, no me llames así que me siento muy mayor. Mejor Fumiko.
-Vale, Fumiko. Les ha molestado mucho que viniese ¿cierto?
-No hijo. ¿Cómo nos iba a molestar?
-Bueno es porque meter en su casa a un enfermo como yo… Por lo menos un poco de miedo…
-La verdad es que al principio si asusta un poco. Pero eres muy tranquilo y educado. Mis hijos son unos chillones que no paran de discutir, deberían de aprender de ti. Sin embargo, todo el mundo tiene sus prejuicios…
-Sí, todos los tienen. Nozomu es el único que no ha parecido tenerlos conmigo… es un poco insensato.
-Más de lo que te imaginas. De pequeño se fiaba de todo el mundo, una de sustos que nos daba, siempre se estaba perdiendo.
-Eso si que es peligroso para un niño. Uno no se puede fiar de lo que hay por el mundo.
-Ni que lo digas, además es un cotillo, una vez se quedó atascado en unas rejas de una casa abandonada por perseguir a un gato. Le encontramos dos horas más tarde con la cabeza dentro del jardín y el cuerpo fuera. No paraba de llorar el pobre.
-No sé porqué no me extraña viniendo de él.
-Era un niño muy travieso. -sonrió la madre al recordar aquellos días en los que sus hijos no eran más que un par de niños. -Siempre ha pecado de inocente… Y ahora que ha crecido la verdad es que no sé si ha mejorado o no. No me puedo creer todavía lo que le está pasando.
-Debe de ser muy duro que a un hijo le ocurra algo así.
-Mucho. Y a veces me siento culpable de haberle involucrado en este mundo tan superficial. Siempre nos habíamos preocupado por Mihoshi, la hablábamos del tema, la vigilábamos e incluso la llevábamos a un psicólogo de vez en cuando para que se asegurase de que no caía en la anorexia. Nunca pude imaginar que el que caería era Nozomu. Recuerdo que empezó con minucias, como poner papel absorbente para las comidas fritas, saliendo a caminar todos los días. Ni si siguiera me preocupé. -Nao pudo ver como por la mejilla de la mujer rodaba una lagrima cristalina que arrastraba algún resto de maquillaje que quedase en ella. Fumiko se sintió algo incomoda por el silencio del pensativo chico. -Lo siento, debe aburrirte mucho lo que yo te cuente.
-No que va. Estaba pensando en que Nozomu tiene mucha suerte de tener una madre tan buena y amable que se preocupa así con él.
-¡Anda niño no seas pelota! -bromeó la rubia.
-Lo digo en serio. Yo no me acuerdo de mi madre, ya no la recuerdo. A veces me parece poder imaginar como era estar con ella, pero no puedo acordarme de verdad.
-Eso también debe de ser muy duro.
-No tanto, como no la recuerdo no puedo echarla de menos. Aunque me es inevitable sentir una extraña nostalgia. Bueno, ahora soy yo el que la aburre…
-Al contrario, ya se porqué le gustas tanto a mi hijo. Con lo curioso que es seguro que le resultan interesante. O sea no quiero decir que me alegre por esas cosas tan tristes que me dices pero… -las palabras de la madre se vieron interrumpidas por una da las risitas descontroladas de Nao.
-¡Ji, ji! Perdón, pero es que ahora ya sé a quien a salido su hijo. Los dos habláis muy parecido y me ha hecho gracia.
-No pasa nada… Si te hace gracia, ríe. Es mejor que verte totalmente serio como hasta ahora. ¿Y no recuerdas nada a tu madre?
-Ni a mi padre tampoco. Recuerdo sensaciones, pero no personas. Sé que he tenido, que los he llegado a conocer, que cuando tenía miedo llamaba a mi madre y que a mi padre le gustaba volar cometas conmigo, pero no puedo recordarles a ellos. Hace mucho que no los he visto y he olvidado sus caras y sus voces.
-No quiero parecer una cotilla como mi hijo… Pero ¿se puede saber que les pasó?
-No es un tema del que me gusta mucho hablar. Desaparecieron, un día al volver a casa, ellos no estaban y no volvieron más. Fue una sensación de abandono muy grande, y a partir de ahí nada mejoró. Todo fue en picado… ¿No sé si puedo explicarlo bien?
-Tranquilo, te entiendo.
-Es que a veces me cuesta mucho decir lo que estoy pensando. En mi cabeza todo suena bien pero a medida que lo digo me da la impresión de que las palabras se desordenan.
-Claro será parte de… -paró para intentar no meter la pata.
-Esquizofrenia, puede decirlo. No va a ofenderme.
-Ya veo. Eres muy conciente de tu enfermedad, más que Nozomu, mucho más.

Y al mencionarlo, la voz de Nozomu sonó estruendosamente en un agudo chillido. Luego se escuchó las palabras de la hermana metiéndose con el moreno. La madre de la pareja se asomó por la ventana para ver que era lo que ocurría. Fuera estaban ellos dos junto al padre, la abuela y el cachorrillo que era sujetado por la joven con la correa. Nozomu tenía un pequeño gatito que intentaba zafarse de los brazos del chico. Este lo había traído porque quería que Nao y su madre viesen al lindo gato recién nacido. Luego vio como entraba en la casa para poder hacer su propósito, unos segundos después ya estaba en el salón.

-Mirad, este es el pequeño Bizcocho. -habló incluso antes de saludar.
-Ya estamos aquí, buenos días Nao. -dijo la chica en un tono menos nervioso -Como os habréis imaginado, le han dejado ponerle nombre al minino de la señora Yahiko.
-Me ha dejado tenerle aquí un ratito, esta tarde tenemos que volver a llevárselo. ¿Vendrás a devolverlo Nao? Así te enseñamos el río que es muy bonito.
-De acuerdo iré. No creo que me dejes otra opción.
-¡Ja! Claro que no. Que bien me conoces.

Nozomu se pasó todo el medio día jugueteando con el pequeño gatuno. A la hora de comer Fumiko tuvo una pequeña discusión con su madre a cerca de porqué no podía obligar a Nozomu a comer demasiado, aunque la anciana no parecía entender a lo que se refería con lo de que su nieto estaba enfermo y por eso no podía comer mucho. En su época al enfermo se le daba de comer para que se pusiera fuerte pronto. Pero finalmente el chico se salio con la suya. Tal como les mandaron, unos minutos después de la comida Nozomu metió al minino en una cestita para llevarlo mejor, y los tres jóvenes y el perro se dispusieron a devolverlo. En el pueblo las casas estaban bastante alejadas las unas de las otras por los jardines. El paseo se les hizo corto entre las explicaciones que el menor le daba a su amigo y sus discusiones familiares con su hermana. Dejaron al gatito en casa de su dueña, y como era el plan enseñarían el río a Nao.

No era un arroyo similar al artificial que recorría el hospital, como había imaginado el castaño. Era bastante caudaloso y el agua corría a una velocidad moderada pero lo suficiente fuerte como para que se viese la corriente. El río estaba rodeado por una gran abundancia de hierbas que tapizaban de verde el suelo que pisaban y salpicados por algunos árboles como sauces llorones. Además el líquido que corría era claro, tanto que podía verse el fondo y algún pez que pasaba por allí.

-Valla… es más bonito de lo que había imaginado. -murmuró Nao como si pretendiese que sus compañeros no le escuchasen.
-¡Claro que sí! -inquirió Nozomu dando muestra de que había oído las palabras del mayor. -Pero aquí no nos podemos bañar porque la corriente es demasiado fuerte y es peligroso. Más abajo sí.
-Eso te han dicho a ti para que no te metas, seguro que tú llenarías el agua de roña. -se rió Mihoshi.
-¡Claro que no! ¡Yo soy muy limpito!
-Pero el agua es muy cristalina, yo pensaba que ya no había ríos así. -cortó Nao la conversación.
-Eso es porque el agua sale directamente de la nieve que se derrite montaña arriba. Como es un pueblo más bien al norte del país la nieve tarda mucho en descongelarse. Por eso siempre hay un agua muy limpia en esta parte del río. -aclaró la chica señalando el pico de la montaña donde aún se veía cubierto con una capa blanca.
-Eres toda una entendida en estas cosas.
-Es de tantas veces que he venido aquí. Cuando iba a hacer el examen de acceso a la universidad incluso me dejaron aquí a mi sola para que estudiara.
-No es por ser cotillo. ¿Pero que estudias?
-Estudio teleco, ingeniería de telecomunicaciones. Ya sabes fibra óptica, modems, todo eso.
-Yo no entiendo mucho de esas cosas, pero se ve interesante.
-Lo es, a mi por lo menos me gusta.

Nozomu escuchaba enfurruñado la conversación de su amigo con Mihoshi. ¡Porque Nao era su amigo, no el de ella! Parecía que la chica quisiese captar toda su atención, era una egocéntrica, o eso pensaba Nozomu en su cabecita morena. Nao no le estaba haciendo a él ningún caso, ni Nao ni nadie, hasta Lenteja parecía recibir más atención que él. Pensaba mientras miraba al perrillo, al cual llevaba atado su hermana, enfadado como si él tuviese la culpa.

Se alejó de ellos unos metros intentando que no le viesen enfadado. Daba lo mismo, de todos modos no iban a percatarse. Caminó bastante cerca del borde de la orilla, mirando las aguas corriendo.

-¡Nozomu! -oyó llamar a su hermana. -¡¿Qué haces?! Venga que nos marchamos sin ti.
-Va… -contestó con desgana.

Pero al ir a girarse el tobillo se le torció. Tan mal lo colocó que perdió el equilibrio. Un segundo después estaba cayendo al agua que tanto miraba, mientras él solo pudo abrir desorbitadamente sus redondos ojos verdes y soltar un agudo grito. Esta última reacción y el sonido del chapuzón fueron los que hicieron que Nao y Mihoshi se percatasen de que Nozomu se había caído al río. La primera acción de ambos fue correr a sacar del agua al chico. Como Nozomu había advertido la corriente dificultó bastante la acción. Pero por suerte entre los dos pudieron sacarle a tiempo del agua. Eso sí los tres acabaron calados hasta los huesos.

-¡¿Estás tonto?! ¡Mira estamos empapados! -chilló Mihoshi.
-¡Ni que hubiese sido culpa mía! Me tropecé. -explicó el chico todavía enfadado.
-No… Nozomu… -intentó hablar Nao entre la discusión.
-¿Qué pasa?
-Tu pelo… Tu pelo es rubio otra vez.
-Es verdad, mírate.
-Eso no puede ser. -dijo agarrando uno de los mechones al que se le escurrió el tinte. -¡Ay! ¡Que voy a hacer! ¡Si me ve la abuela se va a enfadar!
-¿Te acabas de caer a un río y lo único que te preocupa es que se te ha ido el tinte?
-Pero que nos hemos caído lo podemos explicar, pero cómo le digo yo ahora a la abuela que soy rubio.
-Bueno el que te has caído eres tú, nosotros te hemos ayudado. -puntualizó Nao.
-Vale, diré que el torpe he sido yo, pero me preocupa más lo que me diga del pelo.
-Eso ya es problema tuyo, majo. -siguió la hermana.
-Jopeta… -acabó de hablar el de nuevo rubio Nozomu, mientras los tres se incorporaban para llegar, como fuese a la casa.

martes, 5 de abril de 2011

16. El primer paso.

Habían pasado cuatro mañanas desde el festival, y aquella sería en la que Nozomu “secuestraría” al castaño para llevárselo consigo a su pueblo. El día era soleado, como casi todos en aquellas fechas. Nao se había levantado para guardar la ropa que iba a llevar en su bolsa de viaje. Sentía una extraña mezcla entre impaciencia y algo de miedo, ambos causados por todo el tiempo que hacía que no salía de allí sin contar las pocas veces que Keigo salía con él y Amai cuando eran pequeños a dar un paseo por la ciudad de Negima. Pero ya ni recordaba cuando fue la última vez que se había ido de vacaciones. Volvió a revisar si no se le había olvidado meter el frasco de calmantes y antidepresivos en el bolsillo de la bolsa, no quería tener ningún crisis mientras permaneciese con la familia Nozomi. Escuchó un par de golpes en la puerta que llamaron su atención. El chico intentó abrir la puerta pero fuese quien fuese el que estaba al otro lado de ella no le dejaba.

-Nao, -sonó la voz de Nozomu fuera del cuarto -júrame que no te reirás de mi cuando me veas.
-Yo no juro que eso está muy feo. ¿Pero que te pasa, por qué me voy a reír? ¿Te ha salido un grano como tu cabeza de grande o algo así? -dijo con su voz impasible.
-No lo sabrás si no me lo juras.
-Te voy a ver de todos modos.
-Odio cuando tienes razón. -concluyó abriendo la puerta lentamente como pretendiendo alagar el tiempo de espera. Finalmente apareció delante Nao con un cambio bastante llamativo sus cabellos rubios esa mañana eran de un intenso color negro como si se hubiesen convertido en carbón de la noche a la mañana.
-¿Qué te ha pasado en la cabeza? ¿Hace cuanto no te lavas el pelo?
-Ja, ja, y ¡Ja! ¡Pero que graciosísimo que eres! Me he teñido.
-Ya, ya lo supongo. La cuestión es ¿por qué?
-Es que yo no soy rubio, me decoloré el pelo porque me daba envidia de mi madre y mi hermana que si lo son pero si mi abuela se enterase de lo que hice me daría un castigo horrible. A ella siempre le gustó mi pelo negro… “Es el pelo que todo japonés tiene que tener.” Eso es lo que siempre me dice. -explicó entrando en el cuarto y sentándose en la cama.
-Así que eres moreno. Nunca dejarás de sorprenderme.
-Pero tranquilo, es de estos tintes que se van con un par de lavados de pelo, luego volveré a mi pelo rubio. Me los trajo mi hermana el otro día.
-Bueno, el moreno no te sienta tan mal.
-Ya si no es porque me siente mal o no… déjalo no se como explicarme. -concluyó -Cambiando de tema. ¿Ya has preparado todo?
-Creo que si. ¿Seguro que no estoy molestando?
-Que pesado, que no, no vas a molestarnos. ¿Qué tal si ahora vamos bajando? Mis padres deben estar apuntito de llegar.

Y pasando del dicho al hecho Nao se cargó con su bolsa de deporte y bajaron las escaleras para que el ya no rubio recogiese su maleta tan llena que parecía que se iba ha mudar a un país lejano. Igualmente pasaron por la consulta de sus doctoras y despedirse de ellas. Las reacciones de ambas fueron opuestas como si cada una estuviese en un hemisferio diferente. Tsubaki se despidió de ellos como si realmente tuviera ganas de deshacerse de su paciente. Y en el polo opuesto Mizuki no paró de repetirle al castaño lo bien que le iba a ir y que fuera precavido y que se portase de forma educada y mil cosas más. Parecía que la psicóloga estaba presenciando la despedida de su hijo, cuando unos días antes ya lo había hecho con Amai.

Unos minutos más tarde ya caminaban junto a la verja esperando llegar a la salida seguidos por la segunda de las doctoras para que les dejasen pasar sin problemas. La puerta se abrió con un sonido metálico que aunque era algo molesto a Nao más que parecerle un chirrido le parecía música. Iba a salir de allí, iba a traspasar la verja casi ni se lo creía, el exterior estaba a menos de un paso. Ya estaba apunto de hacerlo, solo un paso. Nozomu ya había salido y se encontraba un par de metros adelante esperando a que lo diese. Puede que eso fuese algo que él no entendiese, por eso no se atrevió a decirlo en voz alta, puede que nadie le llegase a entender nunca. Estaba nervioso y respiraba con dificultad, si no daba ese paso puede que no volviese a tener otra oportunidad para hacerlo.

Solo un paso, uno intermedio justo entre el psiquiátrico y el exterior y por ultimo, el primer paso.

Ya estaba fuera, la verja se había quedado a su espalda. Otro, ya estaba a poco menos de un metro. Otro más, un metro y veinte centímetros. Otro, otro y luego otro más hasta alcanzar a su amigo. Por fin conseguía respirar bien, hasta el aire parecía diferente, ya no era sensación imaginaria que tenía como si con el aire del hospital se asfixiara.

“Vuelve.” Ordenó la voz en el cerebro de Nao sin impedir que siguiese caminando. “Vuelvete. ¿Qué vas ha hacer tú aquí fuera? Este no es tu sitio. Solo te van a pasar desgracias, vuelve a donde estás seguro.”

Pero Nao parecía demasiado contento como para hacer caso de lo que su mente le advertía incansablemente. No debería de hablar por la medicación pero de todos modos a Nao no parecía molestarle demasiado.

El resto de la familia Nozomi no tardó en llegar al sitio en el que habían acordado reunirse. Tras guardar el equipaje de los dos nuevos viajeros y un par de bromas de Mihoshi por el pelo de su hermano se pusieron en marcha. Por suerte como Nozomu era bastante poca cosa sentándose en medio de la rubia y el castaño ninguno de los tres estaba apretado.

-¿Vais bien los tres ahí detrás? -preguntó el padre desde el asiento del conductor.
-Sí. ¿Y Lenteja va bien delante?-afirmó Nozomu.
-Sí hijo el perro va bien.
-Habla por ti retaco. A ti podríamos haberte metido en el maletero, como eres tan chiquitajo si te agazapas seguro cabes.
-¡Mamá!
-Mihoshi no te metas con tu hermano.
-Eso yo no soy chiquitajo, es que aun no me he acabado de desarrollar.
-Ni lo vas a hacer.
-¡Mamá!
-Mihoshi…
-Niño mimado… -susurró ella -Nao, ¿cómo has podido aguantarlo todo este tiempo sin tener necesidad? Porque si yo no fuese su hermana no lo soportaría.
-¿Cómo podéis llegar a llevaros tan mal? -cuestionó el patriarca.
-Bueno, la verdad es que nos conocimos por pura casualidad, y él se auto nombró mi amigo.
-¿Y a que no te molesta?
-Tal vez un poco cuando te pones pesado.
-O sea siempre.
-Más vale que la ignore. No la hagas caso Nao, me tiene celos.
-Ya.
-Se te ve muy tenso Nao, relájate, siéntete como en tú familia. -animó la chica.
-Me encuentro un poco raro. Hace mucho que no estaba… así…
-¿De veras? Tienes pinta de que eres una persona muy interesante.
-Sí y muy misterioso. -puntualizó Nozomu intentando entremeterse en la conversación de su hermana y su amigo -Al principio Nao me parecía un poco borde pero es simpático, no como otras.

En el tono y expresión del chico se podía notar cierto retintín de celos pero Nao no preció percatarse de ello.

Las horas parecían ir más lentas de lo normal dentro del coche pese a que Nozomu y su hermana no paraban de dar conversación a quinto ocupante. Poco a poco el paisaje iba cambiando y haciéndose progresivamente más rural. Dejando en la lejanía los altos y grises edificios característicos de la ciudad. De vez en cuando Nozomu exclamaba ilusionado que había visto una oveja o una vaca. Tras ello Lenteja ladraba como si los grititos de su dueño le molestasen y quisiese que se callase.

Pero el viaje llegó a su fin cuando vieron en el horizonte un pequeño pueblo tradicional en Japón que parecía sacado de alguna película antigua. Las casa no eran muy altas pero tenían la mayoría dos plantas y además estaban alzadas. En cada calle había antiguas escaleras de madera en las que los insectos habían construido sus propias casa. Aparcaron cerca de una casa donde una ancianita de baja estatura, que entre sus canas aún se podían distinguir algunos cabellos que indicaban que antes era rubia, les esperaba en la puerta de una casa casi idéntica a las demás. Nozomu salió corriendo a abrazarla con una cara de total felicidad.

-¡Abuela! -exclamó el chico.
-¡Ay! Mi niño, mira que guapo está. ¡Y que mayor! Pero estás muy delgado ¿no me estarás comiendo mal? -saludó la mujer enganchándole de los mofletes.
-No, la verdad es que no. -aclaró la joven.
-Mira mi guapa Mihoshi, ya está hecha una mujer de verdad. Y mi Fumiko, si no se la notan nada los años.
-Bueno, madre tampoco estoy tan mayor.
-¿Y Nagato? El señor de la casa. -acabó de dar la bienvenida a la familia.
-Mira, abuela, este es Nao, un amigo mío. -puntualizó Nozomu agarrando al castaño por la muñeca para obligarle a acercarse.
-Ya, Fumiko me dijo que vendría. Ven niño que te vea bien. -Nao hizo caso a la anciana. -¡Uy! ¡Que chico más alto y más guapo! ¡Mihoshi deberías echártelo como novio!
-Abuela que cosas dices. -se rió ella.
-¿Por qué? ¿A que mi nieta es muy guapa? -preguntó a Nao.
-Sí… claro… es guapa. -afirmó Nao sin saber que contestar a la señora.
-Sí pero es mi amigo. Ella casi ni le conoce. -aclaró Nozomu.
-Bueno, da lo mismo pasad pasad. Ya he preparado vuestras habitaciones, La de los chicos y la de Mihoshi son las de arriba.

La casa de la señora Nozomi, madre de Fumiko Nozomi, era totalmente tradicional plagada de grandes puertas correderas de madera. En el jardín había un pequeño estanque donde nadaban unas carpas algo pasadas de peso a las que Lenteja ladraba como si estuviesen comportándose mal. La planta de arriba era más baja que la otra, y hacía la forma triangular del tejado. Nao miró todo lo que había en el cuarto con los ojos muy abiertos. Se podían ver viejos juguetes encima de las estanterías, la verdad que resultaba un ambiente familiar pero a la vez era melancólica.

-¿Estos juguetes son tuyos? -preguntó el castaño mirando un peluche.
-Algunos, pero la mayoría son de mi madre, de cuando era pequeña y vivía aquí.
-No me imaginaba que tu madre fuese de campo, se la ve tan… no sé… cosmopolita…
-Ya, la verdad es que no le gusta mucho el pueblo.
-¿Y tu apellido es el materno?
-Sí, cuando mis padres se casaron decidieron que el nombre de mi madre fuese el de la familia porque Yamada, el de mi padre, es de lo más común y no es tan bonito.
-Ya veo…
-La familia de mi padre no estaba muy conforme, pero ellos siempre han sido unos rebeldes sin causa. ¡Ah! Y eso de que mi nombre es tonto se lo dices a mi madre que es la que me lo puso.
-No si se nota que ella es a la que se le ocurren, porque el de tu hermana significa “Estrella de la esperanza” y el tuyo “Desear la esperanza”. Le gusta poner nombres parlantes.
-Pero son bonitos, así a mi me gustan más.
-Lo que tu digas.
-Pero cambiando de tema. ¿Te gusta mi pueblito?
-Sí… se ve tranquilo.
-Te lo enseñaría detenidamente pero tendrás que esperar ya ha mañana porque mi abuela es de las que se van a dormir enseguida y ya está oscureciendo. Pero mañana iremos al río de paseo. ¿Vale?
-Me parece bien.

Como había dicho Nozomu cuando bajaron tras guardar la ropa en el armario y acomodarse la abuela del chico ya estaba preparando la cena. El chico, ahora moreno, no miró con especial interés el estofado que la señora preparaba, pero no se atrevió a decir nada. Cuando la mesa estuvo puesta todos se sentaron alrededor de ella, Nozomu apresurado, se colocó al lado de Nao para evitar que su hermana lo hiciese. La más anciana de la familia insistía a su nieto que comiese algo de carne que era muy buena a su edad, pero Nozomu hacía caso omiso y solo llevaba a su plato algunas verduras. Y en cuanto su familia se despistaba daba parte al perrillo o lo echaba de nuevo a la hoya. Mientras que el castaño parecía algo avergonzado de la situación, estar rodeado de esa gente que le sonreía y le hablaba como si le conociesen de siempre. Pero en el fondo se alegraba mucho de que le hubiesen dejado salir de su jaula por lo menos aquellos días de verano.

sábado, 19 de marzo de 2011

15. Nozomu's village.

La noche del Tanabata había dado comienzo oficialmente. Todas las chicas, tanto residentes como las que solo estaban de paso, tanto enfermeras como doctoras, ya se vestían con sus kimonos. La gente hacía cola alrededor de las ramitas verdes de bamboo para colgar las papeletas en ellas. Nao miraba atentamente como sus amigos intentaban hacer lo propio aunque él no se sintiese muy interesado en ello. Aun así Nozomu y Amai le habían acabado por convencer de que él también escribiese su deseo en uno de los papeles. La verdad es que los dos chicos intentando engancharlos en las hojas y dando grititos ilusionados le recordaba a un par de niños pequeños y le hacían sonreír ligeramente. Al final el castaño cedió a las peticiones de sus amigos y colocó el también su papeleta.

-¿Qué has pedido Nao? -preguntó Nozomu con cara curiosa fijando sus ojos verdes en el mayor.
-No te lo voy a decir. -contestó el aludido sin ni siquiera cambiar la expresión.
-¿Por qué no? Yo he pedido que mientras estoy aquí no cierren mi forito.
-Pues muy bien, te parecerá bonito.
-¿Y tú? Si yo te digo lo que quiero tienes que hacerlo tú también.
-Si tú me lo cuentas es problema tuyo, yo no tengo porque hablar de ello. Además este tipo de cosas siempre me han parecido algo triviales…
-¿Triviales? A veces no hay quien te entienda. Bueno, da lo mismo… Oye, ¿te gustaría venir conmigo de vacaciones?
-Supongo… Pero yo no voy a irme a ningún sitio.
-No, me refiero a que si te gustaría a ir a mi pueblo conmigo y mi familia.
-¿Lo dices en serio?
-Claro que si. Así ya no estarás aquí solo todo el verano. Además te lo pasarás muy bien enserio.
-Ya me lo puedo imaginar pero no quiero causar molestias en tu casa.
-Tú no eres ninguna molestia, descuida por eso.
-¿A tus padres no les importa?
-No, ya he hablado con ellos y me han dicho que se lo comentarán a Mizuki para ver que les dice ella, pero ya verás como si que te dejan.
-Pero…
-Ni peros ni peras. Tú te vienes conmigo “to the Nozomu’s Village” así que ve preparando la maleta.

Nozomu sabía perfectamente que Nao iría con ellos. Ya había convencido a sus padres y en esos momentos debían estar hablando con la psicóloga. Seguro que ella opinaba como el rubio, seguro que pensaba que nao tenía que salir. Y así era, cuando los patriarcas de la familia Nozomi le hablaron a la mujer de la idea de su hijo ella contestó con una amplia sonrisa que no tendrían de que preocuparse, que Nao era un chico muy tranquilo, solo tendrían que asegurarse de que se tomaba los calmantes y no debería pasar nada fuera de lo común. La morena de gafas estaba muy contenta de escuchar esa noticia, para su paciente sería realmente beneficioso estar en un ambiente familiar que encerrado en aquel sitio desde luego no iba a encontrar.

Un poco más convencidos de que podían fiarse del amigo de su hijo tras hablar con la especialista fueron a reunirse con ellos en el jardín. A lo mejor si a Nozomu le acompañaba alguien en quien confiara podría abrirse algo más a sus padres. En el fondo no era del todo una mala idea y todavía tenían cuatro días para preparar las cosas y hacer un huequito al chico en la casa de la madre de Fumiko. Se acercaron a los cuatro jóvenes que estaban comentando lo mal que se veían las estrellas desde la ciudad y que no se podían ver ninguna de las dos por las que se celebraba aquella fiesta, Vega y Altair.

-¿Ya habéis colgado vuestros deseos? -preguntó la mujer rubia desde detrás de ellos.
-Sí. -contestó el hijo. -¿Has hablado ya con Mizuki-san?
-Tranquilo hijo ya lo hemos hecho. -continuó el padre.
-¿Y a que os ha dicho que puede venir con nosotros?
-Sí… nos lo ha dicho…
-¿Entonces puede venir?
-Supongo que si…
-¡¿Has oído eso Nao?! -exclamó para llamar la atención del propio castaño que seguía sumido en la conversación con las dos chicas.
-¿El que? -interrogó el chico a modo de respuesta.
-Nao, vas a venir de vacaciones con nosotros. Ya verás, te va a encantar, allí si que se ven las estrellas, y hay animalitos, y un río…
-¿De veras me dejan ir? -volvió a cuestionar en cierto modo ignorando las alegres palabras del rubio.
-Si cariño, hazte a la idea de que no te vas a librar de nuestro hijo tan fácilmente. -respondió la madre con una sonrisa cálida.
-Pero es que no quiero estropearles los planes.
-Tranquilo tú solo haz la maletas.
-Pues… la verdad es que ahora no se que decir… gracias… muchas gracias… hacía mucho que no iba a ningún sitio en el verano.
-De nada hijo… -habló de nuevo la mujer.
-¡Que suerte! -exclamó Amai desde atrás escuchando la conversación de los Nozomi y su amigo -Os tenéis que echar muchas fotos para que yo pueda verlas cuando regrese del viaje con Kei-chan. ¡Ah! Si os tengo que presentar a Kei-chan. ¡Voy a llamarlo! -Y uniendo el dicho con el hecho dio una carrerilla para llamar a su tutor casi cayendo por lo difícil de caminar con esas sandalias de madera.
-Esa chica es muy nerviosa. -observó el padre del chico rubio.
-Sí, pero es muy simpática. Casi siempre está alegre, pero si se entristece, se molesta o se enfada no se la puede sacar de su cuarto. -informó el hijo de este.
-Ya veo. Nozomu ha conocido gente muy curiosa, me alegro de que te hallas echo amigos aquí, estábamos bastante asustados pensando que podías estar tú solo hasta que salieses de aquí. -habló la mujer posando la mano en el hombro del chico.
-Pues ya ves que no.
-Lo que me sorprende es que no hallas entablado esa relación con los pacientes como tú.
-Bueno eso es porque yo soy el único chico en la segunda planta y claro… Pero también he conocido más gente.
-El problema, -interrumpió Nao -es que los residentes de las plantas superiores somos considerados como peligrosos o violentos, por eso ninguno de los otros se acercan a nosotros, solo Nozomu se ha atrevido.
-Si es que soy más majo… -comentó el aludido como hincando su ego.
-¿Vosotros siempre os calificáis por las plantas en las que estáis?
-Más o menos. En este hospital no hay enfermos demasiado problemáticos porque a ellos se los llevan a otro que hay en una ciudad no demasiado lejos. Y dentro de este están en el pabellón A los ancianos y los niños, mientras que en este otro estamos nosotros. Pero además en el edificio dependiendo de la enfermedad estás en una planta u otra. Por ese motivo los del piso número uno y dos rara vez se relacionan con los de la tercera y cuarta.
-¿Pero eso no es como una separación algo clasista? O eso me parece… -puntualizó Mihoshi dando su punto de vista.
-Es solo un modo de estar organizados pero es inevitable que haya separaciones. No se si me explico muy bien.
-Entiendo… -afirmó el padre acompañando la palabra con un gesto con la cabeza.
-¡Hola de nuevo! -saludó a Amai agarrada de la mano de su padre adoptivo -¡Mira Kei-chan estos son los padres de Nono!
-Encantado mi nombre es Keigo Akatsuki, el tutor de esta cabeza nerviosa.
-Ya, nos ha dicho varias veces que tenía que presentárnoslo. Mucho gusto.
-¡Que suerte tiene Amai! ¿No? Keigo es muy guapo, cuando me hablaste de el me imaginé a un hombre de la edad de mis padres pero ya veo que no… -comentó la joven rubia acercándose a la paciente.
-¡A que sí! ¡Pero Kei-chan es mío, solo mío, mi tesoro. -bromeó la aludida enganchándose del brazo del hombre y restregándose como si de una gatita se tratara.
-¡Hala! ¡Ya comienzan los fuegos artificiales! -exclamó, dándose un pequeño susto con la explosión, Nozomu señalando las chispas de colores que caían del cielo como estrellitas fugaces.
-Que bonitos… -afirmó Amai sin soltarse de su tutor.
-Y ruidosos. ¿Verdad? -observó Nao viendo como el menor se tapaba los oídos con cada cohete.
-Es que no me gusta nada ese ruido.
-Miedoso… -musitó la hermana para que el joven no la escuchase.

Los fuegos llegaron a su fin y con ellos el pequeño festival que habían improvisado en el hospital. Los familiares de los residentes marcharon progresivamente casi en el mismo orden en el que habían venido. Entre ellos los padres y hermana de Nozomu que no se fueron sin antes recordarles que en cuatro días se marcharían y que se fuesen preparando para el viaje. Ahora simplemente te encontraban en esa situación extraña que se crea después de una fiesta. Cuando se empiezan a recoger los adornos y a guardarlos esperando la llegada del año siguiente. Lo único que pasaría la noche entera sin acabar en la basura sería el árbol de bamboo que aguardaría a la mañana.

Nozomu miró con ojos algo melancólicos como Sachiko y Hanabi guardaban todos los coloridos adornos en una caja de cartón con la ayuda de un hombre de la misma edad que ellas de pelo cenizo. La noche ya estaba entrada en horas, por lo menos más de lo que él estaba acostumbrado. Nao, Amai y el mismo permanecían sentados en un escalón mientras la gente te iba marchando a sus cuartos a descansar. El castaño parecía deseoso de hacer lo mismo que ellos porque ya los ojos se le cerraban solos como si dos pesos tirasen de ellos. Y curiosamente Amai parecía haber perdido toda su energía con la despedida de su familiar. Tras comentar alguna anécdota los dos mayores se marcharon a sus correspondientes habitaciones, por otro lado Nozomu no quería irse aún. No hacía tanto calor como todos decían. La brisa veraniega que soplaba y hacía que se le moviera el pelo haciéndole cosquillas en la sien era muy agradable. Y tampoco tenía tanto sueño. Pero si mucha curiosidad. Verdaderamente quería saber cual había sido el deseo que sus amigos habían escrito. Se acercó a l rama de bamboo para leer las papeletas. Si él había dicho su petición tenía derecho a saber el de ellos. Tubo que auparse sobre las puntas de sus pies para poder llegar sin problemas a descolgarlos. El primero que logró fue el de Amai, supo sin problemas que era el suyo puesto que el papel lo había decorado con el dibujo de un oso.

“Quiero pasarlo siempre muy bien!”

Leía el rubio cosa que hizo que sonriese ligeramente. Ese deseo era totalmente propio de la chica. Ahora se dispuso a hacer lo mismo con el de Nao. Buscó un segundo con la mirada donde lo podía haber colgado. Enseguida lo vio, la letra de Nao era inconfundible.

“Que desaparezca el Dolor.”

Era lo que ponía en la papeleta del castaño. Era un deseo de lo más extraño, que tampoco le extrañaba por parte de su amigo. “El Dolor…” Lo había escrito con mayúscula, conociendo mínimamente a Nao eso tenía que tener una simbología que el no llegaba a entender. Podía ser una personificación. Se paró a pensar un segundo detenidamente en ello, y en un solo fogonazo de inspiración recordó el primer día que estuvo allí. Cuando por casualidad encontró la vieja carpeta de Nao en el suelo. Justo antes de hacerlo escuchó la voz de Nao exclamar algo: “Déjame, Tsuke.” Sí eso fue lo que dijo en ese momento. “Tsuke” podía ser un acortamiento de “tsukeru” que en japonés significa “dolor”. Era imposible que todo ello fueran casualidades, una vale pero tantas era demasiado raro. Y lo que le dijo Amai acerca de que Nao siempre relacionaba a sus conocidos con sentimientos reforzaba su teoría. Ese tal Tsuke debía de ser alguien que se metía con el castaño, debía de ser realmente desagradable y malintencionado cuando Nao le llamaba como al dolor y deseaba que desapareciese. ¿Pero por qué Nao nunca le hablaba de esas cosas importantes? Si no lo hacía cómo le iba a poder ayudar. Sabía muy bien que él se negaría a contarle eso, podía ser por desconfianza o por orgullo, pero Nozomu Nozomi lograría que ese tipo dejase a su amigo. ¡Ja! O si no, no se llamaba Nozomu Nozomi. Y en el mejor momento puesto que iban a estar alejados de allí durante una temporada.

domingo, 20 de febrero de 2011

14. Caprichos y egoismo.

El sol de los primeros días de julio ya pegaba fuertemente, sobretodo a las horas en las que la estrella se encontraba en lo más alto. Tanto era el calor de aquel día que las chicas habían decidido darse un baño en la fuente que recorría todo el hospital como si fuese un riachuelo. Nao y Nozomu no las acompañaban, cada uno por sus motivos. Nozomu realmente no estaba pasando ese calor sofocante del que Amai no paraba de quejarse y a Nao no le apetecía que nadie viese las cicatrices que tenía. Por eso ellos dos se conformaban con meter un poco los pies en el agua. La morena, en cambio, se divertía empapando a las compañeras de planta de Nozomu. Porque aparte de Nao y ella la mayoría pertenecían a aquella sección.

-¿De veras no tienes calor? -le preguntaba por tercera vez en la mañana el castaño a su amigo pasando calor de solo verlo con manga larga.
-No, bueno un poco si. -contestaba el chico alegre.
-¡Vamos chicos! ¡No seáis aburridos! -exclamó la chica salpicándoles para ver si así se animaban.
-¡Mira ahora ya estamos empapados! Ya no tenemos que meternos. -siguió el mayor de los chicos.
-Menudo rollazo… -musitó con un fingido enfado. Y un segundo después volvió a sonreír con cara de que la bombilla se le había encendido. -¡Chicos!
-¿Qué?
-¡Hoy es día siete del siete!
-¡Sí, es cierto! -continuó Nozomu con cara igual de ilusionada. -¡Hoy es el tanabata!
-¿Ya ha pasado una año? -dijo Nao como si no le gustase la idea de que fuese esa fecha.
-Sí, hoy tenemos que pedir los deseos y todo eso.
-Seguro que Sachiko-chan ya ha traído el bambú como todos los años. Además es casi como el día de Nozomu.
-¿Por?
-Porque se piden deseos y “nozomu” significa “desear”. -explicó el mismo rubio.
-Y “nozomi” “deseo” ¿no? -preguntó ella.
-Sí, pero yo lo escribo con el kanji de “esperanza”, así cuando se lee completo quiere decir “desear la esperanza”. Cosas de mi madre.
-Y por eso yo cuando me lo dijo pensé que era un nombre estúpido.
-¡Que malo! -riñó la chica.
-Valla que si lo hizo. Y eso que “nao kanou” significa “todavía posible”.
-Y por eso dije que el mío también lo era. Pero que conste que yo no lo escribo con esos kanjis sino con el silabario hiragana.
-¡Pues yo lo escribo como la palabra “dulce” y mi apellido como “amanecer”!
-Genial, lo voy a apuntar en la lista de cosas que si olvido moriré. -repuso Nao sin ánimo y con tono huraño.
-¡Ja ja! Pues que sepas que tus ironías no me van a fastidiar la noche. Listillo.
-Ya, ya se que hoy es un día estupendo y todas esas cosas.
-Claro porque viene Kei-chan.
-Sí también me dijeron que podía invitar a mi familia para ver los fuegos artificiales. -continuó Nozomu.
-Que suerte tenéis… -musitó en tono amargo de un modo con el que pretendía que no le escuchasen.

Los celos volvían a estar latentes en el interior de Nao. Odiaba aquellos días, no solo el siete, si no todos los que le seguían. La gente se marchaba de vacaciones con sus familias, se reencontraba con sus amigos, podían olvidarse aunque fuese durante unos días de que eran unos enfermos encerrados en un hospital. Amai se marchaba con Keigo todos los años, y siempre a algún sitio interesante del que volvía con mil historias para contarle. En ocasiones decía que las escribiría todas en un libro. Pero él nunca hacía nada digno de plasmarse en un relato… si ni siquiera salía de allí. Ojalá todos ellos se quedasen allí encerrados como él. Era egoísta, mucho y lo admitía pero no podía evitarlo.

Poco a poco fueron llegando los distintos familiares de los residentes del lugar. Uno de los primeros fue el tutor de la morena. Ella corrió ilusionada a abrazarlo efusivamente como si hiciese años que no le veía. Él lo primero que hizo en el rencuentro fue enseñarle el nuevo kimono que le había comprado para esas fechas en las que la gente recorría los festivales con ellos puestos. Era de color amarillo y con una infinidad de florecillas rosas decorándolo. Amai se le enganchó del cuello con una sonrisa de oreja a oreja dándole las gracias y dio una carrera al cuarto para probárselo aunque todavía quedasen horas para los fuegos artificiales, ella seguro que ya no se lo quitaría en todo el resto de la tarde. Un rato, bastante largo, después llegó la familia Nozomi saliendo de su coche plateado. La madre del chico, Fumiko Nozomi, no pudo ocultar la alegría que sentía la ver de nuevo a su hijo, aunque no hiciese mucho tiempo desde la última visita que le hicieron. Por otro lado el padre y Mihoshi se alegraban pero algo más suaves que la matriarca. Como Nozomu se había imaginado tanto ella como su hermana llevaban unos kimonos diseñados por la misma madre.

-¡Mirad! -exclamó el rubio cuando logró escabullirse de los brazos de su madre. -Os tengo que presentar a Nao y a Amai, los que os hablé la última vez. ¡Chicos venid! -dijo refiriéndose a sus dos compañeros.
-¿Esta es tu familia, Nozomu? -preguntó alegremente Amai acercándose a ellos.
-Sí, son ellos, estos son mis padres y mi hermana Mihoshi. Y ellos dos son Nao y Amai. -explicó el menos a ambos lados de la conversación.
-¡Encantada! Yo soy Amai Akatsuki, soy la nueva amiga de Nozomu. -se presentó la chica con una enérgica reverencia.
-El placer es nuestro. -habló el padre por los tres.
-Entonces tu eres Nao Kanou. -adivinó la madre.
-Sí, soy yo. Mucho gusto.
-Valla… -murmuró la hermana. -Nozomu, preséntale mejor tu amigo a tu hermana.
-Mihoshi, estás babeando. -se burló Nozomu con cara traviesa, por otro lado Nao no parecía ni percatarse del piropo que la chica le había lanzado.
-Eso pasa porque no estoy acostumbrada a ver chicos tan guapos. Como te tengo a ti de hermano. -respondió Mihoshi con tono jocoso.
-Venga no peléis que hace mucho que no os veis y deberíais de estar abrazándoos de la emoción. -repuso la madre de los dos rubios.
-Tener un hermano tiene que ser muy divertido… Ojalá yo tuviese uno. -rió Amai viendo como los Nozomi peleaban.
-No si son como ella, te lo aseguro.
-Bueno vale ya del tema. -cortó el padre.
-Eso, además ahora que dentro de unos días nos vamos a ir de vacaciones al pueblo tendréis que aguantaros a diario.
-Eso es lo único malo de ir al pueblo de la abuela… -musitó Nozomu.
-Bueno vamos a decorar el bambú y así mientras le presento a Kei-chan a tus padres. Ahora él está hablando con Mizuki-chan. -concluyó Amai sonriente comenzando a caminar seguida por todos los demás.

A el castaño le dio rabia escuchar eso de que su amigo también se marchaba y le dejaba solo. Intentó esconder ese escozor que le quemaba por dentro pero Nozomu se percató de aquella expresión en el rostro de su amigo y no pudo sentir pena de tan solo imaginarse aquellos días para Nao. No quería que el castaño se quedase allí sin nadie, estaba seguro de que eso no podía ser bueno para él. ¿Y si empeoraba mientras él y Amai no estaban en el hospital? De pronto al rubillo se le encendió la bombilla. Solo tenía que convencer a sus padres de que dejasen a Nao ir con ellos. Sus padres eran muy simpáticos y Nao muy educado y serio, seguro que estarían de acuerdo.

-Mamá, papá.-empezó Nozomu quedándose un poco detrás junto a ella y su marido mientras que Mihoshi hablaba con Amai animadas acompañadas por Nao. -¿Puedo pediros una cosa?
-Por supuesto hijo.
-Es sobre las vacaciones. Yo… Bueno había pensado en que nos vamos a ir y mi amigo Nao se va a quedar solo durante todo este tiempo.
-¿Si? ¿Él no se va a ningún sitio?
-Esa es la cuestión… Es que Nao no tiene a nadie… esta muy solo.
-¿No?
-No, él no me ha querido contar mucho solo sé que sus padres le abandonaron cuando era pequeño o algo así. Y ahora se va a tener que quedar aquí sin nadie porque Amai también se va con su padre.
-¿Nos estás pidiendo que le llevemos con nosotros?
-Sí… es que no quiero que se encuentre tan solo…
-Pero Nozomu… -la madre no sabía como objetar a lo que su hijo les pedía sin parecer demasiado ofensiva. -Tú amigo, Nao… ¿Por qué está aquí?
-Tiene esquizofrenia. -respondió el hijo de la pareja con una naturalidad que a los padrea asombró de cómo hablaba el chico de el tema.
-¿Un esquizofrénico? -preguntó la mujer un poco asustada por pensar que su hijo se estaba juntando con alguien con aquella enfermedad, puede que esa fuese la primera reacción normal que tenía una persona que no entendía de esos temas.
-Pero Nao es muy tranquilo, de veras… Los esquizofrénicos no son para nada como los de las series de crímenes… -continuó él intentando calmarla aunque no parecía conseguirlo.
-Ya aun así… Nozomu, compréndelo, es difícil meter en casa a un enfermo mental así. Además no lo conocemos casi, si hubiesemos hablado un poco más con él…
-Pero de verdad… Que Nao no va a hacer nada, el solo tiene que tomarse unas pastillas de vez en cuando y todo va bien. Y podéis hablar con él cuanto queráis, ya veréis que me daréis la razón. Puede que al principio parezca algo seco o borde pero luego… -pidió Nozomu si ocurrírsele como convencerles.
-Mira, lo sentimos pero no podemos hacerlo.
-¡Pues entonces yo no voy! -amenazó frunciendo el ceño e hinchando lo mofletes.
-¿Cómo que no vas? Hace más de un año que no ves a tu abuela, te echará de menos.
-¡Pero no voy a dejar al pobre Nao aquí encerrado y solo! ¡Asíque si él no viene pues yo tampoco! -masculló con tono de niño caprichoso y algo mimado. Los padres se miraron el uno al otro como deseándose paciencia mutuamente sabiendo que al final su hijo lograría lo que quería.
-Bueno… -empezó el padre -Pero primero queremos hablar con su doctora…
-¡Genial! ¡Gracias papis! Mizuki-san es muy simpática seguro que ella opina que si Nao sale de aquí se encontrará mejor. -comentó él echando a correr para atrapar a sus amigo y hermana. -Voy con ellos que ya tengo pensado el deseo que voy a pedir.

El chico se alegraba ya que sabía a ciencia cierta que sus padres accederían rápidamente a llevar consigo a su amigo. Al fin de al cabo el rubio siempre conseguía de ellos todo lo que se proponía. Sí, Nozomu era un niño consentido. Siempre lo había sido, estaba acostumbrado a que sus padres le hiciesen caso incluso por encima de su hermana mayor. Puede que eso para él fuera una de las mayores ventajas que encontraba de su vida pero realmente ninguno de los involucrados en los caprichos de Nozomu se diese cuenta de el daño que le hacían. Él siempre había sido muy sensible, cuando era pequeño se echaba a llorar cada vez que algo no le salía tal y como quería. Necesitaba que todo estuviese perfecto. Por eso, porque cada vez que las lágrimas se le saltaban sus padres corrían a ayudarle, a consolarle, a decirle que él lo había hecho bien, que era el mejor. Y cada cosa que quería se la conseguían sin dudar solo para que se alegrase un poco de su disgusto. Eso a la larga afectó al chico haciendo que se mal acostumbrase a aquello. Él era perfecto, tenía que ser perfecto. Tal vez, puede que en parte por eso Nozomu se encontrase en ese estado.

viernes, 28 de enero de 2011

13. La marca del mentiroso.

La brisa nocturna y la luz de la media luna entraban dentro de la habitación de Nao esquivando los barrotes de la ventana. El silencio llenaba todo el pabellón de los residentes, el ambiente era muy tranquilo. Aun así el castaño no conseguía conciliar el sueño. Cuando parecía que al fin iba a caer en los brazos de Morfeo volvía a desvelarse. Respiraba profundamente intentando relajarse como le había enseñado Mizuki, pero no lo lograba. Giraba en la cama para encontrar la postura adecuada, pero también era inútil.

Un ruido, un ruido que activó el cuerpo de Nao como si se tratara de una máquina. Era un sonido metálico, similar al de una puerta oxidada abriéndose o cerrándose. El chico se levantó en un único y rápido movimiento, como en un acto reflejo totalmente inconsciente. Se colocó delante de la pared con la frente pegada al yeso blanco dejando el menos espacio entre su cuerpo y el muro. Esperó unos segundos que le parecieron una eternidad mientras trataba de autocontrolarse.

-Lo siento Tsuke. -habló cerrando fuertemente los ojos.
-¿Lo sientes? -cuestionó la voz de el hombre desde detrás de él. Debía de estar muy cerca porque casi notaba su respiración moviendo sus cabellos sueltos. -Pues esta tarde no lo parecía.
-Pero… no lo pude evitar. Él… estaba fatal, me recordó mucho a mi mismo y… -intentó explicarse perdiendo del todo el tono indiferente que habituaba a usar.
-¿Y? ¡¿Cuántas veces tengo que decirte que eres mío?!
-Tsuke, no grites por favor…
-¡¿Y qué si lo hago?! ¡¿No eres acaso el único que me escucha?!
-Lo… Lo siento no volveré a hacerlo. -rectificó su respuesta.
-Y yo voy y me lo creo. ¿Crees que soy tan idiota?
-No, Tsuke es verdad.
-Pero si solo hay que ver la marca que tienes. Esa en la que pone lo que eres. Un mentiroso. Esa que tienes en la cadera izquierda, dos dedos por debajo del ombligo. Esa que no te cicatrizó bien y se te infecto al haber sido echa con un alfiler casi oxidado. -hablo en un tono desagradable mientras pasaba su helada mano por debajo de la sudadera que usaba Nao como pijama para tocar la misma marca de la que hablaba.
-Yo… yo no soy un mentiroso. -susurró intentando separar la mano del moreno de su cadera con miedo que le apeteciera seguir rozándole.
-¿No? -sonrió de manera macabra acercándose mucho al oído del castaño. -¿Sabes una cosa? Con el pelo suelto eres clavadito a tu hermano.
-No… -musitó él con total amargura. Esa última frase había conseguido hacer estragos en la defensa de Nao. -Basta, Tsuke no digas eso…

Pero Tsuke no estaba ya para escuchar la frase. Parecía haberse desvanecido en la oscuridad del cuarto. Nao reaccionó tomando la posición habitual en esos casos, con las piernas flexionadas y las manos tapándole los oídos. Permaneció un par de minutos allí, en la esquina formada por su cama y la pared. A la sombra puesto que la luz que entraba por la ventana llegaba a todos los rincones del cuarto salvo a ese.

¿Qué había pasado? ¿Toda aquella escena había ocurrido de verdad o solo era una jugarreta más de su mente? No, no podía ser una alucinación, Nao todavía sentía los dedos del moreno sobre su cadera. Por otro lado, ¿como sabía él que se parecía a su hermano cuando se soltaba el pelo? Él, aunque pareciera extraño y retorcido, en el fondo prefería pensar que había pasado de verdad, que Tsuke existía. Pero nadie le creía, nunca lo habían echo por mucho que él hablase del hombre de ojos escarlata. Le daba miedo pensar que aquello fuese una consecuencia más de su enfermedad. Tenía que ser real… si no él nunca saldría de allí. Tenía que ser real… y tenían que creerle.

Nozomu abrió la puerta del cuarto de Nao a la misma hora que su rutina marcaba. Entró en la habitación sin ni siquiera llamar, como era costumbre en él estaría dormido. Pero sus ojos verdes se extrañaron al comprobar que no era así, no estaba metido en la cama con la sábana echada hasta taparle la cabeza como si fuese una oruga en la fase de la metamorfosis. Entonces se percató de que se podía oír el sonido del agua corriendo proveniente del cuarto de baño.

-Nao, ¿estás ahí? -preguntó curioso pegando la oreja a la puerta.
-No. ¡¿Qué dices que voy a estar aquí?! Es la ducha que tiene vida y se ha abierto sola. -se oyó desde el otro lado en un tono sarcástico.
-Que borde eres a veces… -musitó el rubio para si mismo aunque en realidad la pregunta que había hecho era bastante tonta.
-Nozomu, ¿puedes acercarme la ropa que está en el armario? -volvió a hablar el castaño al mismo tiempo que el ruido del agua cayendo cesaba progresivamente.
-Vale. ¿Cuál te traigo?
-La primera que te caiga.
-¿La primera que me caiga? -repitió mientras abría la puerta del armario metálico comprobando lo que le decía Nao. Al hacerlo una avalancha de ropa se precipitó hacia el chico. -¿Pero que es esto? Menudo desorden.
-Te he oído. -se quejó Nao desde el baño.
-Vale, anda toma. -contestó el menor abriendo la puerta lo suficiente para que la ropa que había escogido llegase a Nao. Este te fijó en como Nozomu miraba hacia otro lado.
-Eres un tímido, ni que tuvieses nada distinto a lo mío. -comentó con su tono plano habitual.
-¡Uy! Hoy si que te has despertado con el pie izquierdo. Con lo amable que estuviste al final ayer. -puntualizó volviéndose al armario par guardar las prendas de Nao que habían quedado esparcidas por el suelo.

La ropa del castaño era toda de colores muy oscuros y apagados, azules, grises, marrones o negros. No había ni un solo tono vivo, y además parecía bastante vieja, como si fuese de segunda mano. La metió toda echa una pelota al igual que como le había caído, pero fue inútil, en cuanto la soltó volvió a precipitarse hacía él. Aunque esta vez no solo cayó más ropa que antes si no que también algo más pesado y duro que le dio en el pie. Nozomu lo examinó con la curiosidad que le caracterizaba. Era un lienzo. No muy grande, no más que un cuaderno de espirales. Pero daba verdadero miedo. En él se veía una figura humana, no se podía sabre con certeza si era un hombre o una mujer, un niño o un adulto pero su expresión parecía aterrorizada. Los ojos blancos y la piel amarillenta le daban un aspecto enfermizo. Y el fondo negro y rojo por su parte le quitaba la poca luz que tenían los colores. A Nozomu la tétrica escena le dio miedo pero al mismo tiempo una extraña pena. ¿Qué era aquel dibujo? ¿Por qué estaba allí oculto y no apilado en el montón de lienzos al lado del escritorio? Parecía que al rubio se le había sumado un nuevo misterio a cerca de Nao.

Nao, aun en el cuarto de baño se miraba fijamente al espejo. Su pelo castaño y mojado aun soltaba gotitas y le tapaba casi por completo la cara al caer totalmente lacio. Tenía tantas marcas, tantas cicatrices por el torso que hasta le daba miedo mirarlas. La más llamativa probablemente era una quemadura que le cubría el hombro izquierdo desde la base del cuello hasta poco menos de la mitad del brazo y el omoplato. Las demás eran pequeñas cortaduras que habían dejado su huella en su blanca piel. Y en la cadera la que esa noche Tsuke mencionó, esa era la que más odiaba, todas tenían una historia, pero aquella era la peor, incluso más que la enorme quemadura.

El rubio al fin logró meter la ropa de Nao en el armario intentando dejar el lienzo tal y como lo había encontrado. Seguro que si se enteraba de que lo vio se enfadaría. El castaño salio del cuarto ya cubierto con la ropa que Nozomu le había dado y con el pelo envuelto en una toalla azul celeste que era uniforme en todos los cuartos.

-Si está vivo. Pensé que la ropa te habría aplastado. -bromeó mirando al chico intentando no pensar en lo que había pasado esa noche. -¿Y hoy no has ido a despertar a Amai?
-Sí pero no estaba en su cuarto.
-Estará con Mizuki. -Nao miró por la ventana. -Hoy hace muy buen día, seguro que habrá ido al jardín. En su “rincón secreto”.
-¿Rincón secreto? -preguntó curioso el rubio fijando sus ojos verdes en él.
-Sí es un sitio al que siempre íbamos a jugar cuando éramos más pequeños. ¿Quieres que vallamos a mirar?
-Sí por supuesto.

El rincón de Amai y Nao era una pequeña parcelita de césped con una vallita que no llegaba a los tobillos y rodeado de flores de colores sin demasiado sentido. La morena, vestida con un peto azul y un gorro de paja al más puro estilo de un granjero, parecía divertirse mucho haciendo un agujero en la tierra con su pala naranja bajo la atenta mirada de la doctora. Los dos chicos llegaron en silencio de un modo casi imperceptible tanto que ninguna de las dos se percató de ello. Amai tomó unas flores, seguramente un cosmos que había en una pequeña maceta de plástico. Con un cuidado extremo sacó las flores con toda la tierra del tiesto para introducirlas en el agujero que había echo con su pala. Cuando acabó de replantar las plantitas y fue a buscar la regadera vio a sus dos amigos parados delante de ellas.

-¡Anda! Hola chicos. -exclamó lo que hizo que la psicóloga se fijase en ellos también.
-Buenos días Nao y Nozomu. -saludó la mujer de gafas.
-Buenos días Mizuki. -contestó el castaño por los dos.
-¿Amai estás plantando las flores del jardín? -cuestionó Nozomu acercándose a ella.
-Sí, es muy divertido. ¿Quieres hacerlo?
-Bueno, pero y si las flores se mueren por mi culpa.
-No, si es muy fácil. Todo el mundo es capaz de hacerlo.
-Pero de veras que yo soy muy torpe para la plantas. Flor que toco flor que muere.
-Venga Nono. Yo te ayudaré.
-Amai lleva plantando las flores de esta parte del jardín desde hace muchos años. -explicó Nao arrodillándose junto a los otros dos.
-Al principio era una terapia que les puse a ellos dos. Pero para ella se ha vuelto una afición. ¿Cierto? -habló Mizuki.
-Sí, Mizuki-chan dice que es muy bueno para tener seguridad en uno mismo.
-¿En serio?
-Sí. -contestó la adulta -Cuando estos dos eran un par de mocosos desconfiados les obligué a cuidar de una judía hasta que creciera.
-¿Pero por qué? -preguntó Nozomu.
-Porque cuando te esfuerzas por cuidar algo, aunque sea una pequeña judía, te hace feliz ver como crece. Aunque parezca tonto verdaderamente surgió efecto.
-Al menos con Amai. -puntualizó Nao.
-Pero eso es porque tu eres un desastre y te olvidaste totalmente de ella. -aclaró la morena con cara jocosa.
-Yo soy incapaz de cuidar de algo. Y menos si no se queja de que tiene hambre.
-Pues deberías volver a intentarlo.
-¿No tuvimos suficiente con la muerte de una judía?
-¡Oh no! -exclamó Nozomu apurado de improviso.
-¿Qué ocurre, Nono?
-¡Que hablando de tantas judías he recordado que hoy no he ido a desayunar! ¡Tengo que ir o Tsubaki me castigará y no podré sentarme con vosotros! Me tengo que marchar rápido.
-Espera que voy contigo. -habló Nao. -Yo tampoco he desayunado.
-Bueno pues luego nos vemos. -acabó Amai para que luego los dos chicos se marcharan por el mismo sitio que habían venido.

Ambos caminaron hasta el pabellón central. Nozomu, como siempre, hablaba animadamente comentando la afición de Amai y ya de paso las suyas. Nao le miraba, estaba muy alegre, y no era raro en él. Pero le recordaba ayer apunto de echarse a llorar y le parecía totalmente otra persona, nada que ver con el Nozomu de todos los días. Y todavía se sentía raro como al tarde pasada. Sería mejor no pensar en nada de eso, si se obsesionaba su mente empezaría a jugarle malas pasadas y si Tsuke seguía pensando que le mentía no iba a acabar nada bien.

domingo, 16 de enero de 2011

12. "Llora".

Nozomu, con una extraña timidez en él, se sentó a la orilla de la cama del castaño. Este ni siquiera se molestó en incorporarse. Permaneció inmutable mirando fijamente el techo como si estuviese unido a las sábanas con pegamento de contacto. El silencio volvió a formarse como una espesa niebla entre los dos chicos. Nozomu no se atrevía a hablar y Nao no quería hacerlo.

-¿No tenías algo muy importante que decirme? -cuestionó de forma retórica el mayor impaciente ya por romper la maldita calma que llenaba el cuarto.
-¿Eh? Sí… sí… -contestó el rubio poniéndose algo rojo en parte por el duro tono de su amigo y por no saber como comenzar su narración.
-Pues venga.
-Nao… Yo… yo no quiero que dejes de ser mi amigo… -empezó mientras movía sus delgadas manos nerviosamente. Pero el dueño del cuarto no dio respuesta, la única señal de estar escuchando que recibió Nozomu fue un pestañeo de sus ojos negros. -Yo solo os tengo a vosotros, a ti y Amai. Hace tiempo me quedé sin ningún amigo.
-¿Qué hiciste también los insultaste? -habló Nao con un tono muy osco y huraño.
-No… yo… lo único que hice fue enamorarme.

Tras esa respuesta Nao desvió sus ojos de el techo en dirección a la voz de Nozomu. Entonces comprobó que las mejillas del rubio estaban totalmente teñidas de un intenso color carmesí y que sus ojos verdes se vidriaban progresivamente llenándose de lágrimas que amenazaban con escapar en cualquier momento. Pero el chico del estúpido nombre intentaba por todos los medios retenerlas solo consiguiendo que sus comisuras se irritasen por el esfuerzo. Por algún motivo, algo que no entendía, a Nao esa expresión le pareció estar a medio camino entre la más triste y la más hermosa. Lo cual le resultó despreciable por su parte, ver a una persona apunto de romper a llorar y que él pensara solo en hacer un retrato de la escena.

-Yo, solo me enamoré. Eso no es malo… ¿o sí? Yo creía que lo que hacía estaba bien, pero el resto del mundo no.
-¿Qué pasó? -preguntó el castaño sin poder despegar la vista del menor.
-Es una historia muy larga…
-Tenemos tiempo.

“Claro, cuanto más larga sea mejor. Así podrás ver esa carita durante más tiempo. Eres un depravado como Tsuke.” habló la voz a lo que Nao procuró no contestar por no llegar a un malentendido con el afectado Nozomu.

-Bueno, verás. Esto me da mucha vergüenza… ¿Te vas a reir de mi?
-Depende. Si tu historia no me convence talvez sí. -Esa contestación hizo estragos en la confianza del rubio, pero tenía que hacerlo, tanto como si lo hacía como si no dejaría de hablarle.
-Espero que te resulte convincente -comenzó el chico -Hace unos años yo tenía un amigo. En realidad tenía muchos. Pero uno de ellos era mi mejor amigo, le conocía desde la infancia y habíamos crecido juntos. Pero…
-¿Te enamoraste de él?
-Sí… -respondió afirmando con la cabeza para dejarla luego oculta tras su flequillo. -No… No sé que me pasó… Ni sé por qué. Yo me lo prohibí a mi mismo, intentaba ignorarlo, pensar en que solo era una tontería y que se me pasaría con el tiempo.
-Pero no pasó…
-Y no solo eso. Cuando pasamos a tercer grado de secundaría él me contó que se iba a marchar a otra ciudad y para colmo en la otra parte del país. Aquellos días casi me da un ataque al corazón. Y pensando que no tenía nada que perder le dije que me gustaba. Pero sí tenía mucho que perder. -Nao se incorporó sobre sus codos par verle mejor ya más interesado por la historia del chico. -Se lo dije… pero se rió de mi… Y luego no volvió a hablarme hasta que se marchó y ya no he vuelto a saber nada…
-Bueno, así por lo menos no le aguanta.
-Ya si el problema no era ese. -continuó mientras una gruesa gota de agua resbalaba por su roja mejilla sin aguantar los empujes de sus compañeras. -Lo que de verdad me dolió fue cuando se lo contó a todo el mundo. Hasta la preparatoria he estado estudiando en un colegio masculino y después de eso todos mis compañeros me trataron como si les diese asco. Al principio evitaban hablarme, les oía murmurar cosas sobre mi cuando se creían que no les escuchaba. Pero si lo hacía, a mis oídos llegaban cada una de sus palabras y yo no contestaba… No decía nada porque me sentía como si yo tuviese la culpa de ello, como si de verdad me mereciese esos insultos.
-Entiendo. -susurró el castaño bajando algo la mirada intentando deshipnotizarse de Nozomu.
-Y ojala hubiese acabado hay. A lo mejor lo hubiera aguantado. -Nozomu empezaba a notar como su voz se iba quebrando como se quiebra el cristal. Si continuaba así estaba seguro de que no aguantaría sin llorar. -Un tiempo después, al cambiar de curso, llegaron unos tipos que querían dárselas de duros y la tomaron conmigo. Un día me robaron mi estuche y me lo pintorrojearon con un rotulador. Más tarde tiraron no de mis cuadernos por la ventana después de destrozarlo. Y yo, como un tonto, me inventé que lo había perdido solo por no decir lo que me ocurría.
-Debió de ser duro… -volvió a murmurar Nao acabando de sentarse al lado de Nozomu.
-Sí, y yo creía que cuando pasara al bachiller todo acabaría. Que tonto soy. Las cosas no mejoraron, más bien todo lo contrario. Un día… un día… -el rubio ya comenzaba a no controlar ese hipillo que siempre se escapaba de su garganta cuando recordaba cosas que le hacían entristecerse de ese modo. -Cuando fui al baño lo vi, alguien había hecho una pintada en los azulejos. Un dibujo… Un dibujo espantoso para burlarse de mi, escribieron mi nombre incluso mi teléfono móvil, diciendo… que si necesitaban desfogarse con alguien yo me acostaría con cualquiera.
-Pero, eso es muy cruel. -puntualizó Nao ya en tono comprensivo pasando el brazo por los hombros del delgado joven.
-Me quedé paralizado mirándolo, como el tonto que soy. No se ni cuanto tiempo lo miré como si no me lo creyera. ¿Y que hice? Solo pedí en conserjería un limpiador con la escusa de que tenía el pupitre sucio e intenté limpiarlo yo solo. Froté aquel estropajo durante la media hora que duraba el descanso y solo logré hacer desaparecer uno de los números. Las manos se me resecaron por culpa del limpiador y me arañe con el aluminio, y no lo logre. No logré que aquello se fuese. -contaba el rubio ya sin poder contener más su llanto curvándose completamente casi juntando frente con rodillas. -¡Todo el mundo se enteró! ¡Yo estuve muchos años soportándolo en silencio solo para que nadie más que los de la clase lo supiesen pero no me sirvió de nada!

Nozomu hipaba repetidas veces sin controlar en absoluto su ajetreada respiración. Su fino rostro se había teñido totalmente de un intenso rojo lleno de los distintos caminos que habían tomado sus lágrimas. Y aun así, aunque ya fuese inútil intentaba que parasen y para lo único que servía era para avivarlas más. No sabía como ocultarse, movía nerviosamente sus manitas de dedos azulados secándose las mejillas inútilmente puesto que en cuanto las retiraba volvían a empaparse. Se sentía ridículo, ridículo y culpable por todo ello. Seguro que a Nao también le resultaba patético que un chico llorase. Todos se burlaron de él cuando lo hizo inconcientemente en la clase siguiente de aquel descanso que pasó en el cuarto de baño limpiando. Nadie se puso de su parte, nadie se molestó en tenderle la mano para que se levantase del suelo cuando cayó de rodillas ante los insultos de sus compañeros. Ninguno movió un dedo por él. Odiaba su colegio, odiaba a sus compañeros y se odiaba a si mismo. Y ahora a Nao también le daría asco. Pero contra todos los pensamientos que surgían en la complicada cabecita rubia de Nozomu, este sintió como su amigo le rodeaba intentando consolarle. ¿Nao le abrazaba? ¿Es que no le daba “miedo” abrazar a alguien como él? ¿Alguien que acababa de confesar haberse enamorado de otro hombre?

-Nozomu… -susurró el castaño apretando al menor contra él. -Llora, llora todo lo que quieras. Necesitas llorar. Que no te de vergüenza. Nada de lo que te pasó fue culpa tuya.
-Yo… yo… no quería… intenté gustarles… hasta salí con una chica para ratificarlo… pero… ellos… por ellos yo… yo estoy aquí…
-No digas más. Nozomu, no tienes que excusarte. Tú no hiciste nada malo. Y ya no tendrás que aguantarlos más.

Ya de un modo descontrolado, el rubio se desahogaba usando el hombro de su amigo a modo de pañuelo. Sus deditos se engancharon como finos garfios a la polera azul marino de Nao. Y este lo único que hacía era repetirle que no había sido culpa suya. El castaño nunca se había imaginado que alguien tan alegre, dicharachero y nervioso podía haber tenido esas experiencias. En su mente la vida de Nozomu era muy despreocupada y siempre rodeado de mucha gente amable con él. Tan convencido estaba de ello que hasta le tenía envidia. Pero no era así, en el fondo no eran tan distintos el uno del otro como él creía. En el fondo el llanto de Nozomu le recordaba a los suyos propios cuando nadie le miraba. Esas eran las mismas lágrimas de soledad que él tanto soportó, igual que Nozomu. Como le hubiese gustado que alguien le abrazara en esos momentos, por eso él lo hacía. Le entendía, entendía que se sintiera como el culpable do todo ello aunque no fuese verdad. La gente era cruel por naturaleza, sobretodo con los que eran distintos como ellos dos. Y no se molestarían nunca en perder el tiempo escúchalos.

-Nao… -musitó el chico intentando enjuagarse las lagrimas -¿Entonces no te doy asco?
-Claro que no. -contestó el aludido algo sorprendido.
-¿Aunque una vez me gustó un chico?
-No. Eso no es malo. Si te digo la verdad no entiendo demasiado bien esos temas no comprendo lo que se siente, pero pienso que alguien no puede elegir quien le gusta, no puedes decir “no de ti no”. O así lo veo yo…
-¿Enserio? -volvió a preguntar ya más calmado despegándose de él pero aun con sus orbes verdes llenos de líquido.
-Sí, el problema es que esa persona que te guste no sea la adecuada, como en tu caso. Pero esas cosas no se controlan a voluntad. Debe de ser muy duro verte en una situación como la tuya.-siguió mientras retiraba el agua de la sien del pequeño con el envés de su mano.
-Ya veo. ¿Nao tú has estado alguna vez enamorado?
-No, nunca lo he estado de nadie y la verdad es que no creo que yo pueda estarlo nunca.
-¿No? Pues eres muy comprensivo… Muchas gracias por escucharme… ¿Sabes una cosa? eres a la única persona que le he contado esto porque yo he querido.
-No tienes que agradecérmelo.
-¿Entonces seguimos siendo amigos?
-Supongo que sí. Pero que conste que ahora estoy empapado por tu culpa.
-¡Genial! ¿Y me perdonas por que te llamase “tarado”?
-Pues no estoy muy seguro.
-¡¿Qué?!
-Bueno, vale no te enfades.

Nozomu no le contestó, solo le miró con una sonrisa y las lágrimas ya secas en las comisuras de los ojos. Él tampoco se había parado a pensar en lo amable que era Nao en el fondo. Siempre le había tomado como un chico borde y seco que estaba de mal humor casi de manera continua. Pero él también era tierno y amable, capaz de escuchar a alguien y de consolarlo. Dejarle llorar, abrazarlo e intentar comprenderlo. Necesitaba tanto decirle esa historia a alguien, alguien dispuesto a oírla sin burlarse. Tal vez como ambos pertenecían a minorías que solían ser objetivo de burla le entendiese mejor que nadie como era ese sentimiento. Aunque a primera vista el castaño llevase una coraza helada podía quitársela. Y gracias a él ahora se sentía aliviado como si se hubiera deshecho un gran peso de sus hombros. Ahora, tras tanto llorar se sentía alegre, lo que había empezado con una discusión había terminado siendo una de las mayores ayudas que había recibido en todo ese tiempo.

Puede que todavía a ambos les faltase mucho que conoces del otro, pero ese había sido un paso.

-¡Kia! -exclamó la chica morena entrando súbitamente en la habitación del chico con los ojos llenos de gotitas brillantes de emoción.
-¿Amai? -dijo Nao cuando ella se les abalanzó a los dos enganchándose de sus cuellos.
-Estoy tan contenta de que ya os hayáis perdonado. ¡Es estupendo!
-¿Has estado espiando? -preguntó el rubio algo avergonzado.
-Solo desde “Que conste que por tu culpa ahora estoy empapado.” Y ahora vámonos rápido que hay que recuperar el tiempo que habéis perdido insultándoos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

11. Palabras mal dichas.

Nozomu estaba sentado en una de las sillas que había junto a la cama del señor Yamato. Había decidido terminar de escuchar la historia que le contaba sobre como pasó la infancia en plena segunda Guerra Mundial. La verdad es que era interesante y a Nozomu le gustaba la gente interesante y con historias que contar. Al parecer, según le comentó una enfermera, el señor Yamato sufría de una enfermedad degenerativa. Alzheimer. Por lo que no recordaba las cosas recientes y en cambio lo que ya tenía más tiempo eran más nítidas.

El pabellón donde el señor Yamato residía no era el mismo que él conocía ya. En cierto modo eso a Nozomu le molestó. Era como si quisiesen aislarlos de los demás pacientes del hospital… como si fuesen nocivos o fuesen a contaminar al resto con sus locuras. Por un momento pensó en ello. Si él se sentía así no podía ni imaginar como se debían de encontrar los demás, normal que no les gustasen. Porque él, al fin de al cabo, no estaba enfermo. De ese pensamiento le llevó a otro… ¡Nao y Amai aun estarían esperándole! Pero que despistado era a veces. ¿Cómo se había podido olvidar de sus amigos? Seguro que Nao se iba a mosquear con él.

Se despidió del anciano no sin antes recordarle su nombre y asegurarle que volvería a verle para que le siguiese contando esas historias que le había narrado por el camino. Se movió apresurado por los jardines con cara alegre. Ya ni recordaba porque estaba disgustado antes de salir del pabellón. Solo un pequeño inconveniente surgió en sus planes… Sus amigos ya no estaban donde se despidieron. ¿Y ahora qué? Se habrían cansado de esperar, pero lo que quería era saber donde estaban ahora. Lo mejor sería volver a su residencia, tal vez habían ido a buscarlo. Correteó nervioso por aquellos laberínticos caminos rodeados de plantas hasta llegar a su destino.

Y estaba en lo cierto. Entró en su pequeño y sobrio cuarto. Allí estaban los dos de espaldas hablando en un susurro. Parecían tan inmersos en su conversación que ni siquiera se percataron de la llegada del rubio.

-¿Qué hacéis aquí chicos? ¿Habéis venido a buscarme? -cuestionó el chico de los ojos verdes acercándose a ellos.
-¡Ah! Nozomu ya has aparecido. -dijo Amai con cara alegre.
-Lo siento, es que me encontré a un anciano que se había perdido por los jardines y le ayudé a volver… -se excusó llevándose una mano al pelo.
-Sí, ya, seguro… -murmuró Nao con un tono que denotaba lo enfadado que estaba con el rubio.
-Perdona Nao, es que me distraje por el camino. -continuó Nozomu intentando disculparse por haberse olvidado totalmente de ellos.
-No es por eso.
-Nao… no te enfades con él. -pidió Amai para calmarlo.
-¿Pero has visto lo que ha hecho con las grullas que le han regalado sus compañeros de clase? -interrogó girándose hacia él señalando el escritorio lleno de cadáveres de papel.
-Pero Nao… -empezó Nozomu.
-¡Nada de “peros”!
-¡Nao, cálmate! -exclamó la chica.
-¡No quiero calmarme! ¡¿Si hace eso con un regalo de sus amigos, qué no hará con nosotros que le conocemos de dos días?!
-¡Nao!
-¡Déjalo, Amai! ¡¿No ves que un crió egoísta como este no se merece que te esfuerces?! -gritó muy enfadado con él. Eso a Nozomu realmente le dolió en su pequeño corazoncito.
-¡¿Y tú que sabrás?! ¡Tú mismo lo has dicho, no me conoces!
-¡Pero sí lo suficiente como para que sepa que eres un niñato mal criado y consentido que solo piensa en él!
-¡Nao, Nozomu, parad! -suplicó la morena sujetando al castaño.
-¡Pues si yo soy un niñato tú eres un loco tarado! ¡¿Qué te crees que no te he oído hablar solo?!
-¡Mira enano, primero súbete a una banqueta y repíteme eso a la cara! ¡Si seguro que tú has hecho eso porque alguno de tus compañeros también te lo dijo!
-¡Basta ya los dos! -chilló Amai con todas sus fuerzas. Provocando que el pasillo se llenase de curiosas que intentaban mirar que ocurría en el cuarto de su compañero de planta. Incluso apareció la doctora Tsubaki con cara furiosa dispuesta a pararles los pies a los chicos.
-¡¿Qué está pasando aquí?! -exclamó la mujer poniéndose entre los dos.
-Ya nada… -concluso Nao dando la espalda a Nozomu para dejar la habitación bastante enfadado.
-Espera Nao. -habló la chica siguiéndole por las escaleras.
-¿Y vosotras que hacéis todavía aquí? A la venga fuera, no hay nada que ver. -ordenó la psiquiatra echando a todas las pacientes del cuarto del rubio. -A ver ahora me vas a decir que es lo que ha pasado.
-Pues… es que unas compañeras me han traído unas grullas de papel, pero yo… Bueno estaba bastante enfadado con ellos y he roto algunas. -empezó a decir mientras se sentaba en el borde de la cama tapándose la carita con las manos. -Y nos sé por qué pero Nao las ha visto y se ha enfadado mucho.
-Y por eso os estabais gritando los tres como desquiciados.
-Sí, le he dicho cosas horribles. Le he llamado “loco tarado”. No debería haberlo hecho.
-Pues no. Pero es normal que se enfade contigo… Deberías entender que él te envidia por tener amigos que se preocupan por ti.
-Pero ya sabes cual es mi problema con mis compañeros de clase. -puntualizó mirándola con sus ojos humedos.
-Ya… yo ya lo sé. Pero Nao no.
-Pero no puedo decírselo. Me da vergüenza.
-¿No estabas tú hace unas semanas contentísimo por ser su amigo?
-Sí pero… ya no se que pensar.
-¿Te gustaría seguir siendo su amigo?
-Claro que sí.
-Pues ve y explícaselo.
-Es fácil de decir. Sin embargo me da miedo. ¿Y si ya no quiere saber nada más de mi nunca más?
-No lo sabrás si no lo pruebas. Nao es más compresivo de lo que muchas veces aparenta, te lo aseguro. Si no lo haces de todos modos no será tu amigo. Es muy cabezota. Pero haz lo que tú quieras. Yo me voy que tengo que atender a una chica que debe de estar esperando. -acabó cerrando la puerta tras de si.

Nozomu se quedó el solo. En silencio. Aquella sensación nunca le había gustado. Era como si estuviese desamparado, un sentimiento cuanto menos parecido al que tuvo en su primer día de confinamiento. No era fácil estar ahí encerrado, y mucho menos sin compañía. Pero Nao parecía realmente colérico con él. Era normal después de todo le que se habían dicho. No tenía que haber aludido a su enfermedad mental. El castaño no había mencionado para nada su mala alimentación. Pero no quería contarle su secreto, él no lo entendería. Seguro que pensaba que era una cosa de críos. Sin embargo era mejor arrepentirse de hacer algo que arrepentirse por no hacerlo.

“Cuantas veces te he dicho que eres estúpido. Solo consigues hacerte daño una y otra vez, como si te dieses golpes contra una pared intentando echarla abajo.” Le recriminó Noa al dueño de la cabeza que habitaba.

En la habitación con el número 202 Nao manchaba de nuevo su lienzo. Esta vez los colores elegidos para el extraño arte del esquizofrénico habían sido todos de la gama del rojo. Se movía mucho mas rápido y furiosamente que la noche en la que conoció a Nozomu. Cada una de sus brazadas era vigilada por la atenta mirada de la morena que parecía querer grabarlos. Pocas veces había tenido ocasión de ver a Nao así de enfadado puesto que este no era un chico que mostrase sus emociones abiertamente.

-Nao… -susurró intentando llamar su atención.

Pero el castaño estaba tan sumido en su oscuro mundo que parecía no escuchar nada a su alrededor. Si alguien hubiese visto en ese momento el aspecto desquiciado de Nao. Con su ceño fruncido, los ojos brillantes como si llevasen una capa de esmalte negro y sobretodo sus manos manchadas de rojo, podía pensar que acababa de cometer un asesinato brutal. Parecía murmurar maldiciones para si mismo, seguramente en alguna estresante conversación con la voz de Noa. Amai desvió la mirada de él al resto de dibujos esparcidos por todo el cuarto. Estaba segura de que Nao realmente consideraba a Nozomu su amigo. Si no nunca se habría enfurecido tanto con él porque simplemente lo hubiera dejado pasar. Pero no podía evitar preocuparse por él. Cuando el castaño se irritaba no había ser capaz en el mundo de controlarle, sobretodo ella que era no le alcanzaba en estatura ni en fuerza. No se quería ni imaginar lo que habría llegado a pasar en ese cuarto si no hubiese aparecido la doctora. Y pese a lo que pareciera en ese momento Nao no era una persona violenta, ni mucho menos, pero a veces no era capaz de contenerse.

Nao de pronto sin previo aviso se paró. La habitación se llenó de ese silencio incomodo que parece una aguja de coser clavándose en el cerebro de ambos. El chico giró la cabeza lentamente hacía la morena. Parecía haberse calmado de golpe como las tormentas de verano que se acaban de un momento a otro.

-Lo siento Amai… No quería asustarte. -habló con voz algo ronca, tal vez por haber gritado como un poseído en la habitación de Nozomu.
-No pasa nada… pero deberías hablar con Nono.
-¿Para qué?
-Pues para que los tres volvamos a llevarnos bien. -contestó ella en tono inocente.
-Déjalo, Amai. Ya no hay nada que hacer.
-No seas pensinista, hombre.
-Se dice “pesimista”.
-Pues lo que he dicho. Tendrías que explicarle lo que piensas…
-Ya lo hice.
-Pero sin gritar. Creas que no a la gente le molesta que le chillen sin saber ellos por qué. A lo mejor él a tenido su motivo igual que tu has tenido el tuyo para enfadarte. -la chica de ojos pardos se alejó unos pasos hasta la puerta sin quitarle la vista de encima. -Voy a recoger a Miss Teddy Margot, que la he dejado en el cuarto de Nono. Haced lo que queráis… Pero yo no quiero tener que turnarme para estar con mis amigos.

Amai dejó el cuarto y al oír el sonido de la puerta cerrándose tras de si Nao se dejó caer sobre el colchón provocando un sonoro estruendo. No había tenido un buen día desde luego, empezando por la pesadilla de aquella mañana. Tal vez seguía algo sensible por la medicación que le habían dado el día anterior. La cabeza le iba a estallar por culpa de las cargantes e innecesarias palabras de Noa.

-Estaba el señor don Gato, sentadito en su tejado, marrama miau miau miau… sentadito en su tejado. Ha recibido una carta… -comenzó a canturrear con un susurro amargo y triste mientras sus orbes negros se clavaban en el techo del cuarto como si pudiesen ver el cielo através de el cemento y el hormigón.

“No cantes esa canción, sabes que suena demasiado tétrica, deprimente y tonta.” comentó Noa. Pero Nao pareció ignorar totalmente porque seguía con su melodía casi inaudible. Del mismo modo no escucho el sonido de una manita golpeando la puerta para poder pasar.

-Nao… ¿Puedo pasar? -pidió el pequeño rubio asomando su cabeza por la puerta para ver si le estaba escuchando.
-Se ha roto siete costillas el espinazo y el rabo, marrama miau miau miau… el espinazo y el rabo.
-Nao… No quiero estar enfadado contigo… Y… bueno… yo quería… -se intentó explicar el chico sin atreverse a fijar en él sus brillantes ojos verdes. Era normal que le ignorara, pero tenía que intentarlo al menos.
-Ya lo llevan a enterrar…
-Yo quiero… que seas mi amigo… Y los amigos se cuentan las cosas que les pasan… Y… quería que me escucharas… pero da igual, si no lo haces lo entiendo. -murmuró con un deje triste cerrando de nuevo la puerta.
-Espera. -ordenó Nao sin despegar el cuerpo de las sábanas y con la vista al frente como si llevase puesto un collarín invisible. -Te escucho.